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Parece absurdo preguntar sobre el ganador de los pasados comicios, ya es un hecho aceptado por todos y festejado por el partido tricolor, podemos bordar sobre la dimensión de la victoria, compararla con 2003, hablar de su unidad, de los espacios locales recuperados, de sus figuras para 2012, de la próxima pelea interna por la dirigencia y liderazgo en el Congreso, pero en esta ocasión pretendo mostrar dos aspectos que poco se han manejado sobre las razones de que el PRI haya obtenido un triunfo más simbólico que numérico, y lo digo así porque el porcentaje de votos que logra no rebasa el 40%, manteniéndose en el mismo rango que obtuvo en 1997, 2000 y 2003, que combinado con el desplome del PAN abajo del 30% y de un PRD en su peor momento desde 1991, le permite ganar los espacios que hoy festeja pero que no puede considerar suyos totalmente (en San Luis Potosí y en Colima ganan las gubernaturas pero tienen menos votos que el PAN para diputados, sólo por poner dos ejemplos).

Inicio aceptando, por irrefutables, los siguientes argumentos:
1. La crisis económica fue el principal factor para la caída del PAN, y acepto la posibilidad de que la popularidad del presidente evitó una caída mayor.
2. La división del PRD evidenciada en 2008 y continuada claramente después del affaire Iztapalapa, debilitó a la izquierda mexicana.
3. El tener un gobierno estatal potencializa las posibilidades de su partido, y el PRI gobierna al 56% del padrón electoral y al 57% de los distritos, por ello jugó esta contienda con handicap a su favor.

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Ahora quiero agregar dos nuevos argumentos: la decisión de hacer concurrentes con la federal los comicios del Estado de México en momentos de gran popularidad de su gobernador, y los cambios en los patrones de voto por edad.

1. En 2000, 2003 y 2006 los comicios locales en el Estado de México se realizaron en fechas distintas a los comicios federales. En esta ocasión los calendarios se homologaron y con ello el estado más poblado del país generó dos puntos adicionales a la participación nacional y le dio al PRI la friolera de 927 mil votos adicionales para diputado federal que no tuvo en 2003.

2. El segundo aspecto surge del análisis de las encuestas de salida de 1997 a la fecha en la que se observan cambios del patrón de voto por dos segmentos básicos de edad.

En 2000 parte del triunfo que permitió al PAN vencer 71 años de priismo en México fue el apoyo que los jóvenes le dieron, en la primera gráfica observamos cómo Vicente Fox obtuvo el 49% del voto de los jóvenes menores de 30 años, 17 puntos de ventaja sobre Labastida.
Después de nueve años, la nueva generación parece no tener ya incentivos para apoyar al ahora partido oficial. De esta manera, hoy sólo 27% de los votantes de 18-29 años lo apoyan, por abajo del PRI e incluso de la suma de partidos “pequeños”.

Y en el otro extremo, los adultos mayores de 50 años, que en 2006 se habían inclinado mayoritariamente por el PRD y la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, ahora votaron por el PRI abandonando totalmente la opción perredista.

Como se observa, más allá de las explicaciones sobre el tipo de campañas, el trabajo de los gobernadores o el voto nulo, lo cierto es que los patrones de voto se han modificado: los jóvenes, por razones históricas, votan por los cambios y hoy no es el PAN el que tiene esa bandera, y los adultos mayores de 50 años regresan al PRI después de haberlo abandonado en 2003. Razones habrá muchas, pero por más que busco no las encuentro en las campañas, así que me quedo con la incontrovertible evidencia de los magros resultados económicos de nueve años de gobiernos panistas y la pésima imagen de la izquierda con sus batallas centradas en destruirse a sí misma.

Roy Campos. Presidente de Consulta Mitofsky.