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Considero esto un honor extremo. Además, sé que nadie iba a escribir y consultarme para nombrar una nueva especie de cisne por mí.

—Discurso de Gary Larson para agradecer que una especie de piojo (Strigiphilus garylarsoni) fue bautizada en su honor.

 

La escena, de tan dibujada, se ha convertido en un cliché para los cartonistas: una pareja de náufragos en una diminuta isla desierta. “Bien, nunca tendremos que buscar comida, Doris… Esta roca está absolutamente cubierta de ostras y mejillones hasta la punta”, dice uno de ellos. Eso es todo. ¿Eso es todo? Algo no está bien con este cartón. Al parecer, lo cómico del asunto también naufragó. En los días y semanas siguientes a la aparición de esta tira cómica los periódicos que la publicaron reciben cartas en las que los lectores expresan su perplejidad, curiosidad, molestia, y hasta aborrecimiento, hacia el autor de ella, un tal Gary Larson (para la trivia, podemos añadir que Doris, la protagonista de esta viñeta, es también el nombre de la madre del caricaturista). Serpientes, insectos, cavernícolas, dinosaurios, microorganismos, científicos de bata blanca y vacas —decenas y cientos de ellas, dominando incluso en un nada vacuo paisaje prehistórico en el que conviven quimeras bovinas como el estegobostaurusaurio y el diplodobostaurucus— son las estrellas del universo larsoniano, a cuyo creador se le rinde culto en cientos de laboratorios y cubículos de investigación de nuestro, al menos en apariencia, un poco menos bizarro universo.

Odiada e incomprendida por varios, pero adorada por muchos —una buena parte de estos últimos, ratas de laboratorio y academia, dicho lo anterior más con orgullo que como ofensa—, The Far Side, la obra magna y única del cartonista estadunidense Gary Larson ha aparecido ininterrumpidamente durante más de los 14 años que tardó su autor en darla por concluida en cientos de periódicos y revistas de todo el mundo. Más de 10 años después del retiro del cartonista en 1994, ni siquiera esto ha conseguido poner fin a la ubicua reproducción de su trabajo. De hacerse un estudio para determinar la densidad por metro cuadrado de caricaturas de The Far Side que hoy en día adornan los muros de cubículos de científicos provenientes de todas las áreas de la ciencia, tendría que reconocerse que las criaturas de Larson han alcanzado un índice de abundancia que no pocas especies vivientes envidiarían. Desde los microbiólogos que eligieron a las bacterias larsonianas que, sentadas en la barra de un bar, esperan que alguien les haga compañía y las haga olvidar su condición de organismos uni-celulares, hasta los astrónomos que sonríen cada vez que observan a la pandilla de rudos astrofísicos de papel que se han apoderado del único telescopio del observatorio y que impiden su uso por otros colegas, nadie puede evitar sentirse un poco identificado con las situaciones que la Comedia Humana creada por Larson, este Zola, no de caricatura, sino de La Caricatura.

 

Gaary Larson

 

Describir a Gary Larson sin utilizar las palabras vaca, serpiente, nerd, dinosaurio, cavernícola, bicho y ciencia es casi tan imposible como intentar hallar los supuestos 127 electrodomésticos que se hallan escondidos entre los árboles y arbustos del bosque que dibujó en noviembre de 1987 y que en ese entonces provocó que una maestra de primaria le enviara una carta, firmada por todos sus alumnos, donde solicitaban la respuesta al acertijo. ¿No era evidente que se trataba de una broma que hacía referencia a lo difícil que es a veces encontrar la solución de un pasatiempo? No mucho, al parecer.

¿A quién más, sino a Larson, le perdonarían los paleontólogos ese error de proporciones geológicas que consiste en poner a convivir a dinosaurios y cavernícolas en la misma época, así sea en un tiempo de caricatura? No sólo eso, sino que, además, se le honra al bautizar una parte del cuerpo del estegosaurio como “thagomizador” a raíz de la publicación de uno de sus cartones en el que un maestro prehistórico enseña a sus alumnos que el conjunto de púas que se hallan en el extremo de la cola de este dinosaurio se debe al ficticio cavernícola Thag Simmons. En 1993, durante una reunión científica, el thagomizador pasó a formar parte del argot oficial gracias al paleontólogo Ken Carpenter, del Museo de Denver de Naturaleza y Ciencia. Otro vistazo al mundo paleolítico de Larson: un grupo de cavernícolas fuerzan su vista lo más que pueden, mientras acercan sus ojos a unos milímetros de sus mesas de trabajo para tratar de observar lo que en ellas se encuentra. El título del cartón: “Primeros microbiólogos”.
No es la anterior la única, y ni siquiera la más relevante, contribución de Larson al mundo científico. En 1989 el Comité de Biología Evolutiva de la Universidad de Chicago decidió bautizar una especie de piojo que se encuentra en cierto género de búhos como Strigiphilus garylarsoni. Unos cuantos años después, una mariposa de la selva ecuatoriana fue nombrada Serratoterga larsonii en su honor.
Pero no todo ha sido una luna de miel al hablar de ciencia y The Far Side. Como bien puede darse cuenta cualquiera al examinar un puñado de caricaturas de Larson, la antropomorfización es una característica dominante en ellos. De ahí a dibujar dos chimpancés, uno de ellos una hembra con clásicos lentes larsonianos —anteojos que, además de pasados de moda, tienen como peculiaridad el pertenecer a una moda en la que eran deseables los armazones alargados y de bordes puntiagudos—, espulgándose en una rama, mientras que la hembra dice: “Bien, bien, otro pelo rubio… ¿Conduciendo un poco más de ‘investigación’ con esa vagabunda de Jane Goodall” (Jane Goodall es, posiblemente, la mayor experta en primates del mundo), hay una delgada línea que el lápiz de Larson cruzó sin problema alguno y que provocó una respuesta rápida y ofendida en 1987 por parte de Sue Angel, la directora ejecutiva del Instituto Jane Goodall. Lo que jamás se le ocurrió a Sue Angel es que su jefa fuera admiradora de Larson y que, al enterarse del asunto, exclamara: “¡Guau! ¡Fantástico! ¡Verdadera fama al fin!”. Alguien, que no fuera Larson, tendría que zoomorfizar a Sue Angel como un asno o como algún animal con pezuñas.
Entrar de lleno al universo larsoniano es posible si se resuelve primero un problema de espacio-tiempo en varias dimensiones, porque sus más de cuatro mil caricaturas han sido reunidas y publicadas en dos tomos de pasta dura y forro de tela (The Complete Far Side) que no harán deslucir al ejemplar de El Quijote que adorna el librero del estudio —un futuro análisis dactilográfico seguramente demostrará, además, que en 99% de los casos la Opus magna de Larson habrá sido hojeada por un número de usuarios apabullantemente mayor que el clásico de Cervantes—. También se requiere una buena condición física, pues el peso de cada tomo es de casi tres kilos. Una vez superados estos detalles materiales, contemplar imágenes etéreas como la del Einstein de esa realidad paralela en el momento que descubre, pizarrón repleto de ecuaciones de por medio, que el tiempo es dinero, tal vez sólo sea comparable a leer a Gary Larson, ya sea en su único relato de ficción, sobre la vida de un gusano (“¡Hay un pelo en mi mugre!”), o en los 14 textos que escribió como introducción a cada año de su carrera como cartonista en The Complete Far Side. En el prólogo a ese breve relato de aprendizaje y crecimiento interno en el microcosmos de un jardín que es “¡Hay un pelo en mi mugre!”, el sociobiólogo Edward O. Wilson resumió lo que, en la historia del niño/lombriz de tierra —y en la de todas las especies vivientes— es el tema central desde el punto de vista biológico: “¡La vida es dura! No hay almuerzo gratis, y lo que una criatura consume, otra lo debe proveer. El Homo sapiens no es la excepción a esta regla de acero de la Naturaleza. Así, el profesor Larson imparte Ecología 101… con hilaridad, que todos necesitan para ajustarse a la realidad”.

 

Gary Larson

 

Como una pequeña muestra de la cómica destreza de Larson con la pluma, tomemos “La jungla en mi cuarto”, opúsculo donde su autor se revela como un verdadero criptozoólogo mientras reduce al absurdo el mito de Tarzán en unos cuantos puntos: 1) su aspecto físico no debería tener nada que ver con la imagen con la que ha quedado inmortalizado hasta la fecha por todos los dibujantes y animadores que han promovido al personaje; 2) luego de pasar toda su vida en la jungla, los gritos de un salvaje de la especie humana tendrían que parecerse más a gruñidos bestiales que a falsetes y cantos suizos; 3) dado que Edgar Rice Burroughs, el creador del Hombre-Mono, hacía notar que Tarzán no fue criado por gorilas, que el personaje creció en África y que en esta región sólo quedan entonces los chimpancés pigmeos o bonobos, sus aventuras debieron titularse —en opinión de Larson— “Tarzán de los bonobos”.

 

Si, empírica y arbitrariamente, asumimos que la incomprensión del público es proporcional al talento de un artista, Gary Larson debe ser el Van Gogh de fines del siglo pasado. Reírse con los cartones de Larson puede ser, más veces de las que uno quisiera, equivalente a alcanzar la iluminación mediante cuentos de filosofía zen. Por fortuna y a diferencia de otros grandes pensadores, Larson tiene a su exegeta oficial en la persona de Jake Morrisey, su editor, quien conserva en su poder las notas en las que el propio autor explica el porqué de cada uno de sus legados pictóricos —¡cuántos equívocos e injusticias se ahorraría la humanidad si todos los que buscan pasar a la Historia siguieran este sencillo método¡—. “No pasaba una semana en la que no fuera buscado —por un editor, por un lector, por los medios— para explicar un cartón particular de The Far Side. Cuando lo hacía, invariablemente oía una de dos reacciones: un momento de silencio en el otro extremo del teléfono y luego un repentino ‘Aaaah, ahora lo entiendo’, o un perturbado ‘¿es ese el chiste? ¡Eso no es gracioso!’ ”, comenta Morrisey, “yo trato de hacer entender a esas decepcionadas almas que un cartón por lo general no es gracioso cuando te lo tienen que explicar”.
Haciendo caso omiso a la observación de Morrisey y antes de dejar el universo larsoniano, ¿por qué no visitar de nuevo su isla de náufragos, para permitirle a Su Supremo Hacedor una de esas, tan famosas, explicaciones? Entender en este caso la vis cómica de Larson pasa por saber que almejas y mejillones se hallan en la zona intermareal de la costa —la franja de tierra que se encuentra entre las alturas más baja y más alta de la marea—, lo que en el caso de la isla significa que el agua sube hasta cubrirla por completo. Así, mal hacen los náufragos en alegrarse porque su isla se halla repleta hasta la cima por moluscos, si llegara la hora en que no tendrán lugar para sentarse a comérselos. Si no nos carcajeamos con esto, y ni siquiera sonreímos un poco, no nos sorprendamos ni desesperemos: tal vez también en esta ocasión, como en varias más, el humor de The Far Side fue demasiado lejos.

 

Luis Javier Plata Rosas. Maestro en ciencias en oceanografía física. Autor de Mariposas en el cerebro.