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La Convención Americana para la Protección de Derechos Humanos expresa en su artículo 4: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción…”.

En vista de que desde casi la aprobación de la Convención Americana cada persona, agrupación, tribunal o legislador e incluso la doctrina han invocado este precepto y le han dado al término “concepción” el sentido que más se aviene a sus intereses o creencias, la Corte Interamericana de Derechos Humanos aprovechó el caso Artavia Murillo vs. Costa Rica —noviembre de 2012— para darse a la tarea de proporcionar una interpretación oficial del término con la finalidad de poner fin a la gran confusión e incertidumbre existentes.

El tribunal observó que en el contexto científico actual se destacan dos lecturas diferentes del término “concepción”. Una corriente lo interpreta como el momento de encuentro entre el óvulo y el espermatozoide, durante el cual se genera una nueva célula, el cigoto, considerado a partir de ese momento un organismo humano completo que alberga las instrucciones necesarias en su ADN para su posterior desarrollo. La otra entiende a la “concepción” como el momento de implantación del óvulo fecundado en el útero materno, momento en que el cigoto se conecta con el sistema circulatorio materno y accede a todas las hormonas y demás elementos necesarios para su desarrollo.


Ilustración: David e Izak Peón

Con el fin de aclarar conceptos la Corte analizó definiciones de la RAE: “concepción: acción y efecto de concebir” y “concebir” como “quedar preñada la hembra”, de manera que la “concepción” o gestación es un evento de la mujer, no del embrión y la preñez comienza con la implantación del embrión en el cuerpo femenino. En cambio, una acción distinta es “fecundar”: la unión del elemento reproductor masculino con el femenino para dar origen a un nuevo ser.

Además de las definiciones, las contrastadas opiniones muestran que la “concepción” es valorada desde varias perspectivas: biológica, médica, ética, moral, filosófica y religiosa. A partir de la discrepancia no existe una definición consensuada sobre el inicio de la vida. Planteamientos asociados a concepciones religiosas confieren atributos metafísicos a los embriones y perciben en los óvulos fecundados una vida humana plena, que debe ser protegida. En cambio, el tribunal optó por una postura laica al considerar que estos juicios, sin base científica, no pueden sustentar la interpretación del alcance del derecho a la vida consagrado en la Convención Americana pues ello implicaría imponer un tipo de creencias específicas a otras personas que no las comparten.

La Corte Interamericana, con base en pruebas científicas que les fueron proporcionadas durante el juicio, constató que si bien al ser fecundado el óvulo se origina una célula diferente con la información genética suficiente para el posible desarrollo de un ser humano, lo cierto es que si dicho embrión no se implanta en el cuerpo de la mujer sus posibilidades de desarrollo son nulas. Sin implantación el embrión no recibe los nutrientes necesarios ni se encuentra en el ambiente adecuado para su desarrollo. Estos argumentos le permitieron concluir que antes del momento de la implantación del cigoto no procede la aplicación del artículo 4 de la Convención Americana.

Esa misma Corte infirió que la finalidad del artículo 4.1 de la Convención es salvaguardar el derecho a la vida pero sin que éste sea considerado un derecho absoluto cuya protección pueda justificar la negación de otros derechos. La frase “en general” incluida en el texto tiene como fin permitir que ante un conflicto de derechos sea posible invocar excepciones a la protección del derecho a la vida desde la concepción y permitir que los Estados en su derecho interno legislen con cierta libertad en protección de otros derechos.

El fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos significa un gran paso adelante del pensamiento laico, fundado en evidencia científica. La interpretación del término “concepción” y “en general” son especialmente importantes en nuestro país ya que grupos conservadores intentan desde sus trincheras, incluidas las legislativas, proteger la vida desde la concepción, confundida con la fecundación y con ello restringir las técnicas de reproducción asistida, evitar las investigaciones con células troncales embrionarias y prohibir la interrupción del embarazo. Sin embargo, legislar insistiendo en otorgar categoría de ser humano la ovocito fecundado, basándose en creencias metafísicas sería contrario a la interpretación oficial del artículo 4.1 de la Convención Americana y a los principios laicos de nuestra Constitución.

 

Ingrid Brena
Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Es miembro del Colegio de Bioética, A.C.

 

Un comentario en “La concepción humana según la ciencia

  1. Dice la autora y la cito “lo cierto es que si dicho embrión no se implanta en el cuerpo de la mujer sus posibilidades de desarrollo son nulas”
    Tiene razón, pero con está misma lógica, yo le preguntaría a ella ¿Qué posibilidad de supervivencia tiene un recién nacido, si se le abandona después del parto? la respuesta es obvia ¡ninguna! ¿Podemos aplicar a los neonatos, métodos de eliminación equivalentes al de la interrupción del embarazo? ¿usarlos para investigación de células troncales?
    Cuándo la autora o cualquier otro científico demuestre que el DNA del cigoto, es diferente al de cualquiera de ellos, sus opiniones podrían tener valor y para hacer eso, se requieren métodos científicos no metafísicos, nada de lo que estoy diciendo tiene que ver con ninguna religión.