Una vez que conozcamos qué candidatos formarán parte de la boleta electoral para elegir al próximo presidente de la República, los medios de comunicación publicarán encuestas para dar a conocer las preferencias en intención de voto entre el electorado. En este artículo presento una guía con diez consejos prácticos para leer las encuestas electorales y poder, entre otras cosas, identificar cuáles son confiables y cuáles no. Siguiendo estás simples consejos, usted podrá sobrevivir a este año electoral y a la cascada de encuestas electorales que se avecina, o al menos (espero) le ayudará un poco.

1. La regla de oro: poner atención al promedio de las preferencias electorales

La regla de oro para interpretar cómo va la elección es poner atención al promedio de los resultados de intención de voto. Si bien el objetivo de esta nota no es discutir la fuente de errores metodológicos (muestrales y no muestrales) de las encuestas electorales, quiero hacer hincapié que la estimación de intención de voto en una encuesta contiene un margen de error. En otras palabras, sólo nos da una aproximación a la intención de voto de la población, en este caso, el universo de votantes en México con credencial de elector. En Estados Unidos ha sido la tradición, y ahora también lo será en México por medio de Oraculus.mx, en la cual se promediarán los resultados de intención de voto que reducirá el “ruido” que dichas estimaciones contienen.1 Ese promedio es al que hay que poner especial atención durante la campaña, más que al resultado de intención de voto publicado por cada casa encuestadora o medio de comunicación, porque en algunos casos, sus resultados pueden ser outliers.

Y quiero hacer énfasis: resista la tentación de sobrestimar la importancia de las encuestas que se desvíen del promedio (outliers). Porque los medios de comunicación no podrán resistir esa tentación: los medios tienden a poner mayor atención a los estudios outliers2 que a las encuestas que se encuentran dentro del rango promedio de intención de voto. ¿Por qué? Porque los medios de comunicación y los opinadores buscan informar, pero también tienen otros incentivos: vender más periódicos o tener mayor audiencia. Lo que nos lleva al punto dos en esta guía práctica para leer encuestas.

2. Las encuestas patito, son eso, encuestas patito

En el mundo de las encuestas existen, al menos, de tres tipos: encuestas académicas, encuestas de medios de comunicación, y las encuestas patrocinadas por partidos políticos. Las encuestas académicas por lo general no forman parte de la campaña electoral. Por ejemplo, cada año electoral el CIDE realiza el “Estudio Nacional Electoral” que forma parte de un proyecto internacional (Comparative Study of Electoral Systems) para analizar qué factores influyeron en el electorado mexicano a la hora de votar. Ese análisis es realizado posterior a la elección y no es parte del fluyo de noticias durante la campaña. En cambio, las encuestas patrocinadas por los medios de comunicación son las que forman parte de la cobertura noticiosa, lo que la literatura académica suele llamar “la carrera de caballos” (horserace). A diferencia de los estudios académicos, las encuestas de los medios de comunicación—en su mayoría, periódicos—tienen otros incentivos: informar del día a día de la campaña electoral, por ejemplo, cómo cambian las preferencias electorales, qué atributos de los candidatos han mejorado (o empeorado) durante la campaña, los niveles de conocimiento de las propuestas de campaña, entre otros. Como dicta el punto 1 de esta guía, la sugerencia es poner atención (sobre todo) al promedio de las preferencias electorales de los distintos resultados publicados.

Ahora bien, tenga cuidado de las encuestas de mala calidad, o coloquialmente hablando, las encuestas “patito”. Las encuestas ‘patito’ incluyen los sondeos que no son ni científicos ni representativos (no incluyen métodos de muestreo con selección probabilística de respondientes) que usted seguramente encontrará en Twitter o que su familiar o su amigo activista en Facebook publique pero que su origen sea desconocido o francamente cuestionable. También incluyen aquellos sondeos que traten de aparentar ser serios, pero que no lo son. Por ejemplo, en campañas recientes en México tanto a nivel nacional como local, casas encuestadoras sin historial surgen repentinamente y desaparecen al terminar las campañas, lo que las convierte en fuente de información poco confiable. Otro ejemplo de encuestas de mala calidad son las recientes encuestas hechas en Facebook. Las encuestas en Facebook no son representativas del universo de votantes en México. Esto no quiere decir que todas las encuestas en internet no sean confiables. En muchas partes del mundo, proyectos innovadores como YouGov se basan en paneles construidos durante años/décadas que reflejan la composición del electorado y que han revolucionado a la industria de las encuestas en Estados Unidos, Inglaterra, Francia, entre otros países. Sin embargo, no parece que en México (hasta mi conocimiento) haya algún proyecto serio en internet que sea capaz de representar al universo de electores en México. Finalmente, existe un tercer grupo de encuestas, las encuestas patrocinadas por partidos políticos, lo que nos lleva al punto tres de esta guía práctica.

3. Tenga cuidado con las encuestas “filtradas” a los medios de comunicación

Una práctica que lamentablemente ya es común en algunos medios de comunicación es reportar resultados de encuestas que no patrocinaron (que ellos no pagaron). Hay que tener cuidado con esas encuestas, y en general, no hay que tomarlas en cuenta, ya que son filtradas a los medios por candidatos o partidos políticos. En otras palabras, son encuestas que fueron pagadas por los equipos de campaña y que, por tanto, el objetivo de las “filtraciones” a medios no es informar sino únicamente busca generar una percepción a favor de algún candidato. Por ejemplo, las encuestas filtradas pueden buscar generar una percepción que cierto candidato ya empató al candidato puntero o—cuando se acerca el día de la elección—que la victoria de algún candidato ya es irremediable. Estas encuestas también suelen filtrarse a redes sociales y buscan generar igualmente percepciones favorables a algún candidato. Hay que desconfiar de este tipo de encuestas porque únicamente reportan resultados favorables y suelen evitar publicar detalles metodológicos que pueden influir en la estimación de intención de voto.

De hecho, en este periodo electoral ya hay un caso de una encuesta que probablemente buscaba influir en el ánimo de los votantes más que informar sobe las preferencias electorales. La primera semana de diciembre pasado, una encuesta elaborada por Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) y compartida en redes sociales sugería que el candidato priista, José Antonio Meade, ya había alcanzado al candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador (Morena) en las preferencias electorales. Estos resultados contrastan con las preferencias electorales publicados por la amplia mayoría de las encuestadoras en México, quienes coinciden que—en estos momentos— López Obrador registra una ventaja significativa. Como notaron varios pollsters en Twitter (@jblaredoy @JMarquezP, entre otros), los resultados de GCE parecían influidos por el cuestionario utilizado para levantar la encuesta. Dicho cuestionario, informaba indirectamente sobre la carrera política de José Antonio Meade, que no milita en partido político alguno, que había formado parte tanto del gabinete del expresidente Felipe Calderón como de la actual administración, entre otros detalles. Esto es lo que se conoce en metodología de investigación por encuestas (survey research methodology) como efectos de cuestionario (questionnaire effects). En este caso en particular, el cuestionario podría inducir un sesgo a favor del candidato priista por lo que sobreestimaría la intención de voto a favor de Meade.3 Este tipo de sesgo es conocido ampliamente por quienes diseñan encuestas electorales. Además, la encuesta de GCE fue realizada por teléfono y no en vivienda, lo que nos lleva al cuarto punto en esta guía práctica.

4. Las encuestas telefónicas no son representativas

Las encuestas telefónicas no son representativas de la totalidad del electorado en México, únicamente reflejan las opiniones de la población que cuenta con un teléfono fijo en su vivienda, por lo que tienden a sobrerepresentar a votantes con mayores niveles de educación e ingreso. Por lo mismo, no haga mucho caso de las preferencias electorales si la encuesta es telefónica (ni lo incluya en su promedio de encuestas). Lo anterior no quiere decir que las encuestas telefónicas (serias) no proporcionan información útil. De hecho, las encuestas telefónicas tienen la ventaja de ser más fácil de levantar que las de vivienda por lo que pueden evaluar eventos de campaña con mayor rapidez que las de vivienda (que tienen que organizar equipos de levantamiento en todo el país). Sin embargo, los resultados sólo reflejan las opiniones de un subconjunto de la población.

Adicionalmente, existe otro tipo de información que usted también debe evitar durante la campaña: las fake news. Lo que nos lleva al quinto punto de esta guía.

5. Evite compartir las encuestas fake en redes sociales

Las encuestas falsas que suelen circular en redes sociales sólo buscan desinformar al electorado. Este tipo de encuestas llegan a través de publicaciones en Facebook, Twitter, Whatsapp, entre otros, donde se citan estudios falsos sobre la intención de voto. O, en los casos más burdos, las fake news copian los boletines de las casas encuestadoras pero alterando las preferencias electorales. Esto forma parte de la reciente tendencia mundial en que las fake news se comparten en redes sociales y buscan generar desinformación. La sugerencia, si usted quiere compartir resultados de encuestas electorales en redes sociales, es cerciorarse que el medio que las publica es un medio confiable e—idealmente—estar seguro que la casa encuestadora que levantó la encuesta tiene buena reputación. En el caso de México es un poco más fácil que en otros países como EUA, pues la industria es más pequeña y por ello las grandes casas encuestadoras son fácilmente identificables: Alejandro Moreno, Buendia&Laredo, BGC Beltrán Juárez y Asocs., Parametría, Consulta Mitofsky, Demotecnia-De las Heras, entre otras.

Ahora bien, ya que usted ha podido distinguir entre encuestas confiables y encuestas menos confiables, las siguientes reglas se enfocan en la información que proporcionan las encuestas en los medios de comunicación, donde no hay una práctica común, por ejemplo, al reportar las preferencias electorales (intención de voto), lo que nos lleva al punto seis en esta guía.

6. Distinga entre preferencias electorales brutas y efectivas

Algunos medios/casas encuestadoras publican preferencias “brutas” mientras que otros medios preferencias “efectivas” las cuales no son comparables (por ejemplo, evite comparar las preferencias brutas publicadas por Reforma vs. las preferencias efectivas de El Universal). Las preferencias brutas incluyen la “no respuesta”, es decir, el porcentaje de personas que contestaron que aún no sabe por quién va a votar o simplemente no contestó la pregunta de intención de voto por cualquier otra razón. Mientras que las preferencias efectivas eliminan ese porcentaje, y se recalcula la intención de voto, asignando el porcentaje de ‘no respuesta’ de a cada candidato.

¿A qué tipo de preferencia hay que poner mayor atención? A las dos. Es importante observar el comportamiento de las preferencias brutas a lo largo de la campaña, dado que el porcentaje de “no respuesta”—como es de esperarse—tiende a disminuir a medida que se acerca el día de la elección. Por lo mismo, es importante observar si hay algún sesgo partidista en la “no respuesta”, es decir, si los puntos porcentuales que pierde la “no respuesta” le suman puntos porcentuales a algún candidato. En algunos casos, la “no respuesta” puede tener un sesgo a favor de la oposición (anti-incumbent) pero esa es una hipótesis que hay que evaluar durante la campaña.

Las preferencias efectivas, por el contrario, se centran sólo en aquellos votantes que tienen una intención de voto definida. Es una fuente de información importante, pero hay que ponerle atención de la mano de las preferencias brutas. Por ejemplo, si sólo nos enfocamos en las preferencias efectivas a lo largo de la campaña, es altamente probable que muchas de las variaciones en las preferencias electorales efectivas sean producto únicamente de la disminución de la no respuesta, y no en el cambio en la intención de voto a favor de cierto candidato producto de los eventos de campaña. Un dato importante es que las casas encuestadores tienden a convertir las preferencias brutas a efectivas asignando el porcentaje de ‘no respuesta’ de manera equitativa a cada candidato, bajo el supuesto que la “no respuesta” se distribuye uniformemente entre los votantes de cada candidato. Como lo refiero anteriormente, es un supuesto que hay que evaluar a lo largo del proceso electoral.

Ahora bien, ya sea que ponga atención en las preferencias brutas o efectivas, es altamente probable que, en algún momento de la campaña, usted identifique resultados que no favorezcan al candidato de su preferencia. Lo que nos lleva al punto siete de esta guía.

7. Resista la tentación de desestimar las encuestas que contradicen sus preferencias políticas

Una tendencia que suelen suceder entre los candidatos y élites políticas es desestimar las encuestas en que les va mal. Diversos estudios académicos han encontrado que suele suceder lo mismo entre los votantes:4 mucha gente tiende a desestimar las encuestas que contradicen sus preferencias políticas. Esto es lo que se conoce en estudios académicos como “razononamiento motivado” (motivated reasoning). Los individuos tienden a aceptar únicamente la información que refuerza sus predisposiciones políticas/partidistas, mientras que rechaza las que contradicen sus preferencias políticas. En EUA, eso explica, por ejemplo, por qué muchos votantes republicanos rechacen el cambio climático a pesar de que existe prácticamente un consenso entre académicos que la temperatura de la Tierra está aumentando como producto de la acción humana. Su escepticismo en el cambio climático se entiende a partir de su ideología e identidad partidista, que los hace rechazar información factual que contradice sus creencias. En el caso de las encuestas electorales, los votantes tienden a ser más proclives a creer que los estudios electorales están mal realizados que a aceptar el hecho que su candidato pueda estar rezagado en las encuestas.

Ahora bien, durante la campaña electoral, las casas encuestadoras publicarán los resultados de sus encuestas periódicamente—usualmente, de manera mensual— lo que nos lleva al octavo punto de esta guía.

8. Tenga precaución a la hora de leer encuestas al principio de la campaña

Al principio de la campaña, la mayoría de los votantes aún no pone mucha atención a los eventos de campaña. Como muestran diversos estudios académicos, los votantes en los primeros días de la campaña aún no conectan su identidad partidista (u otras predisposiciones políticas) a su intención de voto.5 El objetivo de las campañas, por ende, es generar información y recordar, por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, por qué los votantes demócratas deben votar por el candidato demócrata o, viceversa, por qué los votantes republicanos deben votar por el candidato republicano. Ese es el mecanismo más importante por el cual las campañas políticas influyen en el voto: la activación de las predisposiciones políticas de los votantes.6 En el caso mexicano, es de esperarse que las campañas activen y movilicen a votantes priistas, perredistas, panistas y de Morena a apoyar a sus respectivos candidatos, sobre todo en el caso del PRI y el frente PAN-PRD en el cual la nominación de sus candidatos generó mucha más división al interior de Morena. Por lo anterior, es de esperarse que la intención de voto estimada por las encuestas se modifique a medida que la campaña avance.

Y no sólo eso, al inicio de la campaña, como muestran estudios académicos recientes7 —así como parte de mi investigación— los votantes no ponen mucha atención cuando los encuestadores les preguntan su intención de voto (les dan el “avión” a los encuestadores). Sin embargo, a medida que el día de la elección se acerca, los votantes ponen más atención a las encuestas y sus respuestas tienden a reflejar mejor sus “verdaderas” actitudes políticas. Ahora bien, si bien la intención de voto estimada por las encuestas puede estar más aproximada a la intención de voto (real) del electorado a medida que la campaña avanza, los encuestadores tienen un reto cuando se trata de traducir las respuestas a la encuesta y el comportamiento futuro, es decir, identificar qué porcentaje del electorado irá a votar. Lo que nos lleva al noveno punto de esta guía.

9. Las encuestas no son predictivas del resultado de la elección, pero…

Dado que ir a votar es un comportamiento socialmente deseable (social desirability bias), los votantes tienden a sobreestimar su participación. En otras palabras, muchos electorales dicen que van a ir a votar, pero no lo hacen para evitar la carga simbólica de reportar un comportamiento socialmente indeseable (formar parte del abstencionismo). Y esto dificulta a los encuestadores la tarea de detectar quienes son los votantes probables (likely voters) y, por tanto, dar una estimación precisa de la intención de voto a unos días de la elección. En Estados Unidos, existe información que no forma parte de la encuesta que les facilita esa labor a los encuestadores. Por ejemplo, el historial de votación de los ciudadanos es información pública; es decir, existen registros sobre si los ciudadanos fueron a votar o no en elecciones tanto presidenciales como locales. Y dado que el mejor predictor de ir a votar es haber ido a votar en los procesos electorales anteriores, los encuestadores en Estados Unidos pueden estimar con cierto grado de certeza si los encuestados son “votantes probables”. Una alternativa en México es preguntar a los encuestados si fueron a votar en las pasadas elecciones, sin embargo, los votantes también suelen exagerar su participación en elecciones pasadas dado que son respuestas socialmente deseadas.

Por esto, y otros factores, las encuestas electorales no son predictivas del resultado del día de la elección, como bien nos recuerdan las casas encuestadoras en cada período electoral. Sin embargo, si la estimación de intención de voto en la última publicación (usualmente el miércoles anterior al día de la elección) no tiene semejanza alguna al resultado electoral, pídale una explicación a su encuestador de confianza.

Una paradoja es que, si bien las encuestas electorales no son predictivas, data scientists en EUA (e.g. Nate Silver en FiveThirtyEight.com y Nate Cohn en The New York Times, entre otros) en los últimos años han construido modelos de agregación de encuestas para predecir el resultado de las elecciones, lo cual ha acaparado gran parte de la cobertura noticiosa de los medios. Estos modelos de predicción, en su mayoría, estiman cuál es la probabilidad de que el candidato puntero gane la elección. Por ejemplo, en la pasada elección presidencial en EUA, el portal FiveThirtyEight en su última estimación previo a la elección publicó que la probabilidad de que ganara Hillary Clinton era de 71.4% contra 28.6% de Donald Trump. Como todos sabemos, los resultados fueron demoledores y existe la posibilidad que muchos votantes de Clinton se hayan quedado en casa debido a la (excesiva) confianza generada de que ganaría la elección. Como sugiere Andrew Gelman en su postmortem acerca de la elección,8 pareciera mucho mejor expresar la incertidumbre de las encuestas, no por medio de probabilidades especulativas sobre quién va a ganar (que son particularmente complejas de explicar al votante promedio), sino simplemente con la estimación de intención de voto y el margen de error: “Much confusion could’ve been avoided during the campaign had Clinton’s share in the polls simply been reported as 52 percent of the two-party vote, plus or minus 2 percentage points”.9

Finalmente, mucho se ha dicho que la información proporcionada por las encuestas—qué candidato es el puntero, quién está en segundo y tercer lugar—influyen en los votantes, sobre todo en los días anteriores al día de la elección. Según esta hipótesis, las encuestas son una forma de primera vuelta, en la cual quienes apoyan al candidato que las encuestas ubican en tercer lugar suelen abandonar a su candidato y votar por alguno de los punteros para no “desperdiciar” su voto. Ese es el último punto de esta guía.

10. La publicación de encuestas electorales puede influir en las preferencias electorales previo al día de la elección

En efecto, la información que las encuestas electorales proporcionan puede influir en el comportamiento de los votantes, en específico, pueden generar lo que los estudios académicos llaman “voto estratégico”. Dado que los votantes perciben que su candidato no tiene posibilidad de ganar la elección (dada su posición en las encuestas), una parte de sus electores vota por alguno de los candidatos punteros, es decir, a favor de su segunda mejor opción (o vota en contra de alguno de los candidatos punteros para que no gane). De hecho, parte de mi investigación encuentra que el voto estratégico en la elección presidencial en 2006 a favor de Felipe Calderón fue significativamente mayor entre aquellos votantes que estaban enterados de los resultados de intención de voto publicado por las encuestas electorales.10

El efecto de las encuestas en el comportamiento de los votantes añade un grado más de incertidumbre a las encuestas publicadas en la última semana de la elección: una parte significativa del electorado puede cambiar su voto buscando no “desperdiciar” su voto (apoyando a un candidato perdedor) y ese cambio no será registrado por las encuestas levantadas previas al día de la elección. Y no sólo eso, ese cambio de voto entre un subconjunto del electorado—generado a partir de los resultados de las encuestas electorales—puede determinar el ganador de la elección, sobre todo si la diferencia entre el primer y segundo lugar es muy pequeña, como fue el caso de la elección presidencial del 2006.

Rodrigo Castro Cornejo es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame (EUA) Actualmente es Fellow Postdoctoral del Departamento de Política de la Universidad de Virginia (EUA). Su investigación se centra en opinión pública, elecciones y comportamiento del votante.


1 En algunos casos, los medios únicamente presentan el promedio de los resultados de intención de voto (e.g. RealClearPolitics). En otros casos, además de agregar los resultados, toman en consideración posibles sesgos de cada casa encuestadora (house effects) así como otros factores que pueden sesgar la estimación de intención de voto (tamaño de la muestra, tipo de levantamiento, etc; e.g. FiftyThirtyEight y The Upshot en el New York Times). Oraculus presenta un promedio muy parecido al segundo tipo.

2 Por ejemplo, Andrew Gelman en Monkey Cage (“Every Latest Shift in the Polls is News. But it Shouldn’t Be“) https://fivethirtyeight.com/features/candidates-who-do-better-than-expected-win-more-media-attention/ , John Sides en FiftyThirtyEight (“Candidates Who Do Better Than Expected Win More Media Attention“) https://fivethirtyeight.com/features/candidates-who-do-better-than-expected-win-more-media-attention/, entre otros.

3 El informe sobre el cuestionario de GCE se encuentra aquí. El cuestionario se encuentra aquí.

4 Ver en Monkey Cage: Ozan Kuru, Josh Pasek and Michael Traugott “If my candidate is behind, the poll must be biased”.

5 Paper seminal en la literatura de campañas políticos: Gelman, Andrew y Gary King. 1993.“Why are American Presidential Election Campaign Polls So Variable when Votes are so Predictable?”, American Journal of Political Science.

6 Gelman y King 1993.

7 Enns, Peter, y Brian Richman. 2013. “Presidential Campaigns and the Fundamentals Reconsidered.” Journal of Politics.

819 Things We Learned from the 2016 Election”. Una versión posterior fue publicada en el journal Statistics and Public Policy (Gelman, Andrew y Julia Azari.

9 Punto 13

10 Ver “Do Electoral Polls Affect Voters’ Electoral Behavior? Strategic Behavior and Swing Voters in New Democracies” para más información. Esta misma relación entre información de encuestas electorales y voto estratégico también la encuentro en las elecciones de gobernador en Nuevo León y Michoacán de 2015.

 

Un comentario en “Guía práctica para leer las encuestas electorales
(y sobrevivir a 2018)

  1. Muy interesante y útil su artículo, gracias. Nada más dos comentarios: (i) ¿Porqué no usar “discrepantes” o algo así en lugar de “outliers”? (ii) Me permito añadir a su catálogo de encuestas “patito” las que parecen científicas pero no mencionan a un estadístico con nombre y apellido o una casa encuestadora que se responsabilice de la metodología, el levantamiento, curación y análisis de los datos, y las conclusiones de la encuesta.