De Historias de caza

Una mañana de agosto, el timbre resonó en la casona del doctor Pablo Morales asustando a los gatos que rondaban el patio en busca de carroña. Aunque estaba dedicado al tedio, el taxidermista tardó en abrir, demorándose en los pasillos de ambiente enrarecido que se alargaban en la penumbra. El sonido siempre impertinente del timbre todavía irrumpió un par de veces en el silencio del vecindario antes de que el doctor respondiera a su llamado para encontrarse con un desconocido que preguntaba por él y que le pidió que le firmara unos recibos. El doctor Morales dudó un momento antes de escribir su nombre de manera estilizada para recibir por ello una enorme caja de madera con grandes sellos que advertían acerca de la fragilidad de su contenido. Aunque estaba acostumbrado a desempacar ese tipo de embalajes, esperó algunos días para hacerlo, sin confesarse que sentía miedo. Cuando deshizo el sólido empaque ayudándose con desarmadores, martillos y no pocos ardides, tardó en identificar su contenido que, luego de un breve desconcierto, consideró como un error, una amenaza o una broma, pues se trataba del tigre blanco que había obsesionado al ingeniero Tinoco. Nunca supo si la presencia de aquel animal lo intimidaba o si el miedo que le despertaba lo había atraído como una presencia inquietante, de la que intentó desprenderse en vano. Trató de devolvérselo a su dueño, pero no pudo encontrarlo porque su casa se había convertido en un terremoto baldío y sus pesquisas lo llevaron a comprender que el ingeniero no había logrado interesar a nadie, pues se ignoraba su paradero.

Javier García Galiano: Historias de caza, Editorial Ficticia,Mexico,2003,9 pp.