El del comerciante de pieles Nicolaes Ruts, probablemente el primer retrato por encargo de Rembrandt, fue realizado en 1631, el año en que el artista se trasladó a Amsterdam y abrió una tienda con el marchante de arte Hendrik van Uylenburgh. Fue un debut asombroso, podría decirse que el mejor de los primeros retratos de Rembrandt y, como es de suponer, enseguida tuvo posibles modelos que acudieron a su puerta en la casa de Van Uylenburgh, en la St. Anthoniebreestraat.

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En el centro del retrato hay una espectacular manifestación de stofuitdrukking, la interpretación precisa de la textura. Nicolaes Ruts viste, literalmente, su especialidad: la marta. La impresión de esta maravillosa piel es más que convincente, tanto en la aterciopelada superficie del sombrero de Ruts como en los precisos pelos de su manga derecha, que se erizan como si estuvieran recién cepillados o acariciados. Es como si Rembrandt, a quien durante toda su vida le entusiasmó el placer sensual de los tejidos, recordara la experiencia táctil de sus dedos deslizándose por el envolvente abrigo de pieles incluso mientras aplicaba la pintura.

Como buen hijo de Leiden, la ciudad textil más importante de Holanda, Rembrandt sabía que ninguna tela, ni la seda persa, ni el algodón indio ni el damasco francés, era más valiosa que la marta cibelina, empleada por los zares moscovitas como regalo diplomático y una forma de soborno. Pero en la época en que Nicolaes Ruts posó para Rembrandt no tenía aún su almacén en los muelles de Arkángel, el gran centro comercial de pieles del Mar Blanco; lo más probable es que fuera un pequeño tratante, un socio de los sindicatos de peleteros que invertían su capital en un viaje concreto y después se repartían los beneficios en función de sus acciones. Por tanto, era doblemente importante que apareciera majestuoso al mando de su negocio. De ahí, por ejemplo, la elección poco común que hizo Rembrandt de la madera que sería el soporte para el cuadro: fantástica caoba en lugar del típico roble; y, pese a la magnificencia del abrigo que reposaba sobre los hombros de Ruts, Rembrandt logró evitar dar la impresión de vanidad o de opulencia frívola. Por el contrario, Ruts, con su cara intensamente iluminada, sus astutos ojos y ese bigote peinado con esmero, rezuma una ligera impaciencia, una inteligencia a flor de piel. Es la personificación del empresario como hombre de acción, y de toda confianza, como ejemplifica la nota o carta que sujeta bajo su pulgar izquierdo. Tiene una manos grandes y firmes, en las que uno bien podría depositar sin miedo su capital. No es de extrañar que J. P. Morgan comprara posteriormente el cuadro.

Fuente: Simon Schama, El desnudo de Rembrandt (trad. Almudena Blasco Vallés), Ediciones Península, Barcelona, 2006.