El 5 de agosto Trump agradeció y retuiteó el tuit de un robot, agregando: ¡“Gracias Nicole!”.  Ese fue el mensaje de Trump, junto al hashtag #protrump45 de una tal Nicole Mincey. Supuestamente Trump le contestaba a una de sus más fervientes seguidoras, pero luego se descubrió que la cuenta es en realidad de un “bot” (un robot cibernético), cuyo programa consistía en retuitear mensajes que acusaban al Washington Post y a CNN de publicar “noticas falsas” (fake news), y en remitir a lectores a la página web protrump45.com, que vende parafernalia trumpista. Aunque en realidad no sea sino un pequeñísimo y humilde programa, “Nicole Mincey” es una quimera trompista de hueso colorado, porque se dedica a las dos actividades preferidas del personaje: desautorizar a la verdad, y ganar dinero con cualquiera de las marcas Donald Trump.

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Ilustración: Patricio Betteo

Según el New York Daily News, el presidente Trump tiene ya 31 millones de seguidores en Twitter. Es un número bastante impresionante, sin embargo, una auditoría realizada por Twitter concluyó que de esos 31 millones de seguidores, 15 millones eran bots. O sea que la mitad de los seguidores de Trump son robots dedicados a tareas parecidas a las que realizaba “Nicole Mincey”, hasta que esa cuenta fue desaparecida por Twitter. Se trata de retuitear difamaciones contra la oposición, aplaudir la eficacia real o supuesta del presidente, y dirigir a sus seguidores de carne y hueso a tiendas de internet donde puedan comprar las gorras, camisetas, ungüentos, elíxires del charlatán-en-jefe.

En su conmovedor mensaje agradeciendo a “Nicole”, Donald se ha mordido la cola, agradeciéndole de ese modo a uno de los 15 millones de robots que se encargan de magnificar los dichos de sus aliados, atacar a sus enemigos al unísono y, al final, venderles cachivaches.

En Blancanieves la reina mala consulta con un espejo mágico, cuya magia consiste en decir la verdad. Así que cuando la reina pregunta “¿Quién es la más bella?”, puede recibir una respuesta descorazonadora. Blancanieves puede ser la más bella, por ejemplo. 

Donald Trump ya no tiene ese problema. Su popularidad entre los humanos no fue nunca lo que hubiera querido: ganó la presidencia con tres millones de votos menos que Hillary Clinton, y su ceremonia de inauguración estuvo medio vacía. Cada uno de esos detalles fue enfrentado valerosamente, con la negación. Trump afirma que “barrió” el Colegio Electoral con un triunfo “histórico”, y que los noticieros truquearon las fotos de su inauguración para hacer parecer que había ahí menos de la mitad del número que asistió a la ceremonia de investidura de Obama (como fue el caso).

En la misma veta, hace un par de semanas, Trump declaró que su base de apoyo popular ahora es “más fuerte que nunca”, cuando en realidad, según las encuestas, sus tazas de aprobación están estancadas en un 38% o han disminuido hasta el 32%, según análisis de Aaron Blake, publicado por el Washington Post. La popularidad de Trump es la más baja que ha tenido un presidente de Estados Unidos, desde que comenzaron a medirse las tazas de aprobación, y su “base” no está “más fuerte que nunca”, como afirma el presidente, sino que se está desgastando. Entre los republicanos que siguen aprobando a Trump, una proporción importante ha pasado de “apoyarlo fuertemente” a apoyarlo con tibieza. 

Pero son detalles.

¡Nada que no resuelva fácilmente la Cámara de Eco Mágica! Cosa de pronunciar las palabras mágicas: “Tuitercito, tuitercito, ¿quién es el líder más grande del mundo?”. Y el ejército de bots sembrados entre sus seguidores en Twitter responde al unísono: “No hay nadie sino tú. Oh, Gran Trump”. Y luego manda a todos sus seguidores de carne y hueso a la Tienda de Artículos Militantes y Estridentes (marca registrada).

Como reconocimiento indispensable de quienes tanto bien hacen a la patria, el Patriarca Presidente ocasionalmente se fija en alguno de los humildes bots, que tan bien lo sirven, y se toma un breve instante para responderles. ¡En la política importan tanto esta clase de detalles! El Príncipe debe reconocer al Mendigo. Sentir lo que el mendigo siente. Saber ponerse en su lugar. Tomando en cuenta justamente la regla dorada de la política, que consiste en no desdeñar nunca a tus bases de apoyo, por humildes que sean, Trump lleva sus dedos nerviosos al iPhone, y conmoviéndose con esta imagen de sencillez republicana escoge a la más humilde de su ejército de 15 millones de “Twitter-bots”, una robot afroamericana pero que apoya a Trump, y le hace un reconocimiento que no olvidará nunca uno sólo de sus leales bots: le habla por su nombre. 

Así, desde el excusado de la Casa Blanca, Trump tuitea: “¡Gracias Nicole!”… Y luego jala.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

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