Importancia de conocer la distribución del ingreso

El México de hoy es un país diverso y heterogéneo, donde hay individuos y empresas que prosperan enormemente, mientras que existen segmentos de la población que están sobreviviendo en condiciones paupérrimas. En este contexto surge la interrogante de quién se beneficia con la creación de valor económico en nuestra sociedad. Esta pregunta está íntimamente relacionada con la distribución del ingreso, la cual es uno de los principales elementos distintivos de toda sociedad.  Ella nos habla de cuánto del ingreso total de los hogares le corresponde a cada hogar.  Conocer sobre la distribución del ingreso no sólo nos ayuda a perfilar el reflejo económico de los arreglos sociales imperantes, sino que es una herramienta útil para diseñar cambios sobre los mismos, de forma que resulta fundamental para modular y dirigir los esfuerzos de la política social, incluyendo el combate la pobreza, así como las acciones para fortalecer el capital humano y facilitar el acceso al capital fisco de los grupos más desfavorecidos. Asimismo, ofrece información relevante para diseñar la distribución de la carga fiscal entre los diferentes miembros de la sociedad.

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Ilustración: Víctor Solís

Limitaciones de las encuestas

Con todo lo importante que es, contar con una medición fidedigna de la distribución del ingreso tiene sus dificultades.  Muy frecuentemente esta información proviene de encuestas en hogares, las cuales, si bien han probado ser un instrumento útil, también es cierto que tienen limitaciones.   Por una parte, los diseños muestrales, al construirse como representativos de las características sociodemográficas de la población en estudio, hacen sumamente improbable que los hogares de los súper-ricos, que a pesar de ser muy pocos concentran una parte sustantiva del ingreso total, caigan en la muestra.1 Este problema se ilustra mejor si consideramos a manera de ejemplo que el ingreso más alto reportado por la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2012 resulta de menos del 0.1% del correspondiente reportado por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) para ese mismo año.   Al hecho de que las encuestas de ingresos sistemáticamente dejan fuera a los hogares con ingresos extraordinariamente altos, le llamamos truncamiento.

Un segundo problema con las encuestas es el sub-reporte, que resulta de informantes que tienden a responder el cuestionario con ingresos inferiores a los que realmente reciben, debido a una diversidad de razones que incluyen ignorancia o conocimiento incompleto de los ingresos de algunos miembros del hogar, la no identificación de determinadas fuentes de ingreso (por ejemplo, si una señora que vende quesadillas se come algunas, ellas deberían contar como parte de su ingreso), temor de beneficiarios de programas sociales a ser excluidos de los beneficios de los mismos, suspicacia respecto de las consecuencias fiscales de declarar su verdadero ingreso y miedo a ser víctimas de la delincuencia, entre otras posibles causales. 

La brecha con cuentas nacionales

Así las cosas, si tomamos por bueno el ingreso agregado de los hogares reportado por las Cuentas Nacionales en la cuenta del Sector Institucional de los Hogares,2 la diferencia entre ese valor y el reportado por la encuesta se debería en buena medida al truncamiento (concentrado en la parte más alta en la distribución)3 y al sub-reporte (que en principio puede ocurrir a lo largo de toda la distribución).  En el caso de México esa diferencia es singularmente importante, dado que el ingreso total de los hogares reportado por las Cuentas Nacionales para 2014 es 2.6 veces mayor del que indica la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de ese mismo año.4

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Ilustración 1. Ingreso corriente total promedio por hogar. Pesos al trimestre (precios constantes de 2014).
Fuente: Cálculos propios con información del INEGI: Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM) y Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).

Esta diferencia entre fuentes ha invitado a diversos esfuerzos de conciliación que buscan recuperar la consistencia macroeconómica del ingreso promedio reportado por las cuentas nacionales con el detalle microeconómico de la distribución captada por las encuestas.  Por ejemplo, como paso previo a la medición de la pobreza en América Latina y El Caribe, la CEPAL ha usado por muchos años la metodología desarrollada por Altimir (1987) para “ajustar” a Cuentas Nacionales los ingresos de los hogares provenientes de las encuestas generadas por las autoridades estadísticas de los países de la región.  Asimismo, la OCDE y el Grupo de Expertos de Alto Nivel (sucesor de la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi), el Instituto de Compromiso por la Equidad (Commitment to Equality), y la Escuela de Economía de París, entre otros, han estado trabajando para desarrollar “cuentas nacionales distributivas”. Para el caso específico de México, ha habido un renovado interés en el tema en los últimos años, con trabajos como los hechos por Campos, Chávez y Esquivel (2014), Bustos (2015), Jorda y Niño-Zarazúa (2016), Bustos y Leyva (2016 y 2017), Del Castillo (2017), así como por Reyes, Teruel y López (2017) y Cortés y Vargas (2017), entre otros.5

Hacia una versión más realista de la distribución del ingreso

Nuestro enfoque, denominado Máxima Pseudo-Verosimilitud Restringida (MPVR),6 aborda la necesidad de conciliación antes señalada sumando a la ENIGH y a las Cuentas Nacionales una tercera fuente de información que resulta especialmente útil para recuperar la dimensión “micro” de la parte más alta de la distribución: los ingresos declarados al SAT por las personas físicas.7 En este trabajo, hemos ajustado la familia de distribuciones conocida como Gamma Generalizada (GG) a datos de las encuestas levantadas entre 2008 y 2014. Asimismo, hemos considerado dos restricciones: (i) que la media de la distribución ajustada sea igual al ingreso promedio de los hogares, según Cuentas Nacionales, y (ii) que el ingreso promedio del millonésimo de los hogares con ingresos más altos en el modelo coincida con el promedio correspondiente en el registro de declaraciones fiscales.

Desigualdad

Un primer resultado hace referencia al coeficiente de Gini (que indica menor desigualdad a medida que se acerca a cero y mayor desigualdad a medida que se acerca a 1).  Considerando el periodo que va de 2008 a 2014, y teniendo en cuenta que la ENIGH sólo se levanta en años pares, vemos que el Gini que resulta del modelo es cerca de 40% mayor que el que se obtiene directamente de la ENIGH.  Esto significa que una vez que combinamos en el modelo MVPR la información de la ENIGH, las Cuentas Nacionales y del SAT, podemos observar que la desigualdad económica es bastante mayor de lo que la encuesta por sí sola nos permite ver. 

Similarmente, notamos que el ingreso promedio del 10% de los hogares ubicados en la parte más alta de la distribución sería en realidad de más de 55 veces el del 10% de los hogares con menores ingresos, cifra claramente superior a la de alrededor de 25 veces que sugieren los datos de la ENIGH. Asimismo, el modelo nos dice que el 1% de los hogares con mayores ingresos concentra entre 19% (2012) y 22% (2014) del ingreso corriente total de los hogares del país. Similarmente, el 0.1% con más ingresos se quedaría con entre 6.5% (2012) y 8.6% (2014) del ingreso corriente total y el 0.01% acapararía entre 2.0% (2012) y 3.2% (2014) del total. Finalmente, el 1 millonésimo con más ingresos recibe entre 0.2% (2014) y 0.4% (2012) del ingreso corriente total de los hogares, es decir, entre 2000 y 4000 veces más lo que le correspondería dada su participación en el total de hogares. Es importante señalar que no tiene sentido comparar estas cifras con las que sabemos subestimadas de otros países o regiones.

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Ilustración 2. Gini
Fuente: Cálculos propios con información del INEGI: Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) y Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM); y del Sistema de Administración Tributaria (SAT).

Pobreza

Un resultado importante del modelo es que sugiere que la brecha entre el ingreso captado por la encuesta y el que deberían reportar los hogares ocurre a todo lo largo de la distribución, de manera que existe incluso entre los hogares con menores ingresos, si bien es cierto que la tasa de sub-reporte (y por ende su valor absoluto) es mayor a medida que se consideran hogares con mayor ingreso, tal como se observa en la ilustración 3, en la que se muestra, para cada decil de hogares, el ingreso reportado por la ENIGH 2014 y el reportado por MPVR para ese año, así como la brecha correspondiente (todos en billones de pesos).

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Ilustración 3. Ingreso corriente total trimestral por decil. 2014 a precios corrientes.
Fuente: Cálculos propios con información del INEGI: ENIGH y SCNM; y del SAT.

En este sentido, cuando se corrigen simultáneamente el sub-reporte y el truncamiento de ingresos en la encuesta, el porcentaje de hogares por debajo de la Línea de Bienestar establecida por CONEVAL disminuiría hasta en un máximo (correspondiente a la ENIGH 2014) de 24.8 puntos porcentuales respecto de las cifras que se pueden calcular con el algoritmo de CONEVAL a partir de la ENIGH. Los valores correspondientes a la "Línea de bienestar mínimo" disminuirían hasta en un máximo (observado en 2012) de 12.1 puntos porcentuales.

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Ilustración 4. Porcentaje de hogares con ingresos por debajo de la línea de bienestar.
Fuente: Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Cálculos propios con información del INEGI: ENIGH y SCNM; y del SAT.

Decimos que disminuiría hasta en esos máximos porque la estimación de las líneas de bienestar de CONEVAL está construida a partir de criterios que toman en consideración el ingreso de los hogares,8 por lo que esta reestimación del ingreso de la parte baja de la distribución supondría un posible desplazamiento hacia arriba del valor de las líneas de bienestar, aunque desproporcionadamente más pequeño que el incremento del ingreso,9 por lo que podemos asegurar con un razonable grado de confianza que la incidencia de pobreza monetaria sería menor hasta en un máximo de los puntos señalados.

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Ilustración 5. Porcentaje de hogares con ingresos por debajo de la línea de bienestar mínimo.
Fuente: CONEVAL. Cálculos propios con información del INEGI: ENIGH y SCNM; y del SAT.

Conclusiones

Estos hallazgos tienen un gran potencial para una diversidad de propósitos que ciertamente incluyen el calibrar mejor nuestra estrategia nacional de recaudación fiscal y dirigir mejor la política social.  Antes que ello, sin embargo, estas cifras muestran la importancia de fortalecer la investigación que nos permita generar soluciones originales orientadas a minimizar en todo lo posible las limitaciones de las encuestas, incorporando las mejores prácticas internacionales y los desarrollos más pertinentes provenientes de la academia y los centros de investigación.   Al mismo tiempo, los resultados ofrecidos y las técnicas utilizadas muestran la ventaja que ofrece la combinación de distintas fuentes en el marco de un modelo articulador que permita lograr una visión más integral y más realista del fenómeno que se estudia.  Pensamos que el tema aún dista bastante de estar debidamente resuelto.  En este sentido, es claro que es importante seguir mejorando de manera ordenada, planeada y cuidadosa las encuestas destinadas a medir la distribución del ingreso, pero es igualmente claro que la tarea de medición no termina con las encuestas levantadas en los hogares.  Ahí apenas empieza.

 

Julio A. Santaella, Gerardo Leyva y Alfredo Bustos
Funcionarios del INEGI. Las ideas y opiniones expresadas por los autores en este artículo son a título personal y no una posición oficial de la institución para la cual laboran.

Bibliografía

Altimir, O. (1987). Income distribution statistics in Latin America and their reliability. Review of Income and Wealth, 33(2), 111-155.

Bustos, A. (2015). Estimation of the distribution of income from survey data, adjusting for compatibility with other sources. Statistical Journal of the IAOS, 31(4), 565–577.

Bustos, A., y Leyva, G. (2016). Hacia una estimación más realista de la distribución del ingreso en México. Este País. Recuperada el 21 de agosto de 2017, desde http://bit.ly/2wXx7g9

_______  (2017). Towards a More Realistic Estimate of the Income Distribution in Mexico. Latin American Policy, 8(1), 114-126.

Campos Vázquez, R. M., Chávez Jiménez, E. S., y Esquivel Hernández, G. (2014). Los Ingresos Altos, la Tributación Óptima y la Recaudación Posible. Primer lugar, Premio Nacional de Finanzas Públicas 2014. México: H. Congreso de la Unión.

Cortés, F., y Vargas, D. (2017). La evolución de la desigualdad en México: viejos y nuevos resultados. Revista de Economía Mexicana. Anuario UNAM, 2(2). Obtenido de http://bit.ly/2wC1Fle

Del Castillo, M. (2017). Income Inequality in Mexico, 2004–2014. Latin American Policy, 8(1), 93-113.

Fesseau, M., Wolff, F., y Mattonetti, M. L. (2013). A cross-country comparison of household income, consumption and wealth between micro sources and national accounts aggregates. Working paper No. 52. STD/DOC(2013)3: OECD/European Union 2013.

Jorda, V., y Niño-Zarazúa, M. (2016). Global Inequality: How Large Is The Effect Of Top Incomes? 2016/94. Helsinki: UNU-WIDER.

Leyva-Parra, G. (2004). El ajuste del ingreso de la ENIGH con la Contabilidad Nacional y la medición de la pobreza en México. Serie: Documentos de Investigación No. 19. México: SEDESOL.

Reyes, M., Teruel, G., y López, M. (2017). Measuring True Income Inequality in Mexico. Latin America Policy, 8(1), 127-148.


1 Con independencia de los obstáculos que seguramente pondrían para responder al cuestionario.

2 Una discusión más detallada sobre el alcance de las Cuentas Nacionales como referente para la conciliación con ENIGH se puede encontrar en Leyva (2004).

3 No se descarta que las encuestas pudieran también sufrir de algún tipo de truncamiento en la parte más baja de la distribución del ingreso, debido, por ejemplo, a que grupos de población extremadamente pobres puedan quedar fuera del marco de viviendas del que se selecciona la muestra, presumiblemente por no habitar en alguna vivienda, sino en la vía pública, en cuevas u otro tipo de refugios difíciles de ubicar o de carácter no permanente.  Sin embargo, no tenemos conocimiento de que una situación de esta naturaleza esté documentada para el caso de México.

4 La brecha registrada en México es la más alta entre los países miembros de la OCDE (Fesseau, Wolff y Mattonetti, 2013).

5 Una visión panorámica del debate en torno a la nueva generación de investigaciones que buscan conciliar la información de ingresos de los hogares provenientes de distintas fuentes, se puede encontrar en el Seminario Internacional: Distribución del Ingreso y Desigualdad organizado por el INEGI y la UNAM los días 16 y 17 de noviembre de 2016, cuyos videos y presentaciones están disponibles en: http://bit.ly/2vxKwrI.

6 Ver Bustos (2015) y Bustos y Leyva (2016 y 2017).

7 El SAT ha puesto estos registros a disposición del público en general a partir de agosto de 2017. 

8 Aunque lo que toman en cuenta es más la posición relativa de los hogares que constituyen el grupo de referencia para la medición de las canastas y no tanto su nivel absoluto de ingreso.

9 En particular si el crecimiento correspondiente del gasto es menos que proporcional que el del ingreso.

 

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Una discusión sobre la verdadera distribución del ingreso

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