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Allá en Garibaldi

La historia conmocionó a Gil Gamés. La Parkita y El Espectrito Jr. eran dos luchadores enanos y gemelos muy queridos por el respetable. Sus éxitos en el ring fueron conocidos dentro del territorio nacional y más allá de las fronteras. Un día, los dos miniluchadores estaban en el bar La Revancha, en Garibaldi, festejando sus triunfos en el encordado. Entonces se acercó a su mesa Francisco Vázquez Martínez, El Botellero, dedicado a vender alcohol de dudosa procedencia en las calles del Centro Histórico. Por esa vía llegaron La Parkita y El Espectrito Jr. a la habitación número 59 del Hotel Moderno, ubicado en Incas 9, acompañados por dos sexoservidoras.

Según los retratos hablados, una de ellas oscilaba entre los 60 y 62 años de edad y medía al salir del hotel un metro 52 centímetros. La otra medía un metro 53 al entrar al hotel y los testigos le calcularon unos 43 años. Usted las ve una noche en un callejón y el corazón ahí mismo detiene su paso para siempre. Bueno, pensó Gamés, cada quien sus gustos.

Los cuerpos sin vida de La Parkita y El Espectrito Jr. fueron hallados en la habitación del hotel a la mañana siguiente. Los miniluchadores fueron víctimas de la Banda de Las Goteras formada por sexoservidoras sin escrúpulos que en algún momento álgido de la fiesta vierten en las copas unas cuantas gotas para los ojos. Gamés desconoce la marca del brutal líquido. Mientras los clientes duermen, Las Goteras sustraen relojes, carteras, tarjetas de crédito. Pero si las gotas exceden la dosis para el sueño profundo, los clientes duermen para siempre. Así ocurrió con La Parkita y El Espectrito Jr. Empezaron las detenciones y las averiguaciones previas. El Botellero cantó rápido: las sexoservidoras respondían a los motes de La Gorda y La Tía. Ahora mal: según la videograbación del circuito cerrado del hotel, La Gorda y La Tía podrían ser travestis. En ese caso, la Banda de Las Goteras se convierte de inmediato en la Banda de Los Goteros. Chispiajos. Bueno, pensó Gamés, cada quien sus gustos. Éste era el estado que guardaba el caso de La Parkita y El Espectrito Jr. al cierre de esta edición. Fueron enterrados por sus admiradores en el panteón de San Lorenzo Tezonco. La nota de El Universal terminaba así: “Dos vidas paralelas partieron de gira a una empresa eterna, y que recibieron (sic) coronas de honor, los últimos trofeos para las estrellas del ring”. Diantres. Le informan a Gamés que aún nos queda Mascarita Sagrada, más ágil que nunca en el encordado. Rayos.

Se está poniendo feo

El tiroteo no cesaba. Gavillas poderosamente armadas atacaban distintos pueblos de Michoacán, Guerrero, Oaxaca. Caían en el campo de batalla los federales, estallaban precintos, en fin, la guerra. Gamés lo leyó en su periódico Reforma: en Michoacán, La Familia recauda recursos mediante la extorsión, asigna escoltas a los alcaldes, plagia y ejecuta a quienes secuestra. Gil no quisiera ponerse histérico, pero estamos ante un paisaje de inseguridad y devastación. Así las cosas, José Luis Soberanes, responsable de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, dijo que “el crimen organizado no se combate con balas pues está demostrado que la delincuencia tiene más y mejores armas. Aquí hay una señal de que algo no está funcionando”. Bien pensado, aquí hay muchas señales de que algo no funciona, mi estimado Sherlock Soberanes. Gamés está seguro de que usted se ha devanado los sesos para llegar a esta terrible conclusión. Por su parte, Gil no quiere meterse en camisa de 11 varas. No escampa la balacera, al contrario, hay una tormenta de pólvora. Ahora mal: ¿con qué rayos se combate al crimen organizado si no es con balas? ¿Con discursos sobre los derechos humanos de los narcotraficantes? Este Soberanes siempre le ha parecido a Gil demasiado poco expansivo en su pensamiento y muy explayado en su físico. Sólo nos faltaba que este prócer defienda los derechos de los narcotraficantes. No le extrañaría a Gamés que creciera la corriente de opinión que pretende que se revise la actuación del ejército en esta guerra y que se castigue a quienes han cometido excesos. Correcto, no tiene vuelta de hoja, pero ¿no habrá mejores causas que defender?, ¿mejores derechos humanos en los cuales concentrarse? Soberanes: póngase la pila y deje de ver al horizonte, en fin. Por su parte el presidente Calderón declaró: “El Estado sufre el asedio del crimen”. Sí, ya nos dimos cuenta.


Desde los reclusorios

Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gil Gamés pensaba en lo inconcebible. La prensa ha documentado que cada día que pasa, en México y en especial en la capital de la República, ocurren cuatro mil 400 extorsiones. Estas personas son víctimas de las 900 bandas criminales que cometen este delito desde los penales. Desde sus celdas y con sus celulares las bandas hacen hasta 100 llamadas diarias. Gamés empieza a ponerse sombrío y a escurrirse del mullido sillón. Gilga lo leyó en su periódico La Razón: si no pueden con los que están presos, imagínense ustedes con los que están en libertad. Ay, Dios. Gil s’en va.

Tres sin sacar
Depuis 1997

Gil Gamés. Nació en El Oro, Estado de México, en 1955. Su columna “Tres sin sacar” se estableció en 1997. Desde entonces, no ha dejado de tirar su piedra en el charco de la vida pública. Posee un amplísimo estudio.