ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS: LA RECTA FINAL

POR ARTURO BALDERAS

Un 52% de los norteamericanos considera que Kerry podría conducir mejor la economía que Bush, quien alcanza sólo el 37% de aprobación en este renglón. Pero frente al problema del terrorismo y la seguridad interna, el 49% considera que Bush puede lograr un mejor desempeño que Kerry, quien tiene un 39% de respaldo en este tema.

Ultima llamada

En pocas semanas se sabrá quién gobernará Estados Unidos durante los próximos años. En política es difícil hacer vaticinios aun cuando se tengan abundantes elementos para ello. Para las elecciones del próximo 2 de noviembre la información disponible apunta a un empate entre el candidato del Partido Demócrata John Kerry y el del Partido Republicano y actual presidente George W. Bush. Pero como en esta contienda no puede haber empate, es necesario un esfuerzo para encontrar alguna o algunas de las claves que podrían resultar determinantes para la victoria de uno u otro candidato.

Hasta ahora, la plataforma política a partir de la que se ha construido el discurso de campaña de ambos ha estado dirigida más a la consolidación de su base política que al convencimiento de los votantes indecisos, que son los que presumiblemente decidirán las elecciones. En estos últimos hay dudas sobre lo que uno u otro candidato hará en relación al sistema de salud, al déficit fiscal o al desempleo. La guerra de Irak es un asunto sobre el que cada vez más norteamericanos están convencidos de que fue una equivocación. Sin embargo, el presidente y sus colaboradores más cercanos han logrado que el público en general asocie Irak con el terrorismo, por lo que aún se sigue creyendo que la invasión a ese país fue necesaria para combatirlo. Esto le da una ventaja al candidato republicano, que ha hecho del tema de la seguridad uno de los ejes de su campaña.

El escenario que pudiera dar alguna pista sobre lo que sucederá dentro de unas semanas, es la forma en que los electores votarán en aquellos estados en los que, por haber un gran número de votantes indecisos que pueden cambiar de opinión a última hora, se estima puede ganar cualquiera de los dos candidatos. Se trata de 14 o 17 estados en esta categoría, dependiendo de la fuente que se consulte. Su importancia varía según los votos que cada uno tiene en el Colegio Electoral. Los estados que tienen mayor peso dentro de esa instancia electoral son: Florida con 25 votos; Pennsylvania con 23; Ohio con 21; Michigan con 18; Wisconsin con 11; Missouri y Washington con 11, respectivamente. En las elecciones del 2000, Bush ganó en tres de ellos: Florida con un margen de .01%; Ohio con el 3.3% al igual que en Missouri. Los otros cuatro fueron para Al Gore, su contrincante de entonces, que ganó Pennsylvania con margen de 9.2%; Michigan con 5.3%, y Washington con el 5.8%.

Sin embargo, en las elecciones de 1996, cuando consiguió su reelección, Bill Clinton triunfó en todos esos estados, en algunos de ellos por amplió margen. La primera conjetura que se desprende de esos resultados es la inercia de los electores, que generalmente otorgan su voto al candidato que busca la reelección. En el último siglo las excepciones han sido Herbert Hubert, quien perdió la reelección en 1932 con Franklin D. Roosevelt a causa de la gran depresión que hundió la economía  de Estados Unidos a finales de los años veinte. Jimmy Carter perdió la reelección frente a Ronald Reagan por su falta de habilidad para lidiar con los problemas políticos internos y externos y, principalmente, debido la inflación que en los años de su mandato alcanzó los dos dígitos. Por último, George Bush padre perdió la elección en 1992 frente a Bill Clinton por la desastrosa situación económica. En esos tres casos el presidente en turno no ha conseguido la reelección por la combinación de diversos factores, pero el que ha resultado más determinante es el deterioro de la economía.

Otra vez la economía

 No hay que aguzar mucho la imaginación para establecer algún paralelo con lo que sucede ahora. De acuerdo con diversos economistas, el presidente Bush no es responsable ni de la crisis ni de la recuperación que ya se vislumbra. Es un ciclo en el que él ha tenido muy poco que hacer y hay signos de que la crisis “toco fondo” —para usar un término en boga para referirse al siempre hipotético caso de que la economía no puede estar peor—. Pero en ese mismo sentido, los expertos aseguran que debido al pobre manejo que hace de los instrumentos de política económica, el gobierno de Bush no pudo atenuar los efectos de esa crisis. Es más, una de sus importantes decisiones en materia fiscal fue determinante para agravarla: la devolución y el recorte de impuestos. Fiel al pensamiento neoconservador, y con el pretexto de estimular la demanda como medio para reanimar la economía, el presidente  no sólo recortó los impuestos sino que devolvió un monto importante de los que ya se habían cobrado. El resultado es que la economía de Estados Unidos tiene ahora uno de los más altos déficit fiscales de su historia. Los 600 dólares que en promedio recibieron buena parte de los norteamericanos por concepto de devolución de impuestos sirvieron de muy poco para aliviar su situación económica y mucho menos para estimular la demanda. Por otra parte, una vez más el sector peor librado de la crisis es el laboral. A pesar de que los índices muestran un paulatino crecimiento en el comercio, en la producción y en el mercado de valores, las cifras del desempleo no ceden. Mientras que la previsión del equipo económico del presidente era de que para julio se deberían haber creado 200 mil empleos, en realidad sólo 34 mil trabajadores pudieron reingresar al mercado laboral. Una situación similar ha prevalecido en los últimos meses, y el aumento de los puestos de trabajo ha quedado muy lejos de las predicciones optimistas del gobierno. Peor aún, los especialistas han expresado sus dudas sobre las posibilidades de que se recuperen los empleos que se perdieron en los últimos tres años. Los cambios en el proceso de producción y el crecimiento de la productividad se han traducido en un ahorro neto de mano de obra. La única forma de reincorporar a quienes han perdido su empleo es mediante la capacitación, pero será difícil que muchos de ellos se adapten a las nuevas exigencias del mercado laboral.

En términos generales, el descontento existente por el estado de la economía se refleja en una de las encuestas que la organización Pew realizó la primera quincena del mes de agosto: un 52% de los entrevistados consideraba que Kerry podría conducir mejor la economía que Bush, quien tenía sólo el 37% de aprobación en este renglón.

Irak, el terrorismo y la seguridad

Otros temas que pueden ser decisivos en las preferencias de los electores son la guerra de Irak, la cruzada contra el terrorismo y la seguridad. No obstante que el entorno del presidente ha insistido en relacionarlos, las encuestas demuestran que el público tiene diferentes opiniones sobre cada uno de ellos.

El 49% considera que el presidente puede manejar mejor el problema del terrorismo y la seguridad interna, y un 39% cree que Kerry puede hacerlo mejor. En el caso de Irak, no obstante los descalabros que Estados Unidos ha sufrido en ese país, no hay una clara ventaja de Kerry (46%) sobre el presidente (44%) en las encuestas. El candidato demócrata no ha podido capitalizar el descontento con la guerra en Irak por la ambivalencia de sus planteamientos y su timidez para explicar que su apoyo a la guerra se debió a la información equivocada del presidente y sus asesores en materia de inteligencia. A final de cuentas, la opinión pública no encuentra una gran diferencia entre los planteamientos de uno y otro candidatos sobre lo que hay que hacer ahí

Si las cosas siguen como hasta ahora, parece ser que el terrorismo  terminará siendo la tabla de salvación del presidente en la búsqueda de su reelección. En términos generales las encuestas señalan que su determinación para combatirlo es mucho más firme que la de Kerry. La estrategia del equipo del presidente es demostrar que sólo él puede poner a salvo a los norteamericanos de la amenaza terrorista. Sus colaboradores no han escatimado esfuerzos en realzar esa imagen a través de los medios de comunicación. El último ejemplo de ello fue la alarma sobre un posible ataque a las principales instituciones financieras del país. Con un despliegue de prensa poco usual, Tom Ridge, titular de la agencia interna de seguridad —Homeland Security—, alertó a los norteamericanos sobre la inminencia de dicho ataque y aplaudió la firmeza con la que el presidente ha conducido la lucha antiterrorista. Esas declaraciones le valieron acres críticas en diversos medios por politizar un asunto tan delicado para apoyar al presidente en su campaña de reelección.

DOS CAMPANAS, DOS ESTILOS

 Hay una clara diferencia en el estilo que los candidatos han impreso a sus campañas. Kerry ha insistido en hacer de su campaña un medio para el debate de los temas que considera sustantivos para muchos norteamericanos. La persuasión ha sido su método preferido. El equipo de campaña del presidente ha puesto el énfasis en atacar al candidato demócrata, frecuentemente con verdades a medias e inclusive difamaciones. Ejemplo de ello es la campaña orquestada por personajes cercanos a Karl Rove, principal asesor de campaña de Bush, en la que también han participado algunos de sus amigos, cuestionando el expediente de Kerry como héroe en Vietnam.

Por lo que se puede advertir hasta ahora, los republicanos están dispuestos a todo con tal de que su candidato sea reelecto, y usarán los medios que sean necesarios para lograrlo. Los demócratas continuarán apelando a los argumentos y tratarán de que el debate eleve su calidad, convencidos que es la estrategia más efectiva para ganar las elecciones. Dentro de unas semanas se verá quién tiene la razón. En último término, estas elecciones pueden ser un diagnóstico sobre la idea que los norteamericanos tienen de sí mismos y del país en el que quieren seguir viviendo. n