Hace años la Fundación Getty decidió invertir en una gran muestra de arte latinoamericano. El resultado fue que, bajo el desafortunado e incomprensible título LA/LA Pacific Standard Time, desde mitades de septiembre del año pasado hasta finales de este enero, 70 museos y 70 galerías de distintas ciudades de California mostraron obras hispanas de todo el continente. La muestra, que incluyó a más de mil artistas de 45 países y abarcó desde lo prehispánico hasta lo más contemporáneo, fue probablemente la exposición más importante de arte hispano de la historia.

Que la inauguración de este enorme proyecto que lleva cinco años gestándose sucediera al tiempo en que la ultraderecha norteamericana hace lo imposible para esfumar a los inmigrantes de su país es pura coincidencia. Y sin embargo, es inevitable sorprenderse del contraste. En Estados Unidos se vive una época en la que la xenofobia, especialmente hacia los mexicanos, está a flor de piel. En cambio, el Getty, los museos, los curadores y el copioso público que visitó la muestra atestiguan la enorme importancia del arte latinoamericano, especialmente el mexicano, y la enorme influencia que este ha tenido en el arte yanqui.

Imposible reseñar esta muestra de tan enorme magnitud. Lo que sí vale la pena es mencionar algunos de sus momentos más brillantes para darse cuenta de su relevancia, profundidad y esplendor. Hecho fundamental para lograr recordar la importancia universal de nuestro arte fuera y dentro de nuestro país y para rectificar con hechos el enorme valor de lo mexicano en Estados Unidos.

Algunos ejemplos.

En la Fundación Getty, bajo el título Golden Kingdom, se mostraron 300 objetos prehispánicos de lujo de 1000 AC hasta la Conquista. Estas obras de oro, plata, plumas, malaquita, jadeíta, jade, conchas, barro y papiro representan el esplendor de la vida de la clase alta olmeca, azteca, maya e inca. Y elucidan también el enorme aprecio universal que estos objetos tienen al delinear su trayecto alrededor del planeta.

Por ejemplo, de los 90 ejemplares de México, el magnífico códice Zouche- Nuttall relata 500 años de la historia de los centros más importantes de la región mixteca y traza la genealogía, los matrimonios y las hazañas políticas y militares de 8 Venado "Garra de Jaguar”, el  gobernante mixteca más célebre, único que logró reunir a los tres reinos mixtecas.

Los conquistadores se hicieron cargo de destruir la mayoría de los códices. Sin embargo, este terminó en Europa. Se especula, que cuando Cortés le escribió a Carlos V que le mandaba dos libros, uno de ellos era el Zouche- Nuttall. No se supo de este códice durante mucho tiempo. Nadie sabe cómo más tarde llegó a Italia. El códice reapareció misteriosamente en el monasterio de San Marco en Florencia en 1859. En los 1870, Sir Robert Curzon, el décimo cuarto barón Zouche lo recibió como regalo y tras su muerte, en 1912, su familia lo donó al British Museum donde se encuentra ahora resguardado.

Otro hallazgo. En Scripps College, se presentaron las obras de tres fotógrafas mexicanas de distintas épocas, Graciela Iturbide, Tatiana Parcero y Sara Castrejón. Sus imágenes son una visión mágica y mística de lo que es México. Las obras excelsas de Iturbide y Parcero son bien conocidas. En cambio, de la obra de Sara Castrejón poco se sabe.

En 2010, Samuel Villela realizó en México una investigación acerca de su obra. Desafortunadamente, casi pasó desapercibida. Scripps dio una nueva oportunidad para apreciar su relevancia.

Resulta que Castrejón es una de las primeras fotoperiodistas de guerra. En su caso, retratista de la Revolución Mexicana. Tras haber estudiado fotografía en la Ciudad de México, Castrejón volvió a Teloloapan, su pueblo natal. Y cuando la lucha tocó en su puerta, en lugar de irse a un terreno más seguro como muchos lo hicieron, ella se quedó para capturar con el lente su desarrollo. Como por allí pasaban maderistas, salgadistas, carrancistas, figueroistas, huertistas y constitucionalistas, Castrejón los retrató a todos.

Por eso, sus fotografías de esa época que incluyen sucesos cruciales como la toma de la Plaza de Teloloapan por el ejército maderista-salgadista el 26 de abril de 1911, la Guerra entre maderistas y salgadistas, la rebelión agraria de los salgadistas, la lucha de salgadistas y figueroistas contra Huerta y finalmente, el triunfo constitucionalista, describen cómo fue la revolución en un terruño de la provincia. Al enfocarse en su pueblo, Castrejón añade a la descripción de uno de los capítulos más trascendentales de la historia nacional enriqueciéndola. Y esta hazaña coloca a Castrejón en la historia universal del fotoperiodismo.

Otro hallazgo. A alguien del Getty se le ocurrió que no se podía celebrar lo hispano sin incluir Prometeo, el primer mural realizado en Estados Unidos. El fresco fue pintado por José Clemente Orozco en 1930 en Frary Hall, un comedor de la Universidad Pomona. En él, Orozco recrea el relato de la mitología griega en el que el personaje desafía a los dioses robándoles el fuego para dárselo a la humanidad. Los dioses representan la religión, la fe ciega. El fuego es luz, iluminación, conocimiento. La acción de Prometeo simboliza el repudiar la fe ciega y acoger el conocimiento. Un tema perfecto para una institución educativa.

La recepción al mural fue ambivalente, a veces acogido, a veces rechazado y a veces ignorado. Sin embargo, su presencia ha tenido un impacto algo inesperado pero que, cumpliendo el cometido del artista de despertar la consciencia social a través de su obra, hubiera más que complacido a Orozco.

En 1957, cuando se permitió que las estudiantes mujeres cenaran los viernes en Frary Hall, algunos estudiantes hombres protestaron argumentando que era inapropiado que ellas comieran bajo la figura desnuda de Prometeo y que además, su lugar era el hogar. En contraprotesta las mujeres se presentaron en el salón con pancartas que proclamaban: “Prometeo para presidente”, es decir, que gane la razón y no la fe ciega en modelos retrógradas. Cuando en 1961 y más tarde en 1969 se amplió el acceso de las mujeres al comedor y luego a los dormitorios, se reanudaron los enfrentamientos entre los sexos.

Sin duda, el espíritu de protesta que despertó Prometeo dejó huella. Desde que apareció el mural, Pomona ha tenido una larga historia de confrontación entre lo imperante y la lucha por la igualdad primero de género y, más tarde, de raza y clase.

Para resucitar el espíritu rebelde que inspiró el Prometeo de Orozco y con motivo de LA/LA Pacific, Pomona invitó a cuatro artistas mexicanas para producir obras que, de alguna manera, hicieran referencia al mural.

De ellas, sobresalen las obras de Adela Goldbard. Partiendo de la idea expresada en el mural de que el fuego simboliza destrucción y creación, Goldbard recrea imágenes de ataques de narcos, rebeliones civiles, “accidentes” que involucran a nuestro gobierno y más.


Adla Goldbard – Lobo

Siguiendo la tradición de las Quemas de Judas, construye vehículos de cartón, periódico, carrizo y acero tamaño natural y luego, les prende fuego. Acto seguido, fotografía o filma su incendio y explosión.

La imagen duradera del acto efímero que produce el fuego es siempre bella y asombrosa. Pero también es estremecedora al traer a la memoria los acontecimientos trágicos que la inspiraron. A lo que se añade que, como la representación de Goldbard es un montaje que imita la realidad, pero es ficticia, hace pensar en cómo los medios distorsionan los hechos. De esta manera, la denuncia en la obra de Goldbard brillantemente retoma la idea de la época de oro del arte mexicano que busca despertar la consciencia social.

Se termina el espacio de este texto. Solamente menciono algunos ejemplos más. Los dibujos magníficos de Martín Ramírez, el mejor ejemplo plástico temprano que captura la experiencia del inmigrante mexicano a Estados Unidos al conjugar íconos de la cultura popular mexicana y norteamericana. La exposición que difundió cómo la escritora judía mexamericana Anita Brenner fue crucial en la promoción del arte en este país, la cultura y la historia postrevolucionaria de México. La reseña del fotoperiodismo del periódico La Raza que atestigua el movimiento chicano y hace recordar el movimiento estudiantil de 68 en México y la actual resistencia de los dreamers. La video instalación de Yoshua Okón que explora la frontera en el contexto del imperialismo yanqui en Latinoamérica. Me falta mencionar miles de ejemplos de la muestra que hicieron relucir la importancia de nuestro arte y que rectificaron con hechos el enorme valor de lo mexicano en Estados Unidos.

Por último, vale mencionar que muchas de estas exposiciones le darán la vuelta al mundo y que varias de ellas llegarán a México.

 

Fey Berman 
Crítica de danza, cine y música en Nueva York. Es autora de Mexamérica. Una cultura naciendo.