Al duro recuerdo de una etapa muy difícil de mi pasado inmediato

“Casi estaba empezando a olvidar lo sencillo y restaurador que era el sueño…
pasaba ahora las noches, tumbado con las manos cruzadas en el pecho,
en una especie de sopor semiinconsciente y deprimido”.
—Joseph Conrad, El plantador de Malata

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La editorial Sexto Piso, esta vez de la mano de la editorial chilena Hueders, publicó hace un par de años toda la narrativa breve de Joseph Conrad (1857-1924) en un solo tomo.1 El libro es un (muy) grueso volumen que reúne 29 relatos en mil 540 páginas; como siempre en casos así, esto tiene algunas desventajas: empezando por su precio, pero también las dificultades para transportarlo e incluso para leerlo (sobre todo cuando el lector está en la primera o en la última parte del libro). La traducción, muy buena, estuvo a cargo de Carmen M. Cáceres y de Andrés Barba (la única excepción es El corazón de las tinieblas, que fue traducido por Juan Sebastián Cárdenas). Los amantes de la literatura, de la literatura inglesa y de Conrad en particular, tenemos que estar muy agradecidos con el esfuerzo de Sexto Piso y de Hueders, pues el resultado final es magnífico. No sólo por la traducción y por tener prácticamente todos los relatos breves y no tan breves de Conrad juntos por primera vez en castellano, sino también por la edición en su conjunto (empezando por la preciosa portada). Al respecto, lo único que se echa de menos es una introducción, que hubiera permitido a los lectores tener una idea de la importancia de la narrativa no novelística de Conrad dentro del conjunto de la obra de uno de los grandes escritores modernos. Me atrevo a decir que estas líneas pueden considerarse una especie de sucedáneo de esa introducción “faltante”.2

Conviene comenzar diciendo algo sobre el título: Narrativa breve completa. Algunos lectores podrán sorprenderse de que se considere breve a un relato de más de 100 páginas como es el caso de la celebérrima narración titulada El corazón de las tinieblas; lo mismo se puede decir de una de más de 150 páginas como El fin de las ataduras o de historias de cerca de 100 páginas como Tifón, Falk, Un guiño de la fortuna, El duelo, Freya de las siete islas o El plantador de Malata. De hecho, con historias como éstas uno duda si ponerlas en cursivas o entre comillas, pues no sabe si considerarlas novelas breves o cuentos largos. La respuesta, como saben los conocedores de Conrad, es que se trata del género que se denomina con el término italiano novella, que algunos críticos consideran el más idóneo para un autor como Conrad. Yo difiero de esta opinión; en cualquier caso, llama la atención que los editores de esta antología, que pretende ser completa, no hayan incluido La línea de sombra, que tiene una extensión similar a El corazón de las tinieblas y que, muy probablemente, es la única obra maestra de la última etapa de la vida de Conrad.

Ahora bien, como lo han señalado muchos de sus críticos, en los libros de relatos de Conrad es posible encontrar conviviendo historias de elevada factura con otras bastante menos logradas. Entre las primeras y con el subjetivismo que caracteriza cualquier ejercicio de este tipo, yo incluiría El corazón de las tinieblas por supuesto, pero también relatos como Una avanzada del progreso, Juventud, Amy Foster, Falk, El duelo, El cómplice secreto e incluso El plantador de Malata (cuyo final un tanto melodramático no disminuye el poder narrativo de la historia de amor y desamor entre Renouard y la señorita Moorsom).3 Entre las segundas, incluyo cuentos como Los idiotas, La laguna, La bestia, El oficial negro, Il Conde, El socio y El cuento. No había terminado de redactar estos dos listados cuando reparé en el hecho de que mientras en la primera de ellas incluí cuatro novelle, en la segunda no aparece una sola, lo que implica que, más allá de lo que yo piense, hay una afinidad notable entre ese género y Conrad. La cuestión aquí es que se podría decir exactamente lo mismo de varias de sus novelas; empezando con Lord Jim (1900) y concluyendo con Bajo la mirada de Occidente (1911).4 Durante esa década larga Conrad escribió otras dos obras maestras: Nostromo y El agente secreto.

Más allá de la década literaria prodigiosa que acabo de referir, Conrad tuvo todavía la fuerza y la capacidad para escribir dos novelas que, independientemente de sus debilidades, poseen una extraordinaria fuerza. Me refiero a Azar (1914) y, sobre todo, a Victoria (1915), cuyo protagonista, Heyst, es uno de los personajes mejor logrados en toda la narrativa conradiana. Es a partir de esta novela que las tramas de Conrad y el pivote moral sobre el cual siempre giran pierden enjundia y profundidad; es el caso de La flecha de oro (1919), Salvamento (1920), El pirata (1923) y Suspenso (inconclusa y publicada póstumamente en 1925). El contraste entre estas cuatro novelas y las publicadas durante la primera década del siglo XX es notable.5

En cuanto a los 29 relatos contenidos en Narrativa breve completa cabe apuntar que no siguen un orden cronológico; de hecho, no parecen seguir ningún orden, salvo que en varios casos aparecen juntos relatos que originalmente aparecieron reunidos en alguna de las antologías de cuentos que publicó Conrad a lo largo de su vida. No es que el orden cronológico sea fundamental cuando se trata de literatura (no de crítica literaria, por cierto), pero advierto la falta del mismo para los lectores que no están familiarizados con la obra de Conrad. Al respecto, quien sigue siendo uno de sus mejores biógrafos, Jocelyn Baines, piensa que el criterio cronológico tiene la ventaja de mostrar las diferencias individuales entre cada trabajo y el desarrollo del arte del escritor. Sin embargo, nos dice, este criterio atenta contra la unidad del trabajo de un artista, pues puede quedar sepultada bajo una masa de diferencias superficiales y de detalles más o menos irrelevantes.6 Siguiendo a Baines, cabe señalar que los protagonistas de las mejores historias conradianas tienen algo en común: el aislamiento emocional y moral que los caracteriza. En sus palabras: “Este es el tema que une lo mejor de la obra de Conrad”.7 Esto es verdad, como podrán comprobar los lectores que se animen a comprar y leer Narrativa breve completa.

Sin duda, la lectura de algunos de los relatos incluidos en el volumen los impactará. Esto, en parte, porque Conrad es un autor que no escatimó esfuerzos y recursos para mostrar todas las variantes del aislamiento emocional y moral referido. Sin embargo, será sobre todo la lucha por salir de dicho aislamiento la que nos involucrará con sus personajes, la que provocará nuestra empatía y la que nos hará vibrar mientras leemos historias que, contrariamente a lo que se repite a menudo, no son “historias del mar”. Se trata de historias sobre hombres y mujeres que en cierto sentido son como nosotros, pero que al mismo tiempo son excepcionales; sobre todo en la lucha que emprenden “contra su destino”, por decirlo así (con el mar como mero contexto; aunque cabe apuntar que en tres de las mejores novelas de Conrad el mar no aparece por ningún lado).

Es cierto que en esa lucha buena parte de sus protagonistas encontrarán la muerte. Aquí está para muchos gran parte del traído y llevado “pesimismo conradiano”. Puede ser, sin embargo, tengo para mí que el “encanto literario-vital”, si se me permite denominarlo así, está justamente ahí: teniendo al destino en su contra esos individuos no dejan de luchar contra todos los pronósticos por salir de su aislamiento y lograr conectar con los demás, aunque casi siempre de manera efímera. Incluso podría decirse que la conexión y la muerte se vinculan de un modo muy diverso y muy complejo en lo mejor de la narrativa de Conrad, ya sean cuentos, novelle o novelas.

El conocido adagio de E. M. Forster “Only connect!” podría considerarse la divisa vital, humana y literaria de Joseph Conrad. En todo caso, la fragilidad, pero también la fortaleza interior de sus protagonistas, hacen de él un gran autor entrañable. Dicha fortaleza, se olvida a menudo, se deriva principalmente de una cierta idea de la vida, de la dignidad, del honor y de la fidelidad que el escritor compartía con sus personajes.

 

Roberto Breña
Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.


1 Cabe apuntar que en 2012 Sexto Piso publicó Joseph Conrad y su mundo de Jessie Conrad (su esposa) y en 2014 una edición ilustrada de El corazón de las tinieblas.

2 Los lectores interesados en una visión panorámica de la obra de Conrad, que además alude a los aspectos más importantes de su biografía, pueden recurrir a “¿Por qué Conrad?”, texto que publiqué en nexos de agosto de 2014: https://www.nexos.com.mx/?p=22037

3 Otra gran historia de amor (y desamor) en la narrativa (no tan) breve de Conrad es la que se da entre el capitán narrador y la joven Alice Jacobus en Un guiño de la fortuna.

4 Sobre esta gran novela (Under Western Eyes), que algunos críticos literarios consideran “fallida”, véase la extensa introducción de Morton Dauwen Zabel en Conrad (A Collection of Critical Essays), Englewood Cliffs, Prentice-Hall, 1966, pp. 111-144.

5 Algo que, por lo demás, no debiera sorprendernos demasiado, pues lo mismo sucede por causas más o menos “naturales” con cualquier otro escritor en la historia de la literatura.

6 Jocelyn Baines, Joseph Conrad, Weidenfeld, Londres, 1993 (el libro apareció originalmente en 1960), p. 438.

7 Ibíd., p. 441.

 

Un comentario en “Conrad: Aislamiento y conexión

  1. ¿Habría costado mucho más haber publicado la narrativa breve de Conrad en tres tomos? Me lo pregunto siempre que me dispongo a leerlo. Imprescindible hacerlo sobre atril, so pena de terminar con las muñecas dislocadas.