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La eutanasia es la ayuda con la que un médico termina la vida de un paciente que prefiere morir a vivir con el sufrimiento que le causa su enfermedad y para el cual no hay posibilidad de alivio. El paciente pide ayuda a su médico porque éste tiene el conocimiento y el acceso a los medicamentos que pueden procurarle una muerte segura y sin dolor.

La eutanasia es una de las dos formas en que un médico puede ayudar a morir; la otra es el suicidio médicamente asistido que se distingue de la eutanasia por el hecho de que la ayuda se limita a proporcionar al paciente los medios para que sea éste quien realiza la acción que causa su muerte. La eutanasia y el suicidio médicamente asistido quedan englobados en el concepto de muerte médicamente asistida.


Ilustración: David e Izak Peón

Defendemos que las personas puedan vivir con la confianza de saber que si llegan a encontrarse en una situación en que ya no quieran vivir, contarán con la ayuda de un médico para morir. Esto implicará un acuerdo entre el paciente y el médico (idealmente con el consenso de los familiares) de que esa decisión es lo que más conviene al paciente y es consistente con sus valores y creencias. El paciente se considera dueño de su vida, al grado de poder decidir su final y el médico acepta ayudarlo a morir como un acto de solidaridad con el que apoya a su paciente en la última ayuda que éste le pide.

Si bien las personas pueden querer terminar su vida por razones diferentes a las de padecer un sufrimiento intolerable causado por una enfermedad, la muerte médicamente asistida se da en el contexto de la atención médica. Habría que discutir si las personas también deberían tener derecho a recibir ayuda de médicos para suicidarse por razones que no son médicas, pero no es el tema que nos ocupa. La muerte médicamente asistida se justifica porque los avances de la medicina, que indiscutiblemente agradecemos, han permitido alargar la vida de las personas, incluso en condiciones en que no querrían vivir. Si antes la gran mayoría de la gente temía que la muerte llegara muy temprano, hoy son muchos los que temen que llegue demasiado tarde.

Así sucede a quienes han visto morir a familiares, amigos o pacientes en condiciones de sufrimiento e indignidad que podrían haberse evitado. Afortunadamente, en nuestro país se han dado cambios legales en los últimos años para que las personas mueran mejor. Se respalda la decisión médica de no dar tratamientos que no representan un beneficio para el enfermo y sí pueden añadir más sufrimiento. Igualmente, un paciente puede rechazar un tratamiento, aun si como consecuencia de su decisión muere. Por otra parte, se ha establecido la obligación de aplicar cuidados paliativos a los enfermos que lo requieran, los cuales incluyen intervenciones para reducir o eliminar su conciencia con el fin de que no experimenten un sufrimiento que no se puede aliviar. Por último, las personas pueden suscribir su voluntad anticipada estableciendo qué querrían y no querrían en el caso de encontrarse en una situación en que ya no puedan comunicarse.

Todos estas posibilidades representan grandes avances, aunque sobra decir que las leyes no bastan para que se den los cambios deseados, además de que les falta la claridad que se requiere para guiar en temas sobre el final de vida (no  permiten saber, por ejemplo, si la alimentación artificial se considera un tratamiento que puede suspenderse) y en algunos casos incluso se contradicen entre ellas, todo lo cual debe mejorarse. Para que las leyes se traduzcan en hechos es necesario que cambien las actitudes de pacientes, médicos y familiares, pues todavía son mayoría los que evitan hablar de lo que está sucediendo cuando se requieren decisiones para que el paciente tenga un buen final de vida, en lugar de seguir recurriendo a tratamientos inútiles que se deciden sólo con base en buenos deseos.

El punto es que aun tomando las decisiones adecuadas habrá ocasiones en que los cuidados paliativos no puedan aliviar el sufrimiento de un paciente; si éste no está recibiendo un tratamiento que se le pueda retirar para poder morir (si es esto lo que quiere el paciente), la única forma de ayudarlo será mediante la muerte médicamente asistida. Las leyes también deben respaldar esta opción porque representa una enorme tranquilidad saber que cuando la medicina no tiene nada mejor que ofrecer al menos queda la posibilidad de ejercer la libertad para decidir ya no vivir.

 

Asunción Álvarez del Río
Psicóloga. Doctora en bioética. Profesora en la Facultad de Medicina de la UNAM. Autora de Práctica y ética de la eutanasia (FCE).

 

2 comentarios en “La eutanasia y el final de la vida

  1. debería abrirse hacia las diferentes necesidades de cada persona. no solo por enfermedad grave. Hay muchas circunstancias. A veces las personas se cansan de vivir, no tienen motivaciones. Sería muy humano permitir tomar la decisiom