El proceso de gestión del riesgo se compone de cinco pasos:

1.- Identificar el riesgo: reconocer y describir los riesgos.

2.- Analizar el riesgo: Determinar su posibilidad de ocurrencia y las consecuencias que tendría en caso de que el riesgo se verificara.

3.- Evaluar el riesgo: Determinar la magnitud de los daños en caso de que se verificara.

4.- Tratar el riesgo: Desarrollar planes de prevención y de contingencia así como medidas de mitigación de los riesgos residuales.

5.- Monitorear el riesgo: Vigilar la evolución de los riesgos, sus potenciales alteraciones o agravaciones.

El sismo del pasado 19 de septiembre ha dejado ver claramente que la política pública en materia de gestión de riesgos, —al menos en materia de terremoto—, está en un estado precario.

Hace tiempo se viene hablando del Atlas de Riesgos, en el cual el Gobierno de la Ciudad ha invertido una suma que rebasa la centena de millones de pesos; sin embargo, tal documento no ha sido publicado, pese a las insistentes solicitudes que se han formulado al amparo de la ley de transparencia. No podemos decir por ende que hemos avanzado siquiera en el primer paso del proceso que es Identificar el riesgo.

Más aún, no solamente los fenómenos de la naturaleza representan riesgo sino las edificaciones y construcciones representan, en sí mismas, un riesgo más: tanto por su capacidad de respuesta a los fenómenos naturales que les embisten, como por su propia dinámica y funcionamiento.

Si se desconoce entonces el riesgo, poco o nulo análisis puede hacerse del mismo. Jamás se han hecho cálculos estadísticos de pérdidas probables en función de los cuales se hayan establecido mecanismos para afrontar el riesgo. Ciertamente en el pasado se ha creado mecanismos tales como el Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) de los cuales se pueda echar mano en caso de que sobrevenga el siniestro; no obstante, hasta ahora, el procedimiento para disponer de los fondos es tortuoso y algunas veces un mecanismo clientelar para fines proselitistas.

La respuesta del gobierno de la Ciudad dejó claro que no ha habido avance alguno en el cuarto punto del proceso : desarrollar planes de prevención y de contingencia así como de mitigación de los riesgos. No obstante el sismo tocó apenas unas horas después del mega-simulacro que tiene por objetivo conmemorar aquella catástrofe que vivimos en la misma fecha pero 32 años atrás; aparte de ese desordenado ejercicio no existe agenda alguna para la puesta en marcha de los planes de contingencia en caso de catástrofes. Mucho antes de que el gobierno reaccionara, la ciudadanía salió a la calle a emprender labores que iban desde el rescate de víctimas hasta la coordinación del tránsito. La respuesta de la Delegación Cuauhtémoc fue la de bajar la cortina, suspendiendo cualquiera trámite ante aquella dependencia; es decir, no solamente el gobierno fue lento y omiso durante la contingencia sino que además en una situación delicada, generó ausencia de gobierno.

Aún a la fecha la autoridad no se ha manifestado de forma clara y contundente acerca de los inmuebles que quedaron maltrechamente en pie y que representan un riesgo inminente para la ciudadanía;  ya hay —al menos dentro de los límites de la Delegación Cuauhtémoc— una lista pública de inmuebles en peligro de derrumbe, sin embargo en tanto dictan procedimientos para llevar a cabo las medidas de mitigación del riesgo que pueden ir desde reparaciones hasta demoliciones, el peligro en la demora puede cobrar aún más vidas de las que ya se cobró el propio terremoto.

No hablemos siquiera del quinto paso del proceso de gestión de riesgo.

Como en el 85, las Colonias Roma e Hipódromo sufrieron daños sensibles. Como hace 32 años, el éxodo ha comenzado. Los inmuebles que se cayeron en el sismo de la misma fecha pero de este año, jamás debieron de haber sido ocupados. El sismo del pasado 19 de septiembre no debió de haber cobrado una sola vida. La naturaleza no tiene una agenda de muerte; los sismos no matan, en cambio, los edificios sí. ¿Pudo haberse evitado la tragedia? Sí. La respuesta: un atlas de riesgos que de manera clara y precisa, pública y gratuita, hubiera dado a conocer las condiciones de riesgo de las zonas afectadas (se habla ahora de una falla geológica que atraviesa la delegación Cuauhtémoc) así como una certificación pública de las condiciones de habitabilidad de todos y cada uno de los inmuebles que se encuentran dentro de la demarcación.

Los habitantes de las colonias Roma e Hipódromo queremos saber: queremos saber cuáles son las condicionantes naturales de los suelos donde se levantan nuestras viviendas y nuestras oficinas y queremos también saber cuáles son las condiciones estructurales y de habitabilidad de los inmuebles donde trabajamos, comemos o bajo cuyos techos dormimos. Es responsabilidad del gobierno la salvaguarda de la población y para ello está obligado a informar. Además del atlas de riesgos que tanto se ha demandado, los vecinos de la Delegación Cuauhtémoc exigimos un censo de inmuebles y una certificación —sin compromisos— de las condiciones de seguridad y de habitabilidad de los mismos.

Salvador de Maria y Campos Quesada

 

2 comentarios en “La Ciudad de México y la gestión del riesgo

  1. El plan delegacional es my claro en cuanto al riesgo alto a la sismisidad…”En la Delegación se localiza una falla geológica que va de surponiente a nororiente, la cual atraviesa la parte
    central del territorio delegacional en las colonias Hipódromo Condesa, Condesa, Roma Norte, Juárez, Cuauhtémoc,
    Tabacalera, Guerrero, Morelos, Peralvillo y Maza. ” Programa Delegacional de Desarrollo en Cuauhtémoc 2013-2015

  2. La identificación del riesgo sísmico se debe reflejar en el reglamento de construcciones. La negligencia e ineptitud del estamento científico ligado al poder político se ha negado a reconocer las características de los patrones de amplificación dinámica del movimiento sísmico en la ciudad. Es imposible pensar en una gestión del riesgo en estas condiciones: http://www.nexos.com.mx/?p=34042

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *