La última vez que Perú asistió a un Mundial fue en 1982. En aquella ocasión se quedaron fuera en la primera ronda después de no conseguir ninguna victoria. Empataron en sus primeros dos partidos contra Camerún e Italia, y perdieron por goleada frente a Polonia. Treinta y seis años después clasificaron al Mundial de la mano del técnico argentino Ricardo Gareca, quien ha logrado hacer de una selección acostumbrada a los fracasos, un conjunto competitivo a nivel latinoamericano, con aspiraciones de trascender en Rusia 2018.

Sin embargo, a pesar de un funcionamiento atrevido y ofensivo, Perú perdió por la mínima contra Dinamarca en su debut mundialista.

Sobre esta nueva generación, las desilusiones históricas y el futbol moderno platicamos con el célebre escrito peruano Santiago Roncagliolo.


¿Qué ilusiones revivió está nueva generación de futbolistas?

Yo diría que no las revivió porque ya las habíamos olvidado. Toda mi generación sólo vio a Perú en el mundial del 82 donde Nigeria nos sacó de la primera fase. El que es un poco mayor lo vio en Argentina 78, donde acabó desembarcado con un 6-0 por el equipo local. Todos habíamos visto los partidos míticos de la selección peruana, pero todos esos partidos estaban en blanco y negro, así que verlos clasificar al mundial fue como descubrir el sexo, algo muy morboso que no sabías que existía.

Lamentablemente el debut de la selección peruana no fue el esperado, a pesar del buen funcionamiento del equipo, ¿qué sensaciones te dejó?

Creo que el equipo jugó muy bien contra Dinamarca, pero pagó el precio de que a fin de cuentas para la mayoría de ellos es su primer partido en la élite. En Dinamarca había jugadores del Tottenham, de ligas europeas importantes; nosotros tenemos jugadores que en el mejor de los casos juegan en el Flamengo de Brasil, en equipos mexicanos, en alguno ruso, pero ninguno está en las grandes ligas, muchísimo menos entre los grandes equipos del continente. Así que hubo mucho nerviosismo, tanto en el portero como obviamente en Cueva cuando falló el penal. Hubo una sensación de vértigo; vamos a ver si se resuelve ese nerviosismo porque creo que la selección tiene nivel.

¿Qué opinión tienes de el trabajo realizado por el entrenador Ricardo Gareca?

Yo creo que lo más importante que hizo Gareca fue devolverle al equipo la autoestima. Pase lo que pase en el mundial, este equipo va a llegar a un nivel al que no había llegado en 36 años, y ha sido capaz de creer en sí mismo.
Incluso en momentos muy difíciles como durante los meses de suspensión del caudillo, Paolo Guerrero, el equipo fue capaz de seguir creyendo. Todo eso no es solo un mérito técnico, sino psicológico que hay que aplaudirle a Gareca y a su equipo.

Hemos recordado en estos días que Javier Marías alguna vez escribió que el futbol es la recuperación semanal de la infancia y a veces tienen que pasar cuatro años para confirmarlo. ¿Cómo recuerdas tu relación con el futbol cuando eras niño?

Pésima, como una tragedia constante, como un horror. Últimamente escribo más de futbol pero, durante muchos años no quería saber nada del futbol peruano. No clasificábamos a nada y siempre era deprimente. Perú llegó a ser campeón de una Copa América, pero eso fue durante el año que nací; yo nunca vi una buena selección peruana.
Y además, mi equipo, que era el Alianza Lima, se estrelló en un avión cuando yo tenía 12 años. Para mi el futbol siempre fue, y creo que para toda mi generación, un sentimiento trágico, espantoso, deprimente. Yo decidí a esa edad, después de que se estrelló en el mar un avión con todo mi equipo, que ya no iba a sufrir más por ese tema. Mi vida era muy complicada, mi país era violento, mis padres se estaban divorciando, mi colegio era una pesadilla, ya había suficientes cosas malas para además interesarme por el futbol.
Me pasé muchas décadas siendo el peor hincha de la selección peruana que puede haber, el tipo que nadie quiere tener a su lado porque ya estaba convencido de que íbamos a perder y me ponía a hacer comentarios desagradables, como los que han hecho los mexicanos por mucho tiempo hasta que le ganaron a Alemania. El típico chiste ácido del que estás seguro de que vas a perder porque crees que así vas a sufrir menos, y es verdad que sufres menos, pero luego, cuando le gana  México a Alemania y Perú clasifica al mundial, el que creyó es el que más disfruta. El cinismo vacuna contra el dolor pero también te inmuniza contra la victoria.

¿Cómo cambió tu relación con el futbol?

En realidad empezó a cambiar en España, hace como 20 años. Me di cuenta que no podría identificarme con el Barcelona o el Real Madrid, o con otros equipos que siempre están ganando y que cuando quedan subcampeones de Champions echan al entrenador porque les parece patético y ellos no pueden soportar ese nivel de derrota.
Yo descubrí al Atlético de Madrid, que es un equipo luchador, sufridor, que pelea cada palmo de lo que consigue. No es como el Madrid o Barcelona, pero cuando lo consigue sientes que ha costado tanto que te hace muy feliz, y a diferencia de Perú, el Atlético de Madrid de vez en cuando gana. El equipo confirmó que el sentimiento hacia el futbol no sólo tenía que ser trágico, que ganar es muy bueno, solo que yo no sabía lo que era ganar, y es mucho mejor si sabes lo que es la derrota. Ganamos menos que el Barça pero somos más felices que ellos porque valoramos más el triunfo, ya que ellos pierden un partido a mitad de la liga y ya están sufriendo, y creen que todo se acabó y que ha sido el fin de una era y que nunca volverán a ser los mismos, y luego ganan la Liga por 14 puntos. El exceso de triunfo no necesariamente te hace más feliz.

Escribiste una novela titulada La pena máxima, la cual transcurre durante el Mundial del 78, y ahí se ve reflejado cómo se vivieron algunos momentos de la competencia en Perú y también en Argentina. 40 años después, ¿qué representa aquel mundial para la afición peruana?

Yo creo que lo que representa sobre todo es una etapa negra de la historia que preferimos olvidar. No fue un mal mundial si lo ves en retrospectiva, pero perder seis a cero contra Argentina fue muy decepcionante y es muy gracioso porque hay todo tipo de sospechas sobre conspiraciones de cómo la dictadura argentina compró a los peruanos o chantajeó, o pactó con la dictadura peruana para eliminarlos y llegar a la final.
No hay ninguna evidencia de que eso haya ocurrido; más bien se hicieron pequeñas trampas a lo largo del torneo, pero ninguna tan gruesa como para atribuirles haber arreglado el partido. Los peruanos tenemos una sospecha y nos aferramos a ella porque tenemos derecho a aferrarnos a esas sospechas todo lo que queramos, pero lo que hizo la dictadura argentina no fue en todo caso asegurarle el mundial a su equipo porque podían ganarlo, y posiblemente lo ganó sin necesidad de que la dictadura se metiera de por medio, así que lo que lo que hizo esa siniestra dictadura no fue regalarle el mundial, sino sembrar sospechas para siempre.

La semana pasada publicaste un artículo en el que nos cuentas cómo tu hijo nacido en Barcelona ha decidido apoyar a la selección de Perú, y en el artículo escribes: “vemos el futbol para saber de dónde somos”. ¿Cómo explicar este fenómeno, el futbol como forjador de identidades?

Bueno, yo creo que precisamente el futbol es el teatro de nuestra identidad porque es tan poco racional que es ilimitado. No hay un cuerpo doctrinal, ni siquiera un origen geográfico. Conozco peruanos y mexicanos que hablan de la Liga española como si fuese su liga porque es mejor que la suya, entonces son del Barça o son del Madrid, están al día de sus equipos y forjan una comunidad con esta gente que está al otro lado del océano.
Mi hijo, que ha pasado toda su vida en Cataluña, quiere que gane el mundial Perú y eso sí que tiene mérito porque teniendo la oportunidad de apoyar a España, querer que gane Perú es casi ofrecerte al martirio. También conozco catalanes que no quieren que gane España, que como no hay una selección catalana por razones políticas, lo que más le gustaría es que pierdan. Y en suma lo que hace el futbol es crear comunidades, todos los que queremos algo tan simple, como que ganen unos colores, sentir que todos tenemos algo en común, sentir que todas esas personas con este único requerimiento, sin necesidad de documentación, pasaporte, requisitos de antecedentes penales o médicos, podemos estar juntos y formar parte de lo mismo es fascinante. Ningún otro deporte lo consigue igual.

El mundial es una competencia que se juega en una sede elegida por la FIFA, pero realmente se vive en todos los países del mundo. ¿Qué representa el fenómeno del Mundial hoy en día? ¿Cómo lo percibes?

Yo creo que en este momento el Mundial de futbol es el espectáculo más grande del mundo. Cuando vamos al cine nos identificamos con los personajes que hay en la pantalla. Queremos ser como Bruce Willis o enamorarnos de, yo qué sé, Julia Roberts. Con el futbol nos identificamos también con los personajes que están ahí en la cancha, tanto que decimos que ganamos el partido, lo decimos como una hazaña, cuando hemos estado con una cerveza enfrente del televisor, y vamos por ahí diciendo que ganamos, con una impertinencia total porque creemos que cuando ganan ellos, ganamos nosotros, y se celebra en estadios donde caben 90 mil personas, las cuales forman parte del espectáculo, están integradas completamente con lo que pasa en la cancha y millones de personas a través de las imágenes y las transmisiones están integradas también. No hay ningún espectáculo que una tanto a este planeta como el Mundial.

¿Qué opinas de la implementación del VAR?

Yo creo que el VAR es lo más absurdo que se podía hacer con el futbol porque al final hay otro señor viendo las imágenes que tiene tantas posibilidades de equivocarse como el árbitro que está en la cancha. Entiendo que pueda significar algo tan objetivo como saber lo que ya había. Saber si pasa la pelota toda la línea de la portería, eso es una cuestión de medidas que se pueden dar con censores, pero si una mano se realizó con intención, o sin intención, si una entrada fue penal o no fue penal, está sujeto a interpretaciones variables, incluso entre las mismas personas que vemos la misma jugada, como demuestran todas las discusiones para interpretar las jugadas entre los hinchas de un equipo y los hinchas de otro equipo, ante una jugada polémica, una falta, un penal, una mano.

Así que ahora tienes al árbitro y además al VAR, lo cual no creo que reduzca la posibilidad de errores. Creo que duplica la posibilidad de errores y polémicas, y ya está ocurriendo. Seguimos discutiendo si aceptó el VAR o si aceptó el árbitro y ahora todos tenemos de quién agarrarnos porque si el árbitro y el VAR no piensan lo mismo, todos escogemos el partido que nos conviene. Es sólo una manera de enredar y complicar más las decisiones porque no somos capaz de decir, que a veces, la verdad es interpretable y eso pasa en el futbol, pasa en la política y pasa en todas partes.

Después de Perú, ¿quién te gusta para campeón?

Obviamente le tengo cariño a España, donde vivo hace 20 años, y después le tengo cariño a México, donde viví mi infancia, así que cualquiera de esos equipos me haría muy feliz en caso de que se llevara la Copa. Si no fueran esos, me gustaría cualquier selección inesperada. Creo que siempre sientes que el mundo es un poquito mejor cuando ganan los pequeños.

 

Miguel Lapuente y Gerardo Villarreal