Un mercader tenía un pájaro en una jaula. Como viajaba a la India, que era la tierra de donde provenía el pájaro, le preguntó si había algo que le pudiese traer de allá. El pájaro quería su libertad pero como el mercader se la negó, le pidió que visitara la jungla y que anunciase a los pájaros libres que él estaba cautivo.

El mercader así lo hizo y en cuanto terminó de hablar un pájaro silvestre idéntico al que tenía cayó desde un árbol, sin sentido. El mercader pensó que debía ser un pariente de su propio pájaro y se entristeció al pensar que él había sido la causa de su muerte. Cuando regresó a su hogar, el pájaro le preguntó si traía buenas noticias de la India.
“No”, dijo el mercader, “temo que mis noticias son malas. Uno de tus parientes cayó muerto a mis pies tan pronto anuncié tu cautiverio”.

En cuanto oyó estas palabras, el pájaro del mercader se desplomó como muerto.

“La noticia de la muerte de su pariente lo ha matado”, pensó el mercader.

Con mucha pena recogió al pájaro y lo puso sobre el alféizar de la ventana. De inmediato el pájaro revivió y voló a un árbol cercano.

“Ahora ya sabes”, dijo, “que lo que considerabas una desgracia en realidad eran para mí buenas noticias. Y de qué manera el mensaje, que sugería la forma de actuar para librarme, me fue transmitido por tu intermedio, mi captor”.

Y se alejó volando, libre al fin. [Escrito por Rumi (persa; 1207-1273)].

 

Fuente: Idries Shah, El camino del sufí (traducción de A. H. D. Halka), Editorial Paidós, Buenos Aires, 1978.