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richelieu

Cuando en la adolescencia leemos Los tres mosqueteros y nos enamoramos ya para siempre de esas aventuras que se suceden con la ligereza del viento, uno, faltaría más, no se pone de parte de los guardias del cardenal, obedientes a una tenebrosa razón de Estado, sino de la valentía y lealtad de D’Artagnan o de Athos. Y sin embargo el cardenal Richelieu, que urdió efectivamente esas tramas, estaba construyendo por entonces un Estado moderno, con sus leyes superadoras del egoísmo de los distintos cuerpos sociales, y aplastando el arrogante poder de los señores feudales, que querían mantener sus orgullosos privilegios y defender la desigualdad contra la ley. Richelieu, que prohíbe el duelo, impidiendo a los nobles tomarse la justicia por su mano entre ellos, representa el triunfo del derecho sobre la barbarie tribal, reservando sólo al Estado el ejercicio de la fuerza para reprimir los delitos y tutelar a los débiles, en caso contrario a merced de los poderosos.

Fuente: Claudio Magris, Utopía y desencanto (traducción de J.A. González Sainz), Anagrama, Barcelona, 2001.