El 30 de marzo dieron inicio las campañas a la presidencia de México. Para el 2 de abril, el modelo de Oraculus, el agregador de encuestas más serio a nuestro juicio, situaba en el primer lugar de la contienda a Andrés Manuel López Obrador con al menos siete puntos de ventaja respecto a su desafiante, en tanto que Ricardo Anaya y José Antonio Meade se disputaban ésta posición con ventaja del primero sobre el segundo.

Es natural que los punteros y sus seguidores en cualquier momento de una campaña, ofrezcan un escenario de victoria segura. Incluso, también tiene mucha lógica, que quien parece ir en segundo sitio, de por sentado que está en la posición desde la cual desafiará al líder en las preferencias, pero si al pasado electoral nos atenemos, las campañas van a cerrar la distancia entre el primero y el segundo lugar, y el segundo lugar mismo podría modificarse.

Apenas iniciadas las campañas, parecería que la contienda está definida o que acaso la incertidumbre sólo persiste respecto al que ocupará el segundo sitio. Sin embargo, además de que podríamos enlistar elecciones en distintas partes del mundo en las cuales, en semanas se alteran drásticamente las preferencias del electorado. En México mismo, en las tres experiencias de elecciones presidenciales competidas de este siglo, variaciones significativas entre estimaciones prelectorales obtenidas en marzo mediante encuestas y los resultados finales del primer domingo de julio, han sido la norma.

La experiencia del pasado

En la medición de preferencias efectivas del periódico Reforma de marzo de 2000, Francisco Labastida, entonces candidato del todavía gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), aventajaba en ocho puntos porcentuales a su más cercano rival, Vicente Fox, quien a la postre ganó. En esa contienda, Cuauhtémoc Cárdenas comenzó y terminó en tercer sitio aunque pudo sumar tres puntos porcentuales en campaña.

También en marzo, pero de 2006, Andrés Manuel López Obrador superaba por diez puntos porcentuales a Felipe Calderón, el candidato del Partido Acción Nacional (PAN), quien de la misma forma que Fox en la contienda presidencial anterior, terminó ganando; Madrazo, el candidato presidencial del PRI, se mantuvo estable en el tercer sitio, pero en marzo contaba con 25 por ciento de intenciones de voto y terminó con 23 por ciento de la votación efectiva.

En 2012, una vez más de acuerdo a cifras de marzo de preferencias efectivas de Reforma, el candidato del PRIPeña Nieto tenía una ventaja de trece puntos porcentuales sobre Josefina Vázquez Mota que ocupaba el segundo lugar. En esta elección, Peña Nieto quien lideraba la contienda en marzo, ganó en julio, pero Andres Manuel López Obrador que figuraba en tercer sitio en marzo, detrás de los candidatos del PRI y del PAN, concluyó la campaña no sólo rebasando al PAN sino acercándose de manera más que testimonial al PRI (cuadro 1). El voto por López Obrador se incrementó en 10 puntos porcentuales, mientras que por Peña Nieto disminuyó en siete.

Para la elección del 2018, a realizarse en julio de este año, el puntero López Obrador actualmente aventaja por 18 puntos porcentuales en la encuesta de El Financiero1 aventaja con una cifra inédita a  su más cercano rival, que junto al virtual empate en el segundo lugar y la presencia de una cuarta candidata con cerca de diez por ciento de intenciones de voto, podrían configurar una posible excepcionalidad de los resultados en esta ocasión.

Cuadro 1

Encuestas y resultados en elecciones presidenciales en México, 2000-2012

 

 

PRI

 

PAN

 

PRD
Morena

 

Otros

2000

 

 

 

 

Reforma

47

39

13

1

Resultados

37

43

17

3

Diferencia

-10

+4

+4

+2

2006

 

 

 

 

Reforma

25

31

41

3

Resultados

23

37

36

4

Diferencia

-2

+6

-5

+2

2012

 

 

 

 

Reforma

45

32

22

2

Resultados

38

26

32

2

Diferencia

-7

-6

+10

=

2018

 

 

 

 

El Financiero

24

23

42

9

Oraculus

22

27

40

6

Elaboración propia; en rojo, ganador. Porcentajes.
Fuentes: encuestas 2000-2012 y resultados 2000-2006, Reforma (2012); resultados 2012, INE; encuesta 2018, El Financiero (2018) y Oraculus (2018)

De las estimaciones de Reforma en marzo al resultado electoral de julio, los punteros perdieron 10 puntos porcentuales en 2000, cinco puntos en 2006 y siete en 2012. El promedio de tres elecciones presidenciales ha sido que el puntero pierde siete puntos porcentuales, pero tal vez, dada la naturaleza muestral de la estimación pre-electoral, más indicativo que la magnitud de la cifra sea el hecho de que el líder al empezar las campañas, resta y no suma apoyos durante éstas. Por su parte, los desafiantes que a la postre ganaron, es decir, el PAN en 2000 y 2006 agregaron durante las campañas cuatro y seis puntos porcentuales a sus preferencias. Y el tercer sitio de marzo de 2012 que remontó al segundo en julio del mismo año, el PRD, sumó diez puntos.

Este repaso nos muestra, por un lado, que quienes han ido a la cabeza en marzo de 2000, 2006 y 2012, han perdido intenciones de voto durante la campaña; además en dos de las tres experiencias pasadas, quien iba adelante, Labastida en 2000 y López Obrador en 2006, terminaron perdiendo. En cuanto a la disputa por ser el desafiante, es decir, el segundo lugar que busca el voto útil en contra del primero, en dos de las tres ocasiones previas, quien en marzo logró esta posición, la capitalizó ganando, en tanto que en una ocasión, es decir en 2012, el segundo lugar en marzo pasó al tercero en julio. En tres de tres procesos, el segundo lugar no ha conservado su posición. En suma, en las tres experiencias electorales en este siglo, entre los meses de marzo y julio hubo cambios importantes en las preferencias electorales de los mexicanos.

Las campañas importan… ¡y mucho!

Con base en  los datos presentados arriba sobre los resultados de las últimas tres experiencias en el país, podemos razonablemente afirmar que las campañas electorales en México tienen un impacto significativo sobre los resultados finales de la competencia. Esto no significa que en la lid electoral de este 2018 debamos necesariamente esperar que para el mes de julio tengamos un puntero diferente al que lidera en este momento. De hecho, en esta ocasión un cambio de puntero se antoja particularmente difícil. Sin embargo, una extrapolación de la media de cambios entre competidores en las tres elecciones presidenciales de este siglo, ilustra la incertidumbre del proceso.

Si el segundo lugar en este momento conforme a la estimación de Oraculus, Ricardo Anaya, lograse el promedio de incremento en preferencias de los segundos lugares en 2000 y 2006, es decir, seis puntos porcentuales, pasaría de 27 por ciento de preferencias a 33 por ciento de votos el día de la elección. Por su parte, si a López Obrador le restamos el promedio de pérdida de preferencias del puntero en las tres elecciones pasadas, es decir, siete puntos, pasaría de 40 por ciento de intenciones a 33 por ciento de votos. Imposible determinar quién ganaría. Si hacemos estas mismas operaciones con los datos de El Financiero, López Obrador conserva su lugar y José Antonio Meade, en segundo sitio, estaría a cinco puntos porcentuales del ganador.

Dados los fuertes cambios en los resultados durante las campañas que hemos visto en el pasado cercano es necesario considerar los factores que explican el impacto que tienen las campañas electorales en tales resultados.

El primer factor que debe ser considerado es que la mayor parte del electorado mexicano comparte una tendencia que caracteriza a los votantes de muchas otras democracias, esto es, la disminución de la influencia de los partidos en la vida diaria de los ciudadanos, lo cual conlleva una decreciente lealtad partidaria.

El voto “duro” disminuye y los votantes muestran una mayor “volatilidad” o abstencionismo en su comportamiento electoral. Un porcentaje decreciente de electores se definen como miembros de, o identificados con, partidos específicos y más y más de ellos se auto- definen como “independientes”. Un gran número de electores se precian de sopesar su voto de acuerdo a los candidatos en competencia, e incluso reparten sus votos entre los diferentes partidos y candidaturas en elecciones concurrentes o ejercen distintas modalidades del “voto útil”.

Para comprobar la vigencia de este diagnóstico, podemos observar la evolución de los niveles aproximados de identificación partidista promedio mostrados por los ciudadanos mexicanos desde el período 2003-2006 hasta el período 2015-2017 (cuadro 2).

Cuadro 2

Evolución de la identificación partidista, México 2000-2015

 

Identificados

Independientes

2000-2006

80

20

2007-2010

70

30

2011-2014

65

35

2015-2017

60

40

Elaboración propia. Porcentajes
Fuente: serie histórica de Parametría

Estos promedios mult-anuales que muestran el debilitamiento a través de los años  de la identificación partidista en México, no reflejan las enormes fluctuaciones de los niveles mensuales captados por las encuestas. Estas fluctuaciones frecuentes parecen confirmar la debilidad de los lazos partidistas manifestados por los encuestados.

Un fenómeno asociado a la debilidad de las lealtades partidistas, y que confirma la importancia de las campañas electorales es el crecimiento constante del número de votantes entrevistados en encuestas de salida, que declaran haber decidido su voto durante la campaña misma y la disminución a través de los años de aquellos que declaran haber votado siempre por el mismo partido. Existe además un porcentaje considerable de electores que manifiesta haber decidido su voto frente a la urna el día de la elección (gráfica 1)

Gráfica 1

En qué momento definió su voto…

Elaboración propia. Porcentajes
Fuente: serie histórica de Parametría

Un factor adicional que debe ser considerado es el impacto que en los diferenciales en las tasas de participación electoral de los simpatizantes de cada candidato pueden tener las campañas. Este impacto depende de múltiples componentes de la actividad de los partidos y los candidato(a)s. En primer lugar, los partidos exhiben diferentes capacidades logísticas para movilizar las actividades proselitistas de sus afiliados y promover el voto el día de la elección. Segundo, la calidad mercadotécnica de los mensajes y spots de los partidos pueden diferir en la dirección y potencia de su impacto sobre los votantes. En este sentido la utilización de mensajes negativos o denostativos puede surtir efectos (positivos o negativos) particularmente importantes sobre el candidato denostado o sobre el emisor de ese tipo de mensajes.

Resulta imperativo considerar también el efecto de los debates entre los candidatos (o sus representantes) durante la campaña. El desempeño de los participantes puede llegar a ser definitorio de los resultados de la elección.

Considerando todo lo aquí apuntado y reconociendo que en este momento  hay un claro favorito en la contienda presidencial, al que le favorece además la disputa que no termina de resolverse por el segundo sitio y un cuarto candidato independiente, no descartamos que como efecto de la campaña electoral que acaba de iniciar, seamos testigos del crecimiento de la incertidumbre y al final de la misma,  presenciemos un resultado muy cerrado.

 

Nicolás Loza y Benjamín Temkin
Profesores e investigadores de FLACSO México.


1 Elegimos comparar las encuestas pasadas de Reforma con la de El Financiero de 2018 porque en este periódico, el responsable de los estudios de opinión es Alejandro Moreno, quien en el pasado fue el responsable de estos estudios en Reforma. El Financiero 2018, 22 de marzo (consultadoas el 23 de marzo).

 

3 comentarios en “Elección presidencial: ¿33% -33% o este arroz ya se coció?

  1. YO CREO, QUE ESTA VEZ SE EQUIVOCAN UTILIZANDO EL MODELO DE “ORACULUS” EN CUANTO, HA LOS DIFERENTES MUESTREOS Y ENCUESTAS REALIZADAS, NO COMPARTO LA IDEA DE QUE PODRIA SER UNA CONTIENDA CERRADA ENTRE EL 1° Y EL 2° LUGAR. EN REALIDAD, ESTA VEZ LOS DATOS DUROS Y LA INTENCIÓN DEL VOTO SE HAN DEFINIDO DESDE EL INICIO DE LA PRECAMPAÑA HASTA LA FECHA ACTUAL DE LA CAMPAÑA. EN ESTE CONTEXTO, CONSIDERO QUE HOY AMLO EL CANDIDATO PUNTERO TIENE EL TRIUNFO DEFINIDO PARA GANAR LA PRESIDENCIA DE LA REPUBLICA. INCLUSO, SEGÚN MI ANALISIS EL TRIUNFO SERA AVASALLADOR CON CARRO COMPLETO EN LA CAMARA BAJA Y ALTA. TAMBIEN, SE REFLEJA EN LAS PREFERENCIAS DE LAS NUEVE GOBERNATURAS QUE ESTAN EN DISPUTA. COMO PARTE, DE MI ANALISIS REAL TIENE QUE VER CON UN ELECTORADO CANSADO Y MOLESTO, DE TANTA CORRUPCIÓN,IMPUNIDAD, INSEGURIDAD, SAQUEO A LA NACIÓN, COMO EL HARTAZGO. LA CIUDADANIA ESTA VEZ YA DESPERTO Y DESEAN UN CAMBIO VERDADERO. POR LO TANTO, YA ESTA DEFINIDO EL ELECTORADO Y VOTARAN POR AMLO. INDUDABLEMENTE, CON EL POCO TIEMPO QUE QUEDA DE CAMPAÑA AMLO SUBIRA MUCHO MÁS Y LA DISPUTA DEL PRIMERO Y EL SEGUNDO SITIO SE ESTANCARA PORQUE NO PODRAN SUBIR. ¿PORQUE RAZONES? SIMPLEMENTE, PORQUE AMLO CRECE MÁS EN LAS PREFERENCIAS OSEA, EN TEORIA ES EL CANDIDATO DEL CAMBIO VERDADERO. Y MADE, ANAYA, SON MAS DE LO MISMO INCLUSO, SIN PROYECTO DE NACIÓN NI MUCHO MENOS, PROPUESTAS QUE TENGAN QUE VER CON UN CAMBIO DE REGIMEN. EN SINTESIS, ESTE ES OTRO FACTOR QUE NO VENEFICIA AL PRIAN.

  2. ALGUNAS CONSIDERACIONES de 2018
    1.- Las condiciones demográficas y socioelectorales de 2018 son muy diferentes a las de 2000, 2006 y 2012. Ya el PAN y el PRI fueron “probados” y parece que decepcionaron a las actuales mayorías.
    2.- Existe un hartazgo hacia el sistema de partidos que parece no están capitalizando los “independientes”, pero si lo está capitalizando AMLO.
    3.- Tanto el “voto útil” de Meade como el de Anaya está más propenso a transferirse a AMLO, que entre ellos Meade-Anaya o Anaya-Meade.
    Posible resultado: Triunfo de AMLO por al menos 5%.
    Gracias por el buen artículo y generar reflexiones.
    Saludos

  3. Muy demostrativo pero no lo comparto del todo habemos.muchos que aunque desencantados de la clase politca no vemos.solucion alguna.con amlo al reves vemos.un gran retroceso en lo avanzado que aunque insuficiente es avance y las otras opciones el 80 porciento queremos un cambio asi que a mi parecer esto se decidira entre anaya y amlo los que no queremos a amlo terminaremos botando dn bloque por anaya