En el registro de Suetonio de la muerte de Julio César, el gobernante muere sólo con un gemido, subrayando la naturaleza sorpresiva del ataque. Sus últimas famosas palabras —Kai su, teknon (“Tú también, mi muchacho”)— pudieron ser un invento de los detractores de Bruto, que echaron a andar el rumor de que Bruto era el hijo ilegítimo de César, y que entonces resultaba tanto un parricida como el asesino del padre de la patria. (No hay evidencia histórica de esto. La madre de Bruto tuvo un affair con César, pero ocurrió cuando Bruto era ya adulto.) En realidad las últimas palabras de César conllevan un significado distinto al de la tristeza lastimera de la traducción literal, o al del “¿Et tu Brute?” en el Julio César de Shakespeare. Kai su, teknon es la primera mitad de un proverbio griego que sugería que Bruto recibiría su merecido: “También tú, mi muchachito, tendrás una probadita de mi poder”. Era menos un lamento que una maldición. La más reciente biógrafa de Marco Bruto en inglés pone algo que en el español de México sonaría así: “¡Que con tu pan te lo comas, escuincle!”. Otro erudito lo glosó hace unos años de este modo: “¡Nos vemos en el infierno, ojete!”.

 

Fuente: Harper’s, enero, 2018.