Cada Mundial, la misma historia, que según esto mejora mientras en realidad empeora. Previo al Mundial de Alemania 06 el entonces presidente de la FIFA Joseph Blatter avisó que habría castigos graves para los jugadores fauleros. Pero en cambio se inauguró lo que al respecto llamamos el blá-blá-Blatter porque nada de eso se cumplía en la cancha. No sabemos si en el fondo o en lo oscurito los árbitros tenían la consigna de “no echar a perder el espectáculo”. Hubo un promedio de sólo 0.4 tarjetas por partido. Sudáfrica 2010 mejoró para peor: 0.3 tarjetas por partido en un Mundial que recordaremos entre otras cosas por la patada de karate que el holandés De Jong le propinó al español Xavi Alonso en la final sin que le mostraran la tarjeta roja. Para Brasil 2014 siguió la mejoría de la empeoría: según esto fue un Mundial más limpio pues sólo hubo 0.2 tarjetas por partido. Absurdo, puesto que al menos consigné respecto a uno de esos partidos: el juego de Brasil contra Colombia fue de 54 fáules, 31 cometidos por los brasileños, 14 de ellos en el primer tiempo; y de los 15 primeros, 6 contra el talento colombiano James Rodríguez sin que el árbitro sacara una amarilla.

Si sigue la tendencia, en vista del faulerío de este Mundial Rusia 18 y ya en la época de Gianni Infantino como presidente de la FIFA, por lo visto mejorará el empeoramiento y quizá veamos un promedio aún más “limpio”  de 0. 1 tarjetas por partido, en un Mundial donde habremos visto lo increíble respecto a los jalones en el área, como en una nefanda vuelta al rugby contra el que aquellos ingleses inventaron en 1863 the beautiful game: el futbol. Esto ocurrió en el partido de Suiza contra Serbia: dos defensas suizos dentro del área le hacen al delantero serbio Mitrovic un penalty a dúo que no se marca. Lo inmovilizan con los brazos en una obra de arte del foul-play.

No se había visto nada igual desde la escultura (al parecer del siglo IV a. C.) que inspiró a G. E. Lessing su famoso libro, donde dos serpientes someten al sacerdote troyano Laocoonte y a sus dos hijos:

Hay otra célebre “toma” de Laocoonte. En la última versión que tengo de la Eneida, hecha en inglés por David Ferry (University of Chicago Press, 2017), los versos de Virgilio dicen: a Laocoonte, las serpientes

…lo agarran y lo abrazan por el medio con sus    
espirales gigantes,
y al tiempo lo atan doblemente por la cintura, y dos veces más
sus escamosos anillos se anillan en su garganta;
sus cabezas y cuellos destacan, vencedores;
él intenta deshacer los nudos con sus manos.

Gran periodista deportivo este Virgilio hace más de dos mil años; porque en la permisividad arbitral de los Mundiales ya llegó lo impensado, lo que faltaba y descrito por él: el doble fául-Laocoonte dentro del área.