CULTURA Y VIDA COTIDIANA

POR ALEJANDRO DE LA GARZA

La nueva biblioteca

El proyecto cultural de mayor alcance del gobierno, por los recursos para desarrollarlo y su repercusión educativa, es la nueva Biblioteca de México. La idea de una gran biblioteca central fue cuestionada desde el principio por algunos integrantes de la comunidad cultural, y apoyada por los cercanos al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, promotor del proyecto y encargado de su desarrollo. En 2003 se realizó un concurso de arquitectura para seleccionar el proyecto de construcción del nuevo edificio. Este mes octubre se cumple un año del fallo del certamen que previo el inicio de las obras para 2004, en los terrenos de la vieja estación de trenes de Buenavista, al centro-norte de la ciudad de México.

Las opiniones en contra de la nueva Biblioteca de México señalan la reiteración del centralismo cultural y la probabilidad de que la edificación se torne un “elefante blanco” —con inagotable capacidad de absorción de recursos—, y dudan del beneficio para el sistema de bibliotecas y el país de estas construcciones utilizadas para prestigiar a funcionarios gubernamentales. A favor se apunta su pertinencia para el desarrollo y la modernización de la Red Nacional de Bibliotecas y se pone el acento en la contribución que, por sus características, tendría como instrumento tecnológico al servicio de la llamada “sociedad de la información”, con redes interconectadas a las bibliotecas de los estados y a los usuarios de internet en el país —calculados en más de cuatro millones en 2001 y en cerca de 20 millones para antes del fin de la década.

La precariedad de la economía gubernamental se hace patente en el sector cultural, donde a las limitaciones usuales de las agencias del Conaculta se han añadido restricciones mayores para concentrar los recursos en el proyecto de la nueva biblioteca. En las dos cuartillas sobre cultura contenidas en los anexos del cuarto informe de gobierno no hay información al respecto, y sólo se destaca el haber alcanzado la conexión a internet de 818 bibliotecas. A dos años de que concluya un sexenio evanescente vale preguntar: ¿Habrá biblioteca? ¿Hay tiempo todavía? ¿Se inaugurará el cascarón del proyecto a unos días de terminar el sexenio —como sucedió con el Centro Nacional de las Artes en 1994— dejando la tarea al siguiente gobierno? Misterio, decía el clásico.

ULISES EN ALEJANDRÍA

Mientras el enigma se resuelve, el denominado “usuario” de las bibliotecas habrá de resignarse a lo existente para su urbana odisea bibliotecaria. Por nostalgia, la primera biblioteca es la nacional de la UNAM. Se puede realizar una consulta previa por internet y con los datos obtenidos llegar por los nimbos del Centro Cultural Universitario a solicitar el libro buscado. Como la mayoría de los usuarios son estudiantes, el trato de los empleados es paternal cuando no malhumorado. Si no se lleva de antemano la clasificación del libro hay que consultar el catálogo en las pantallas de servicio para luego llenar una solicitud, anexarle una identificación y esperar a que el empleado del mostrador acceda a recibir el pedido. Con avaricia el encargado se retirará a buscar el material al área donde se atesoran los libros —se intuyen catacumbas oscuras y polvosas—. Los libros no pueden salir de la biblioteca y a veces el libro cuya existencia se confirmó por internet está en manos de algún investigador o en préstamo interbibliotecario. Su hemeroteca está completa aunque el sistema de carpetas de archivo resulta aparatoso y poco práctico. Hallazgo: la edición Taurus 1966 de Espíritu del tiempo, de Edgar Morin.

Ya por el sur de la ciudad, el periplo continuó camino al Ajusco, en la Biblioteca “Daniel Cosío Villegas” de El Colegio de México. El catálogo por internet está actualizado y precisa el número de ejemplares en existencia para evitar el viaje inútil. La solicitud se realiza con identificación oficial y los empleados —incluidos policías privados— mantienen una actitud vigilante, como si el usuario fuera un ladrón de libros en potencia. Su hemeroteca es eficiente en revistas. Hallazgo: la edición crítica de Al filo del agua, de Agustín Yáñez, publicada en 1992 por Arturo Azuela en España, y en México en la colección Archivos del Conaculta.

Previa consulta por internet, se impone luego la visita a la prestigiada biblioteca de la Universidad Iberoamericana, bautizada “Francisco Xavier Clavigero”, escrito así, con un eco del español antiguo y la solemnidad y el protocolo un tanto melifluos que distinguen a los ignacianos. La biblioteca está renovada en sus instalaciones y actualizada en su catálogo. No hay necesidad de tratar con ningún empleado de la biblioteca, por lo demás amables todos. Se puede consultar la pantalla de servicio, pasar directamente a los estantes a tomar el ejemplar buscado y sentarse a trabajar. Para llevarse el libro en préstamo se requiere una credencial de alumno o académico. Las penas por el incumplimiento en la fecha de entrega son severas y económicas. Hallazgo: Pasto verde, la delirante primera novela de Parménides García Saldaña editada por Diógenes en 1968.

LA VIEJA BIBLIOTECA

Después de los mínimos avances tecnológicos para consultar los catálogos en las computadoras de las bibliotecas, o en el mejor de los casos por internet, resulta patético llegar a la vieja Biblioteca de México para encontrar un montón de ficheros desparramados y en revuelto orden alfabético. Como gambusino hay que sumergirse en ellos para emerger sudoroso con la tarjeta del material buscado en la mano cual pepita de oro. El magnífico edificio de la Ciudadela está siendo remozado y al parecer se ha iniciado ya la digitalización del catálogo, mientras tanto, hay que sumarse a los ruidosos grupos de estudiantes de secundaria para intentar la búsqueda. Paradójicamente, a punto de perder la esperanza y la paciencia, en un desordenado fichero apareció la pepita de oro: la edición Joaquín Mortiz 1975 del huidizo Mediodía, el muy irregular libro de Parménides García Saldaña que no se encuentra en ninguna otra biblioteca. Ya con el número de catálogo se elabora la solicitud y, previa identificación, se puede tomar el libro. La hemeroteca funciona aunque no está completa.

Anexo a esta biblioteca, en el mismo edificio de la Ciudadela, está el Centro de la Imagen, con su estrecha y apretujada biblioteca de materiales sobre artes plásticas, iconografía, video y multimedia, exposiciones, periodismo gráfico y fotografía, todo más o menos catalogado en una base de datos. Interesantes materiales de este tipo, y sobre todo de teatro, se pueden consultar también en la organizada biblioteca del Centro Nacional de las Artes, al sur de la ciudad, donde el servicio es rápido aunque persiste el tono paternal. El hallazgo: una tesis de la investigadora teatral Guillermina Fuentes sobre la historia del Teatro Ulises.

Aunque hoy está convertida en una biblioteca casi escolar, por la fama que tuvo durante los años sesenta, vale mencionar la Biblioteca “Sebastián Lerdo de Tejada” de la Secretaría de Hacienda, que fue presidida por Agustín Yáñez. Primero estuvo en el Palacio Nacional, pero en 1970 se instaló en lo que fuera la iglesia de San Felipe Neri, ubicada en la calle de República de El Salvador y anexa al convento franciscano cuyos claustros sirven hoy como oficinas de la Secretaría. Es un magnífico templo virreinal con el atractivo extra de los murales de Vlady. El material se solicita al empleado del mostrador, quien consulta el catálogo en alguna de las escasas computadoras existentes. Es un recinto muy visitado por grupos escolares y su hemeroteca está organizada. Hallazgo: un ensayito sobre José Revueltas publicado en el suplemento Libros del periódico El Nacional en 1993, escrito por el guía de esta tourne.

The library Para cerrar el viaje, hay que atracar en la colonia Juárez, en la vieja Biblioteca “Benjamín Franklin”, perteneciente a la embajada de Estados Unidos. Las instalaciones de la vieja casona, readaptadas en el 2002, son discretas pero eficientes y fueron modernizadas con una red de computadoras en línea. Una vez rebasado el detector de metales, el usuario se detiene frente a una gruesa puerta metálica, mientras desde el otro lado, a través de un cristal blindado, un vigilante hace tina revisión visual del visitante. Esa detención forzada frente a la pesada puerta tarda cerca de un minuto y el usuario sospecha que está siendo filmado en video. Ya adentro todo es amabilidad y buen trato. Se puede consultar la base de datos y se ofrecen computadoras para una treintena de usuarios. Cuenta con las revistas literarias estadunidenses así como los principales diarios de ese país. La Franklin ofrece variados servicios paralelos además de avisos por servicio postal o correo electrónico de las novedades. Hallazgo: The bulldog, short story de Arthur Miller publicada en 2002 en la revista New Yorker. Fin del viaje.

LIBROS DE COYUNTURA

 En las mesas de novedades de las librerías se esparcen con generosidad las ediciones de los llamados “libros de coyuntura”. Análisis de temas políticos y acciones de gobierno, reflexiones sobre la economía o la nonagésima crisis; retratos, perfiles o caricaturas de hombres y mujeres de la clase política, rumores, denuncias y revelaciones escandalosas, prospecciones sobre la próxima elección presidencial. Entre la especulación y el “refrito” periodístico la mayoría de estos textos surgen del oportunismo y el deseo editorial de lograr un “éxito” de librería que garantice ventas rápidas. Pero la mayoría de estos textos carecen de fuerza narrativa y cuidado del lenguaje, limitándose a exponer con apresuramiento hechos “trascendentales” rápidamente olvidables. Estas letras de coyuntura con frecuencia no alcanzan un aliento literario ni cumplen el requisito de una escritura trabajada. En esos casos pareciera que el fin (exponer ciertos hechos, por ejemplo un caso de corrupción o una maniobra política sucia) justifica los medios para hacerlo (una escritura urgente, descuidada).

Trascender la coyuntura

 El asunto tiene que ver con la promiscuidad entre el periodismo y la literatura, y también con el placer que una escritura bien lograda (el oficio) despierta siempre en el lector. ¿Cuándo una escritura periodística, informativa y útil, empieza a convertirse en una narración literaria transformadora? La respuesta está en el autor. Un ejemplo directo del trabajo en el límite entre el periodismo y literatura es el libro Crónicas de guerra, de Rubén Cortés (Cal y arena, 2003), único corresponsal de prensa escrita de nuestro país enviado a Afganistán e Irak. Estas crónicas, iniciadas en Kandahar, Afganistán, en noviembre de 2001 y culminadas en Bagdad en mayo de 2003, equilibran fuerza y contención narrativas para describir la guerra con sus horrores y desdichas. Esa fuerza narrativa —tensión descriptiva, sensación de fatalidad irrecusable, rescate de lo profundamente humano— hace posible describir contra el dolor ese mundo terrible sin salir corriendo. Y esa contención —íntimo pesar, serenidad y concentración en la escritura de los hechos— permite narrar sin entregarse al drama o la tristeza más irremediable por la vida de Alí Nawaz, niño de 11 años hecho hombre a fuerza de violencias, o por el sufrimiento infinito de Sahiri cuando en unos segundos pierde a su marido, a sus siete hijos y un brazo por la explosión de una bomba estadunidense. El equilibrio, la exactitud de esta escritura surgida desde el absoluto desequilibrio, trastoca el libro, lo convierte en testimonio invaluable de la “la derrota de la inteligencia”, y lo impulsa a trascender la coyuntura para alcanzar la permanencia al lado de los textos de Kapuscinski, Reed, Orwell y otros clásicos del género.

PERIODISMO, LITERATURA Y NARCOTRÁFICO

Viento Rojo. Diez historias del narco en México (Plaza Janés/ Random House /Mondadori 2004), convoca a diez autores a la movible frontera entre los géneros periodísticos y la narración literaria. Diversas interpretaciones sociales y culturales del fenómeno del narco y algunas características de la evolución del consumo de estupefacientes en México, son trazadas aquí por Carlos Monsiváis; mientras Mónica Lavín ahonda en la imaginería popular para perfilar a las damas del narco y su rico simbolismo de género. Jesús Blancornelas recuenta en una descripción casi forense los estilos de ejecuciones practicadas por los narcos y los saldos de sangre dejados a su paso; al tiempo, Vicente Leñero relata, cuenta, imagina un narco-asesinato verídico y lo narra con los recursos de su maestría literaria. Sergio González Rodríguez deriva una historia de su controvertida indagación sobre las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (Huesos en el desierto, Anagrama 2002) para ratificar su capacidad como narrador e investigador periodístico, en tanto Marco Lara reconstruye el proceso de conformación de las bandas y la criminalidad por drogas en los barrios bravos de Iztapalapa. Juan José Rodríguez relata la muerte azarosa de un capo insospechadamente poderoso y, más adelante, Héctor de Mauleón ofrece una visión precisa del narco mundo mexicano merced a la confesión de un prisionero clave. Al final, Elmer Mendoza ficciona sobre magnicidios y acuerdos de narcos con candidatos presidenciales, y David Aponte actualiza casi hasta ayer las indagaciones de nexos entre narcos, militares y agencias policiacas. Del análisis y la interpretación cultural a la mejor narrativa estilo non-fiction novel, y de ahí a la investigación documental y el reportaje periodístico, este volumen construye una decantada visión periodística y literaria, verídica y terrorífica, del narco en México y su carga de dólares y cadáveres.

PERIODISMO E INVESTIGACIÓN

En el nombre del Padre. Depredadores sexuales en la Iglesia (Océano, México, 2004), de Carlos Fazio, tiene el título de uno de esos estridentes libros de coyuntura publicados aprovechando el escándalo del momento. Nada más alejado de la realidad de esta exhaustiva y profunda investigación sobre uno de los temas delicados en la historia de la institución eclesiástica. Fazio estudió historia y se nota su inclinación a la investigación, al análisis pormenorizado, la búsqueda hemerográfica, los testimonios comprobables. De ahí que cuando le propusieron tratar el tema, precisamente cuando el escándalo lo hacía notorio, haya decidido evitar un panfleto circunstancial y dedicar dos años a aprender y trabajar sobre el asunto. El resultado es este libro de cerca de 500 páginas, dividido en dos partes y un largo e inusitado anexo. La primera parte se enfoca al tema a partir de lo sucedido con los religiosos estadunidenses acusados de pedofilia en 2002, señalamientos que terminaron con indemnizaciones millonarias a las víctimas, alguna destitución formal, y el ocultamiento y la protección en otros casos.

La segunda parte se enfoca a los casos mexicanos. Documenta aún más, con nuevos datos y testimonios, el conocido affaire del superior de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, repetidamente acusado de abuso de niños y adolescentes. El influyente personaje ha sido protegido por la Iglesia al grado de permanecer impune.

Más adelante, la investigación documenta asimismo, con pruebas y pormenores, el caso del ex nuncio apostólico del Vaticano en México, Girolamo Prigione, quien sostuvo relaciones sexuales con las monjas que daban servicio a la Nunciatura, pertenecientes la congregación Hijas de la Purísima. Se destaca su relación particular con sor Alma, con quien vivió en concubinato por casi tres lustros. El importante personaje ha sido un poderoso y temido burócrata del Vaticano desde hace más de 50 años, y en México negoció con el presidente Carlos Salinas el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y el nuevo estatus legal de la Iglesia en México a partir de 1993. Por sus acciones non sanctas perdió la posibilidad de ser cardenal.

El anexo del libro es un documento vaticano secreto que establece las políticas a seguir por la iglesia católica en todo el mundo en los casos de solicitación. El silencio parece su propuesta central. A lo anterior se añaden enfoques jurídicos, psicológicos y religiosos sobre el tema y sobre la sexualidad, el celibato y la homosexualidad de los ministros religiosos. Al final de esta aventura de periodismo e investigación, queda este libro definitivo sobre el tema, tomo casi enciclopédico cuya utilidad, efectiva desde hoy, será aún mayor cuando el asunto resurja a la luz de una nueva coyuntura.

PERIODISMO Y NOVELA

Para responder a una pregunta de su hija el escritor campechano Rafael Ramírez Heredia viajó a la frontera sur de nuestro país a escribir un reportaje periodístico a las puertas del infierno. Atestiguó el tráfico de gente, drogas, armas, mujeres, niñas, migrantes; y cómo la muerte se ensaña en esas selvas calurosas encarnada en las partidas de tatuados jóvenes asesinos conocidos como la Mara Salvatrucha, la marabunta salvadoreña. Así lo ha comentado el escritor campechano al describir cómo el complejo y ancho reportaje se le fue tornando literatura con densidad y vida, cómo se trastocó el relato periodístico en narrativa novelesca y dio por resultado su reciente libro La Mara (Alfaguara, 2004). Ramírez Heredia es un escritor experimentado, de larga carrera, con una pluma fuerte de escritura atractiva que controla con precisión. Aquí despliega sus recursos narrativos, describe la exhuberancia del selvático paisaje, al ahogo ante la terquedad del calor, la miseria de las callejuelas mugrosas de Tecún Umán en Guatemala, o de Ciudad Hidalgo en México, sus bares de sangre y sus burdeles de infecciones y chinches, la muerte y la violencia gratuitas. Con paciencia va recreando a los personajes tomados de la realidad, al fantástico tren monstruoso, a los fantasmales cuerpos de la selva y el río, los tatuados muchachos de La Mara con su lágrima eterna pintada en la mejilla. Por momentos lenta, reptante, larga, la novela parece replegarse sobre sí misma con la impronta de una marea que se retira, para volver luego vehemente, torrencial, embravecida por la violencia y la sangre que describe. La visión deja al lector en el azoro estático. La Mara o de cómo el relato de coyuntura se trastoca en arte narrativo.

LOS MEDIOS QUE MERECEMOS

Este otoño llega a los aparadores otro caso de la tierra de la fantasía regida por las televisoras y las revistas del corazón. El hecho reitera las enormes lagunas en la legislación de los medios de comunicación y el afán de prófito como motor de esta industria mediática. La actriz Michelle Vieth fue grabada en video sosteniendo relaciones sexuales con un hombre del que no se ve el rostro, pero que al parecer es el ex esposo de la joven actriz. Hasta ahí el inofensivo asunto privado. Pero según declara la ofendida, el propio ex esposo dio a conocer los videos a una revista y una televisora para perjudicarla, haciendo de los banales hechos privados, escandalosos hechos públicos. La revista elevó su tiraje, la televisora subió su rating y al parecer no hay manera de demandar a alguien o de obtener alguna protección para la mujer en desgracia. Hoy la grabación se vende en cualquier puesto callejero de videos ilegales y las fotos del mismo circulan por la red. ¿Quién se beneficia? ¿Quién lucra con estos casos? ¿La industria mediática?¿Qué público está ávido de basura y escándalo?

El hecho sucede en los momentos en que el caso emblemático de la especie mediática está por resolverse en los juzgados: el proceso penal en contra de Gloria Trevi, María Raquenel Portillo y Sergio Andrade, acusados de varios delitos sexuales practicados contra una media docena de muchachas menores de edad. Hace unos años el caso fue el clímax de la competencia entre las televisoras. Todos profitaron con la tragedia, juzgaron y condenaron en los medios a los protagonistas, recurrieron al escándalo y el amarillismo en la disputa por un público absorto ante los excesos. Las revistas hicieron su agosto, se publicaron varios “éxitos” de librería sobre el tema y hasta algunos padres de las víctimas, niñas de entre 14 y 17 años, medraron con la situación. El fenómeno mediático fue antiejemplar: al margen de la comprobación de los delitos, la asignación de responsabilidades y penas, y del proceso legal en su conjunto, cada cual se llevó un pedazo de la presa, un beneficio económico, un mejor rating, un tiraje mayor. Ahora que se ha anunciado para octubre la sentencia correspondiente, los medios —que no han cambiado mucho— han de afilarse las garras para atacar nuevamente. Más ahora que el olímpico fracaso deportivo hizo lucir excesivo y banal, cuando no ofensivo, el inútil y criticado despliegue televisivo en Atenas de las dos mayores compañías mediáticas del país y su séquito de cómicos mediocres. Incluso una televisora pública, con pedantería e ingenuidad sorprendentes, se lanzó a la búsqueda del rating “culto” con Las Olímpicas banalidades de siempre. Con medios de comunicación arbitrarios, poderosos y enriquecidos ¿qué nos espera en el 2006? “El mundial de Alemania”, podría contestar el comentarista deportivo más cercano a su corazón —con su comediante de cabecera al lado—comprobando que tenemos los medios que merecemos. n