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Admiración. Al Abecedario. Diccionario de una vida (FCE, 2003) le llaman “el universo personal y literario de Czeslaw Milosz”. Ahí el escritor polaco confiesa: “He admirado a muchas personas. Me he considerado siempre un árbol torcido, por eso los árboles rectos se han ganado siempre mi respeto. A decir verdad, conviene recordar lo que ocurre antes de las fiestas navideñas, cuando vamos a comprar un árbol de Navidad. Vemos filas de árboles hermosos que de lejos parecen estupendos, pero que vistos de cerca no responden a las exigencias que tenemos sobre un árbol ideal. Uno es demasiado fino, el otro está torcido, alguno más es demasiado bajo y así sucesivamente. Lo mismo ocurre con la gente: quizás algunas personas me parecían imponentes porque no las conocía de cerca, mientras que yo era consciente de mis propias miserias”.

Basura. Los industriosos japoneses siguen comercializando sus muchas veces inútiles inventos. Al escritor Koji Suzuki se le ocurrió vender su novela Drop impresa en un rollo de papel higiénico, hecho por la empresa Hayashi Paper, porque, según él, el baño es un lugar húmedo, oscuro y sucio, un ambiente ideal para leer su nueva historia de terror. La historia se repite treinta y cuatro veces en cada rollo, que cuesta un poco más de dos dólares. Hasta el momento ha vendido ochenta mil ejemplares. Quien haya ideado el odioso término “literatura basura” nunca se imaginó que su ingenio sería rebasado por la realidad.

Crítica. El historiador y crítico de la literatura mexicana, Emmanuel Carballo, cumplió ochenta años y recibió la Medalla de Oro de Bellas Artes. Alejandro Alvarado, del suplemento Laberinto, lo entrevistó: “¿Cuál es la base del trabajo de un crítico?”. A lo que Carballo respondió con esta lección: “El juicio personal. El juicio se forma, como usted y yo sabemos, a base de sabiduría, de ciencia, de paciencia, de estudio, de lecturas; de no hablar de un libro que no se conoce, de leer una, dos o tres veces un mismo libro; de conocer la obra anterior del autor y saber a qué generación pertenece. Y entonces, sólo entonces, emitir un juicio lo menos irracional, lo menos grupal que sea posible, procurando ser lo más imparcial que se pueda. Eso es lo que hace un crítico”. No se ha comprobado aún que Carballo haya seguido su propia ley, en parte porque nadie sigue sus propias leyes.

Diario. Comienza a circular una nueva revista semestral: Tinta y Arte. La dirige Juan José Narro Flores. Su primer número es cuestión de nostalgia. La historia de los ex libris; la encuadernación: “vestir al libro con arte”; los retratos de personalidades mexicanos que hizo Walter Reuter; el desaparecido suplemento cultural Sábado, de Huberto Batis; la extinción de los puestos de libros viejos a un costado de la Catedral, y la publicación de páginas inéditas del diario de Vlady, donde el artista escribió cosas como estas: “G. [Gironella] sustituye su falta de originalidad por la ‘dignidad del oficio’ seduciendo conservadores y moderados. La mía es una posición más arriesgada. Si la expresión es viva y logra una cohesión llegará al gran arte. En cuanto al oficio, la expresión lo implica, la pincelada y la trama son producto del gesto. El gesto sin la expresión es gimnasia”. ¿Tuvo razón Vlady?

Enigmas. A propósito de Millennium, bestseller del desaparecido escritor sueco Stieg Larsson, Fernando Savater escribió: “Después de profundas reflexiones, he llegado a la conclusión de que a los bestsellers les viene bien tener muchas páginas. Los libros de Larsson tienen tramas interesantes —es decir, son cuentos de hadas modernos— pero además son larguísimos. El segundo tiene al comienzo por lo menos cien páginas que parecen un catálogo de Ikea y mucho, muchísmo relleno. No deja de ser curioso que en nuestro mundo de zapping se pida concisión y elipsis en la imagen pero se consienta el desbordamiento inacabable en los escritos. Enigmas del gusto popular…”.

Fin. Falleció el escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, y con él la época de los setenteros izquierdistas lectores de Entre Marx y una mujer desnuda, que él mismo definió como “una casa de citas”. El director de la revista Ecua York, Petronio Rafael Cevallos, escribió en un ensayo: “sólo en las primeras tres páginas cita a Joyce, Cortázar, Gorki, Montalvo, Sartre, Zuzuki, Leiris. […] Las trescientas nueve páginas de la novela se hallan saturadas de numerosas alusiones a una amplia gama de acontecimientos históricos, especialmente latinoamericanos: el asesinato de Sandino; las dictaduras de Ubico en Guatemala, Somoza en Nicaragua, Trujillo en la República Dominicana; la caída de Allende y el subsecuente régimen de Pinochet en Chile; el bloqueo a Cuba”. Y termina: “Truculenta y turbulenta ‘novela’, cuya pertinaz autocrítica la revela como la épica del fracaso rotundo no sólo de la izquierda sino de la nación ecuatoriana”.

Gajes del oficio. Ricardo Garibay murió hace diez años. En el décimo tomo de sus Obras reunidas (Océano/FOECAH/Cultura Hidalgo /Conaculta, 2005), el que agrupa algunos textos inéditos, encuentro: “Es un hondo placer escribir. El que haya logrado el adjetivo imprescindible, la imagen exacta, la idea claramente expresa, me creerá. También me creerá el que haya languidecido tras el poema, o el que haya anhelado el mundo de la calle, despreocupado, placentero, mientras maldice su vocación y pelea consigo mismo”.

Humor. Anagrama festeja su cuarenta aniversario con la edición de El mejor humor inglés. La antología corrió a cargo del director de la casa, Jorge Herralde, quien escribió en la presentación del libro: “Como es sabido, los ingleses inventaron también el futbol: casualmente, los seleccionados aquí son once, un equipo imbatible”. Este equipo lo forman P.G. Wodehouse, Saki, Evelyn Waugh, Tom Sharpe, Roald Dahl, Alan Bennett, Julian Barnes, Martin Amis, Ian McEwan, Douglas Adams, Nick Hornsby. Felicidades, el buen humor nunca sobra; al contrario, siempre falta.

Imaginarios. Por el blog Papel en blanco me entero de que Alianza Editorial, en sucolección Gran Bolsillo acaba de publicar Breve guía de lugares imaginarios. “Alberto Manguel y Gianni Guadalupi han concebido una enciclopedia para quienes nos gusta leer. Tal y como cuenta Alberto Manguel: ‘Este libro comenzó una tarde de 1977, cuando Gianni Guadalupi me propuso escribir una guía de turismo que sirviese a quien quisiera visitar la antiquísima (e imaginaria) ciudad de Selene creada por Paul Féval en su novela La ville vampiro. De esta imprescindible idea surgió el deseo de guiar al viajero por otras ciudades igualmente ficticias; de las ciudades pasamos a los países; de países a islas; de islas a continentes’ ”.

Julio. El día 21 del mes pasado nació hace cien años Malcolm Lowry. En sus Vidas escritas Javier Marías describe la escena de su muerte, poco antes de cumplir cuarenta y ocho años: “[…] Tras una bronca con Margerie, ella le tiró la botella de ginebra al suelo, rompiéndosela. Él intentó golpearla y ella salió corriendo a refugiarse en casa de una vecina. No se atrevió a volver hasta la mañana siguiente, y entonces lo encontró tirado en el suelo, muerto, la cena que ella le había preparado y él no había probado dispersa por la habitación, como si por fin hubiera ido a comer y se le hubiera caído el plato. Se había tomado unos cincuenta somníferos que pertenecían a Margerie, quien no quiso inscribir en su lápida el epitafio que él había compuesto: ‘Malcolm Lowry / Late of Bowery / His prose was flowery / And often glowery / He lived, nightly, and drank, daily, / And died playing the ukulele’. Que se podría traducir de manera infiel, y si prescindimos de la rima: ‘Malcolm Lowry / difunto de la calle Ebria / su prosa fue florida / y a menudo airada / Vivió, noche a noche, y bebió, día a día, / y murió tocando el ukulele’. Pero aquí no se debe prescindir de la rima”.

Keret, Etgar. Es uno de los escritores israelíes más leídos. Sexto Piso acaba de reeditar Extrañando a Kissinger (trad. Ana María Bejarano), “nombrado uno de los cincuenta libros israelíes más importantes de todos los tiempos”. Son cuarenta y nueve relatos brevísimos que combinan vida cotidiana y humor negro, con comienzos originales como el de “Venus me defrauda”: “Los dioses eran muy respetados. Cuando llegaron todos deseaban ayudarlos: la Agencia Judía, el Ministerio de Absorción, el de Vivienda. Todos. Pero ellos no querían nada. Habían llegado con las manos vacías, no pedían nada, trabajaban como árabes y estaban contentos. Así fue como acabaron al final, con Mercurio en una empresa de mensajería, Atlas de mozo de cuerda y Vulcano quitando mierda, tal y como suena. Venus fue a parar a nuestra oficina. Una fotocopiadora”.

Luna. Ray Bradbury, padre de la ciencia-ficción, cuenta sobre el 20 de julio de 1969: “A las 20:30, hora de Londres, alunizamos. Al alba del día siguiente Neil Armstrong emergió de la nave para dejar la huella de su pisada en el suelo lunar. […] crucé toda Londres para realizar un programa vía satélite con Walter Cronkite, quien me permitió hablar sobre las verdades que yo sentía como inherentes a nuestra escapada fuera de la Tierra. Me quedé levantado, estuve en una docena de shows, lloré de alegría toda la noche, porque era la noche más importante de mi vida y para todas las personas de la Tierra. Y a eso de las nueve de la mañana, regresé cruzando Londres a pie, totalmente agotado pero totalmente feliz. Frente a mi hotel, vi un pequeño diario formato tabloide que tenía un titular que rezaba: ‘Neil Armstrong camina a las seis a.m… Bradbury camina a medianoche’ ”. Hace cuarenta años ocurrió todo eso. (El libro Bradbury habla será publicado este año por Alfaguara.)

México. Cuando Rufino Tamayo tenía setenta y tantos años, Cortázar escribió “Un cronopio en México” (Papeles inesperados, Alfaguara): “Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contratrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley. Y si ser cronopio es difícil e intermitente, igualmente difícil es representar a los cronopios o esculpirlos. […] Ahora pasa que yo llego al museo Tamayo y no sólo encuentro un cronopio sino una legión, insolentemente explayada en las vitrinas de las primeras salas. Sentados, acostados, rojos, negros, de pie, pardos, cabeza abajo, jugando, peleando, durmiendo, rosados, vestidos, sonriendo, desnudos, burlándose, mujeres, verdes, hombres, cantando, niños, azules. […] Extrañas, maravillosas recompensas del azar: una vez más me tocaba encontrarme por lo profundo con un México que jamás había visitado pero que estaba presente en textos míos, pesadillas e iluminaciones”. Claro: Tamayo ya era Tamayo.

Ocio. Unos días antes de su muerte, en una entrevista para la revista Milenio, Francisco León le preguntó al escritor Alejandro Rossi: “¿Va la literatura de la mano con el ocio?”. A lo que Rossi contestó: “Sin ocio no hay escritura. La escritura está rodeada de ocio. Quince minutos, media hora, dos horas de escritura están precedidas de un ocio germinativo, un ocio en el que lentamente se cocinan las letras. El ocio es así el oxígeno necesario para la escritura, para que se produzca el pequeño milagro de la escritura, sea buena, mala o regular”.

Poesía. Nuestra Poesía en el Tiempo (Siruela, 2009) es una muestra del género, que intenta abarcar nueve siglos de la mejor poesía española e hispanoamericana, a partir del Cantar de Mío Cid. La selección —sólo de poetas ya fallecidos— es del poeta, cuentista y ensayista Antonio Colinas, quien aclara que, pensado como un libro destinado “al niño adolescente, al joven”, […]”Hemos procurado que, al menos, haya un poeta representativo de cada uno de los países hermanos de América. […] Cada selección antológica responde a un canon estético. El nuestro ha sido el de la emoción y el latido humano, el de la intensidad y el fulgor”.

Romántico. La colección Tiempo de Memoria de Tusquets Editores ha publicado los libros de Rüdiger Safranski sobre Heidegger, Nietzsche, Schiller y Schopenhauer. Ahora aparece Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán (traducción de Raúl Gabás). Un libro que, en palabras del semanario Die Zeit, mezcla la erudición y la maestría narrativa del escritor alemán. Safranski nos explica en su prólogo que no sólo trata del romanticismo, sino de lo romántico, una actitud del espíritu que no se circunscribe a una época. “La mejor definición de lo romántico sigue siendo la de Novalis: ‘En cuanto doy alto sentido a lo ordinario, a lo conocido dignidad de desconocido y apariencia infinita a lo finito, con todo ello romantizo (Ich romantisiere)’ ”.

Sitio. Jean François Fogel y Bruno Patiño, reconocidos periodistas que colaboran en la versión digital de Le Monde, escribieron en La prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2008): “Un sitio es un flujo de contenidos periodísticos continuamente actualizados. Esto hace imposible que utilice dos elementos clave en la organización de los demás soportes de prensa: de un lado, un ciclo de producción que viene dictado por la hora de entrega al público; y, de otro, la actuación de un responsable capaz de conducir el conjunto del trabajo de una jornada laboral”. Sí, atrás quedaron las prisas para entregar a los periódicos las colaboraciones a tiempo, y de buscar como locos al encargado de que se fueran a imprenta y llegaran al día siguiente a manos de los lectores.

Twitteratura. Anuncia El Clarin.com: “La sucursal de Nueva York de la editorial Penguin acaba de anunciar el lanzamiento de un nuevo libro que combina la divulgación literaria con el fenómeno Twitter que llamará Twitteratura”. El libro Twitteratura, hecho —que no escrito— por dos alumnos de la Universidad de Chicago, comprimirá varios clásicos de la literatura universal a 20 tweets (unas 20 oraciones de unos 140 caracteres, incluyendo espacios) o menos. El arte de la síntesis en la era de la comunicación. ¿Será eso literatura?

Vasconcelos. Para saber de la obra de José Vasconcelos a cincuenta años de su muerte, nada mejor que revisar el libro Se llamaba Vasconcelos. Una evocación crítica (FCE) de José Joaquín Blanco, donde el autor hace esta reflexión final: “Su vida ya fue vivida. Pero en su recuerdo y en sus libros, los vivos pueden vivirla un poco. Y pocas cosas ofrece la cultura mexicana contemporánea tan enriquecedoras en cuanto vastedad, contradicción, energía y audacia. Como autor de variados contrastes, José Vasconcelos suscita demasiadas cosas, pone al lector a vivir abigarrada y convulsivamente; meses o años después de haberlo leído, sigue bullendo en las mentes con tal extraordinaria amplitud que atrae y rechaza por igual a los más opuestos lectores. […] No hay nada que concluir sobre Vasconcelos. Prefiero fijarlo adolescente, en su recámara de Piedras Negras, alguna noche del siglo pasado, cuando la excitación de un Destino ambicioso lo mantiene insomne”.

Zorzal. La editorial Libros del Zorzal acaba de publicar el libro del cardiólogo Carlos Tajer, El corazón enfermo. Puentes entre las emociones y el infarto. En El telar encantado, Bruno Estañol y Eduardo Césarman revelaron algunos misterios de la relación mente-cerebro, en Una lectura de la vida Arnoldo Krauss difundió los insondables caminos de la enfermedad. Ahora, en el posfacio de su libro, Tajer escribe: “He leído centenares de artículos y decenas de libros sobre el tema, y espero, con este material, haber logrado avanzar un poco en el conocimiento de uno de los mayores misterios de la medicina: la intuición de que la vida hace a las enfermedades y los tremendos obstáculos en comprender cómo y por qué, en lo que se refiere al infarto”.

Delia Juárez G. Editora y traductora. Su libro más reciente es Gajes del oficio. La pasión de escribir.