A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

La decisión del electorado fue clara y contundente. Comunicó su hartazgo con la politiquería partidista bloqueadora de instituciones, y los indecisos se decantaron mayoritariamente por el PRI porque fue el que menos polarizó la situación durante la campaña. Se contrastó con el PAN que le apostó a una estrategia agresiva que se le regresó como bumerán. La opción del PRI fue la correcta: no morder el anzuelo que le lanzaba el adversario y enconcharse como el puercoespín limitándose a desplegar sus agujas defensivas.

botas

El resultado de estas elecciones no afecta la posición relativa del gobierno y su partido que siguen más o menos como estaban, es decir, en minoría; afecta sobre todo al PRI y a su contexto. De entrada, el personaje que salta a la primera línea es Beatriz Paredes que como dirigente de su partido en los últimos tres años se llevó todo el mérito del éxito priista del pasado 5 de julio. Hoy por hoy no tiene quién le pueda competir por el liderazgo de su fracción y, en la medida que contará con la mayoría absoluta, tampoco tendrá quién le dispute la dirección política de la Cámara baja. En tal virtud, la diputada Paredes se convierte en la instancia única indispensable a la cual acudir si el presidente Felipe Calderón quiere que al menos una parte de su menguado programa sea aprobado en forma de leyes. Ello, claro, incluyendo destacadamente el presupuesto en la composición del cual la Cámara baja lleva la voz cantante. Ahora el gobierno no podrá jugar al gato y el ratón en negociaciones de tres esquinas, pues de la elección surgió una sola instancia interlocutora. El presidente Calderón podrá consolarse con la idea de que quizá ello le facilitará el trabajo a su gobierno, que ha carecido de un secretario de Gobernación lo suficientemente hábil como para aprovechar las divisiones en el Congreso.

Los resultados también traen otras consecuencias institucionales pues alteran los posicionamientos relativos de las dos cámaras del Congreso de la Unión. En la pasada LX Legislatura, que tenía una Cámara baja fraccionada en casi tres partes iguales, al gobierno le resultaba conveniente presentar sus iniciativas en el Senado en donde tiene una segura mayoría relativa. Esa preferencia oficial le confería al senador Manlio Fabio Beltrones, líder de la fracción priista de la Cámara alta, única dispuesta a dialogar con el gobierno, una situación de privilegio en las negociaciones legislativas, con el entonces líder de los diputados, Emilio Gamboa, en un segundo plano. Tras las elecciones todo esto cambia de manera radical. Al presidente Calderón le conviene ahora presentar todas sus iniciativas ante la Cámara de Diputados. Lo exige la lógica y también las buenas maneras políticas, pues ya no está el gobierno en posición para seguir hostigando al priismo.

Pero la diputada Paredes no sólo lleva esta responsabilidad sobre sus espaldas, tiene también la de posicionar correctamente al PRI para las elecciones presidenciales de 2012. Desde que Paul F. Lazarfeld encontró, en 1944, que el grueso de la votación a favor de los partido participantes en una contienda presidencial se fijaba en los años anteriores al momento de iniciar la campaña, y que ésta en realidad se limitaba a conseguir el voto de los indecisos, el desempeño del gobierno y de la oposición se volvieron cruciales. Y esta tarea se le presenta a la diputada Paredes a dos niveles. Hacia afuera, hacia el electorado, tratando de demostrar que sí, que el PRI tiene vocación de gobierno aunque esté en la oposición y puede colaborar con el adversario a que las cosas vayan mejor para los mexicanos, pero sin otorgar toda la gloria y todas las ventajas a la administración panista. Este es un camino estrecho que va a requerir de una muy calibrada sintonización de parte de la lideresa entre negociación y comunicación política.

La otra vertiente para el 2012 se ubica al interior del PRI. Esta tarea le toca a la inminente líder priista porque, entre otras razones, va a dirigir una fracción que es un miniparlamento de todas las corrientes y grupos de los ámbitos territorial y corporativo del PRI, primordialmente de los gobernadores priistas. En contra se podría argüir que para eso está la estructura del partido y la instancia legislativa sale sobrando. Cierto, en teoría, pero el hecho es que la diputada Paredes estará instalada en el lugar en donde se van a debatir y a determinar la distribución de bienes, favores y recursos políticos, y con la conformación de la fracción ya tiene establecidos los vasos comunicantes con todos los rincones de su partido. Si esta tarea la ejerce sin interés personal seguramente será la arquitecta del regreso del PRI al poder nacional. Pero si la vista la tiene puesta desde ahora en su posible candidatura a la presidencia de la República, entonces atestiguaremos una de las luchas internas más encarnizadas, frente a la cual la que padeció recientemente el PRD sería un pleito de párvulos.

Luis Medina Peña. Profesor-investigador del CIDE. Autor de Invención del sistema político mexicano.