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cabritos

Leo Zuckermann: La primera muestra de qué tan debilitado quedó el presidente Calderón con la elección del 5 de julio pasado será el paquete económico de 2010. El PAN perdió la capacidad de sostener el veto presidencial en el Presupuesto de Egresos de la Federación que sólo es aprobado por la Cámara de Diputados. Una coalición opositora del PRI-Verde, más los partidos de izquierda, podrían imponer el presupuesto sin que el presidente y el PAN puedan hacer nada.

Carlos Elizondo: En 2003, Fox también perdió la capacidad de sostener el veto presidencial en la Cámara de Diputados. Obtuvo el 31% de los votos y su bancada se redujo a 151 diputados, muy por debajo del tercio requerido. Pero el contexto era distinto. El PRI no hacía mayoría junto con el PVEM, como ahora. El PRD era un partido más disciplinado y dispuesto a negociar con el gobierno. Al jefe de gobierno de la ciudad de México, el PRI y el PVEM no le podían imponer un techo presupuestal como ahora. Esto hará que el jefe de gobierno de la ciudad, Marcelo Ebrard, esté más dispuesto a colaborar con el PRI.

Zuckermann: Ahora bien, la Constitución dice que no se puede aprobar el presupuesto hasta que estén autorizadas las contribuciones que lo financien en la Ley de Ingresos. Y esta ley sí pasa por el Senado. El presidente podría ejercer ahí su influencia, porque el PAN tiene el suficiente número de senadores para sostener un posible veto presidencial. Pero esto implica que el Ejecutivo tenga el apoyo de los senadores panistas. Ahí está el primer flanco que tiene que cuidar Calderón después de la elección pasada. Su poder depende de que pueda vetar legislaciones, como la Ley de Ingresos, en el Senado. No va a ser fácil para Calderón, sin embargo, controlar a su partido después de las elecciones máxime que comienza ya la sucesión presidencial.

Elizondo: Otro factor clave es que hace seis años, en 2003, había ingresos crecientes en las arcas públicas. Ahora no, al contrario. Desde 1997 hemos vivido con gobierno dividido, es decir, sin que el presidente tenga la mayoría absoluta en ninguna de las cámaras. Pero siempre el gobierno tuvo un horizonte de recursos crecientes. Básicamente, por el mayor valor del petróleo y el aumento en la producción de crudo. Había para dar y regalar. Sólo en 2007 disminuyeron las participaciones federales a las entidades, y sólo en 2.8% en términos reales. En todos los otros años las participaciones subieron, y mucho, como en el año 2008 en que crecieron un 21.1%. Con dinero las penas son menores y gobernar es más fácil. Ahora no va a haber dinero extra. Hay que recortar, incluso. El presidente Calderón se va a tener que dedicar a proteger lo que tiene. El PRI va por el dinero federal. El asunto es cómo.

Zuckermann: Es evidente que el PRI va a tratar de descentralizar todo el gasto social a los estados. Ya lo anunciaron. Sería, por supuesto, un desastre para el gobierno federal perder estas partidas. Pero el presidente puede montar una estrategia defensiva por medio de la Ley de Ingresos que sí pasa por el Senado y que debe aprobarse antes que la del presupuesto. Calderón podría amenazar con un veto en la Ley de Ingresos. En el Senado el PAN cuenta con 52 senadores. Sólo se necesitan 43 para sostener el veto presidencial en cualquier legislación. De hecho, la amenaza de veto la puede utilizar el presidente no sólo para la Ley de Ingresos sino para cualquier otra legislación que la oposición quiera aprobar sin el acuerdo presidencial. La fuerza legislativa del Ejecutivo está en manos de los senadores del PAN. Por eso, la relación del presidente con ellos es vital. No es gratuito, entonces, que lo primero que está haciendo Calderón después de la derrota del 5 de julio sea recomponer la relación con los distintos grupos del PAN. Creo que el Ejecutivo podría utilizar otros mecanismos de presión para meterse en el proceso presupuestal. Al fin y al cabo es el que controla la chequera ya que los estados prácticamente no recaudan nada de los impuestos ni de la renta petrolera.

Elizondo: En la estrategia que mencionas hay un problema de coordinación y uno de atribuciones. La Ley de Ingresos va antes que el presupuesto. Fija cuánto se espera recaudar, incluido el endeudamiento autorizado. La decisión de cómo se va a gastar el dinero viene después. Cuando llegue ese momento, los diputados del PRI, como nunca controlados por sus respectivos gobernadores, van a querer más dinero. Y pueden juntar en la repartida no sólo al PVEM, sino al PRD. En el mediano plazo sería fatal para un PRI que quiere nuevamente la Presidencia vaciar al gobierno federal del contenido nacional del gasto. Pero en el corto plazo es un panorama muy tentador. La chequera la tiene el presidente, cierto, pero es atribución de la Cámara de Diputados determinar cómo se gasta. Quedarse con el dinero asignado a las entidades es ilegal y políticamente muy costoso para el gobierno federal. El presidente debe evitar llegar a ese choque. Para ello puede usar sus enormes facultades administrativas y su papel de jefe de Estado y de gobierno. Esto requiere audacia y un mensaje claro de cuál es su proyecto de país para los siguientes tres años y explicar por qué, si alguien lo frena sistemáticamente, estará en contra de los mejores intereses de México.

Zuckermann: Creo que hay dos opciones políticas para el presidente: enfrentarse con el PRI o cooperar con ellos. Exploremos la opción del enfrentamiento. Por ejemplo: Calderón envía al Congreso cinco iniciativas de reformas en temas trascendentales: laboral, fiscal, energética, política y de telecomunicaciones. Le dice a los legisladores: “Señores, estas son las reformas que quiere el presidente de México. Discutámoslas y vótenlas”. Con ello demostraría liderazgo. Supongo que al PRI no le va a gustar que le echen el poder presidencial encima. Sobre todo si se toma en cuenta que, en un régimen presidencial, cuando se enfrentan el presidente y el Congreso, la opinión pública tiende a apoyar al primero. Máxime cuando las tasas de aprobación de Calderón son el doble que las que tienen los diputados y los senadores. Esta estrategia implicaría un mandatario activo, dispuesto a dar la pelea por lo que él considera deben ser las reformas que necesita el país en la actual crisis económica. Y, por supuesto, apoyado por un gabinete de funcionarios listos para dar la batalla. ¿Lograría algo el presidente con esta estrategia? Dependería en mucho de la reacción de los priistas que no están acostumbrados a los ataques. Pero el enfrentamiento, ciertamente, desataría un debate nacional que nos permitiría ver cuál es la identidad del PAN después de su derrota y qué quiere hacer el PRI con el poder, más allá de ganar más puestos de elección popular y de mandar más dinero público a los estados.

Elizondo: La estrategia de confrontación del Ejecutivo puede dar sus frutos, aunque requiere de una operación muy buena, algo en lo que no se han distinguido los gobiernos del PAN. Con todo, puede ser mejor que simplemente quedar a la merced del PRI. Ahora bien, no todo es legislar. El Ejecutivo tiene retos y facultades que no pasan por el Congreso. Pongo un ejemplo, entre muchos posibles: enfrentar el desastre fiscal y de servicio público que es la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. En el primer trimestre del año entrante el gobierno tendrá una nueva oportunidad de sanear a fondo la empresa con la renegociación del contrato colectivo de trabajo. Se atreverá o seguirá mandando el problema hacia adelante, cada vez a mayor costo. ¿No es el PAN el partido de los ciudadanos? ¿Cómo pueden justificar que en esa empresa quebrada la gente se jubila con altas pensiones, después de 30 años de servicio, en el caso de los hombres, sin importar la edad? El actual líder entró a los 15 años, se jubila a los 45. ¿Cuántos de estos excesos no hay en el gobierno? ¿Una buena administración puede rendir frutos políticos y económicos. Un uso más malicioso de los instrumentos de control que tiene la administración puede ayudar a convencer a más de uno.

Zuckermann: Efectivamente, el presidente tiene instrumentos. Pero me temo que no alcanzan para solucionar las tres crisis que estamos viviendo: la de inseguridad, la económica y la de finanzas públicas. Los desafíos son muchos y complejos. Hoy más que nunca necesitamos un gobierno fuerte. Pero la verdad es que tenemos un gobierno estructuralmente débil que quedó más debilitado en las elecciones pasadas. Ése, me parece, es el tema de fondo. ¿Le conviene al país un gobierno débil donde el presidente lleva 12 años sin mayoría en el Congreso? ¿Un presidente al que todo mundo voltea para ver qué puede solucionar pero que, en realidad, no puede solucionar mucho por falta de apoyos en el Poder Legislativo? ¿Un Congreso que no rinde cuentas a la ciudadanía, que sólo se pone de acuerdo para fortalecer a los partidos políticos y repartirse los recursos públicos como si fuera un botín político?

Elizondo: Crecimos con el mito de que la Presidencia era muy poderosa. El propio Fox nos dijo en su toma de posesión que buscaría acotarla. No tuvo que hacer muchos esfuerzos para lograrlo. Fue uno de los pocos temas donde sí cumplió. Sin la hegemonía política de un partido disciplinado al presidente, como fue el PRI tanto tiempo, la Presidencia mexicana es débil. Está llena de restricciones. La burocracia opera mal. No se puede despedir a los trabajadores de base. El amparo permite volar aviones que no cumplen con los requisitos de seguridad, entre otras muchas “libertades” para los ciudadanos, impensables en otros lugares del mundo. Los incentivos están mal alineados: unos recaudan, otros gastan. El control del gasto es mayor a nivel federal que en el estatal, y ahí son amplia mayoría los gobernadores de oposición. Sin reelección presidencial, el Ejecutivo tiende a ser un político débil, sin futuro, en la segunda parte de su mandato. Navegar en estas aguas va a ser muy difícil. Se va a necesitar una combinación de astucia y visión para lograr enfrentar las tres crisis que se mencionan, pero la responsabilidad después de la elección del 5 de julio es compartida con los principales actores de la oposición, sobre todo del partido que ganó la elección: el PRI.

Zuckermann
: El sistema democrático que tenemos tiene graves problemas de representatividad y gobernabilidad. Desgraciadamente, sólo veo a futuro más parálisis gubernamental que generará mayor retraso económico. ¿O acaso el PRI, esa federación de intereses monumentales, el gran ganador de las elecciones, hará los cambios que necesita el país?

Elizondo: En la primera mitad de su gobierno el presidente Calderón apostó a no moverse sin acuerdos con el PRI. Pero si el PRI, como parece, espera cobrar aún más caro su apoyo, esta estrategia puede no llevar a nada. El PRI ha dicho que ganó la elección y que va a poner la agenda nacional. Tiene una responsabilidad de la que no es tan fácil salirse con el argumento de que no están en el Ejecutivo.

Carlos Elizondo Mayer-Serra. Ex director e investigador del CIDE. Autor de Lecturas sobre el cambio político en México.

Leo Zuckermann
. Analista político. Profesor-investigador del CIDE. Es columnista del periódico Excélsior.