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En farmacología, el futuro ya está aquí. Uno de sus ejemplos más notables es la droga llamada modafinil. Apareció en el radar cultural a finales de los noventa, cuando los militares norteamericanos empezaron a probarla en pilotos que recorrían largas distancias. El uso extendido de modafinil puede mantener despierta y alerta a una persona más de 32 horas, y basta sólo una noche de sueño para volver a un horario normal.

Mientras que la Food and Drugs Administration sólo la aprobó para algunos trastornos de sueño, como la narcolepsia o la apnea del sueño, los doctores la recetan cada vez más para quienes sufren depresión y fatiga, y para viajeros frecuentes que cambian de horario. Yo soy uno de éstos. Como cada vez más profesionales, tengo una receta de modafinil para que me ayude a sobreponerme al jet lag cuando hago viajes internacionales. Cuando empecé a tomarlo era para que me mantuviera despierto; no esperaba que me hiciera más listo, pero es exactamente lo que ocurrió. El cambio fue sutil pero claro una vez que lo distinguí: a la hora de haberme tomado una tableta de 200 mg, estaba mucho más alerta y pensaba con una considerable mayor claridad y estaba más concentrado que lo habitual. No es una conclusión subjetiva. Un estudio de la Universidad de Cambridge, publicado en 2003, concluyó que el modafinil confiere un efecto de aumento cognitivo en varias actividades mentales, incluyendo patrones de reconocimiento y planeación espacial, y agudiza la atención y la viveza.

Fuente: Jamais Cascio, “Get Smart”, The Atlantic, julio-agosto 2009.