A Donald Trump le gusta recitar poemas. Lo hace con cierta frecuencia, aunque quizá no con demasiada armonía. El pasado 13 de Marzo de 2016 en un mitin en el aeropuerto de Bloomington, Illinois, con su imponente avión Boeing 757 de 100 mdd detrás de él, leyó a su audiencia la canción “La víbora” grabada por Al Wilson en 1969. Esta canción de Brown está basada en la famosa parábola “El labrador y la serpiente”, en ella se describe a un labrador quien encuentra una víbora moribunda a causa del frío; apiadado, la coloca en su pecho para hacerla entrar en calor sólo para que al recobrar el sentido la víbora mate a su bienhechor. “—¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado!”, termina la fábula de Esopo. En la concepción de mundo de Donald Trump y sus seguidores ese ser malvado es, huelga decirlo, Hillary Clinton.

En un mitin conjunto el pasado 27 de junio de 2016, Hillary Clinton y la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, hablaron acerca de la “frustración, el miedo, la ansiedad y, sí, la ira” que siente el pueblo norteamericano con respecto de la economía. En ese mismo acto Clinton llamó a Donald Trump “temperamentalmente no apto […] para ser presidente de los Estados Unidos [de Norteamérica]”.

Michael Gove, uno de los principales promotores del “Abandonar” en el referéndum del pasado 23 de junio en el Reino Unido insistió tantas veces como le fue posible en que “la mayoría de las personas en este país están sufriendo como resultado de la membresía a la Unión Europea”. Su más famosa declaración aseguraba: “estoy contento de que estas organizaciones [FMI, Banco Mundial, universidades, etcétera] no estén de mi lado […] Creo que la gente en este país ha tenido suficiente de expertos”. Por su parte, Nigel Farage, líder del Partido Independentista del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) desplegó toda clase de emociones en sus actos públicos, desde su alegre tarareo del tema musical de la película El gran escape, lágrimas al hablar de sus hijos y, desde luego, sonrisas tras el triunfo de “Abandonar” en el referéndum del pasado 23 de junio.

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Ilustración: Víctor Solís

En México el presidente Peña Nieto hizo una conocida declaración señalando que “no hay buen humor, el ánimo está caído, hay mal ambiente, un mal humor social”.

Antes de la votación del Brexit, la voz de los economistas estaba casi unificada al asegurar que el Reino Unido sufriría serias consecuencias fuera de la Unión Europea. Luego de conocerse los resultados del referéndum en el Reino Unido la prensa mundial ha insistido en que el impulso del triunfo del “Abandonar” se debió a un “voto emocional” y que su éxito reside en que “ganó la pasión sobre la razón”.

El resultado del referéndum para la salida del Reino Unido de la Unión Europea es la prueba, acaso más reciente —aunque ciertamente no la única—, de que cuando se trata de política las emociones triunfan sobre la razón. Pero, ¿qué significa exactamente el que un voto sea “emocional”? ¿Cuáles son los fundamentos psicológicos del comportamiento político? Y ¿cuál es el efecto del afecto en la política?

 

La psicología política es, en su nivel más general, la aplicación de todo lo que se conoce acerca de la psicología humana (atención, cognición, emoción, sensación, percepción, neurociencias, etcétera) para el estudio de la política. En ella podemos encontrar algunas respuestas acerca del referéndum en el Reino Unido; un resultado que, a pesar de haber estado en el margen de error durante varias semanas (e incluso habiendo sido predicho por un par de encuestas) pareció tomar a todos por sorpresa, incluidos aquellos que se dedican de manera profesional a apostar su dinero en los resultados de eventos sociales, así como a los propios mercados financieros mundiales.

Una forma de explicar tal resultado es refiriéndonos a los procesos cognitivos que utilizamos para llegar a una conclusión o, en este caso, a un voto. El de la Cognición Social Motivada es un modelo psicológico desarrollado para describir la relación que existe entre las creencias de las personas y los fundamentos psicológicos de sus motivaciones.

El modelo establece que las ideologías se adoptan porque satisfacen algunas necesidades psicológicas y que las actitudes políticas pueden estar alimentadas, al mismo tiempo, tanto por principios ideológicos como por motivaciones psicológicas. Es decir, nos sentimos atraídos hacia ciertas ideologías, candidatos y partidos políticos por razones emocionales e intuitivas que apenas se registran en nuestra percepción consciente. Y una vez que nuestras necesidades psicológicas nos han llevado a ser atraídos por estas ideologías políticas y/o líderes, utilizamos nuestra mente racional para construir argumentos convincentes que justifican los puntos de vista que poseemos.

Así, un votante buscará rodearse de información que valide sus posiciones ideológicas previamente adquiridas y será impermeable —e incluso hostil— a información que contradiga tales posiciones ideológicas (por ejemplo, la cifra, una y otra vez desmentida, de 350 millones de libras esterlinas que se transferían semanalmente a la Unión Europea y que podrían ser reutilizados para financiar el sistema de salud británico, NHS) ya que lo que en realidad se busca no es un contraste objetivo y balanceado entre dos posiciones ideológicas disímiles o una lista de pros y contras acerca de una filosofía política, sino la satisfacción de una necesidad psicológica de manera inmediata y perdurable.

En otras palabras, la efectividad de los mensajes políticos, en este caso del Brexit (por ejemplo, inmigración desbordada, acuerdos cupulares, burocracia en Bruselas, etcétera) no residen en su solidez factual o argumentativa, sino en la apelación emocional que generan tanto el mensaje como el candidato al responder a una necesidad psicológica —en ocasiones inconsciente— de estabilidad, orden y continuidad.

Varios estudios de procesamiento cognitivo han sugerido que el mero proceso de atención y adquisición de la información aumenta el impacto psicológico de la misma, incrementa la velocidad de ajuste a ese punto de referencia, y amplía la aversión al riesgo con respecto de noticias contradictorias (véase, por ejemplo, Karlsson, Loewenstein, & Seppi, 20091).

Es posible entonces que quienes en el Reino Unido propugnaban por el voto en un sentido o en otro estuviesen “psicológicamente ciegos” para advertir no tanto la validez intrínseca de los argumentos contrarios sino —más importante aún— el atractivo cognitivo y emocional que generaban en los votantes tales posturas ideológicas.

 

Aunque en ocasiones la narración de ciertos acontecimientos políticos y electorales menciona “la personalidad de los candidatos”, incorporar los rasgos de personalidad de los electores como una variable para explicar tales eventos no suele ser particularmente popular en las páginas editoriales de los medios de difusión; hay quien incluso considera “contraintuitivo” utilizar variables psicológicas para explicar fenómenos políticos.

Sin embargo, las personas somos, esencialmente, entes psicológicos que no interactúan con el medio ambiente —social, laboral, económico o político— en un vacío. Al contrario, la personalidad, es decir, las cualidades intrínsecas de los humanos, las diferencias entre individuos y sus patrones característicos de comportamiento, tiene un alcance muy amplio que impacta a todo lo largo de la cadena de interacción entre la persona y el mundo.

Durante los últimos años en psicología ha surgido un modelo que se ha convertido en el marco de referencia para medir los rasgos de personalidad más sobresalientes de los individuos, este modelo engloba cinco grandes rasgos característicos: a) Apertura a la Experiencia, b) Minuciosidad, c) Extraversión, d) Afabilidad, e) Estabilidad Emocional.

Estos cinco grandes factores de la personalidad han sido identificados en diversas lenguas y culturas alrededor del mundo con mínimas variaciones entre sí; asimismo, se han identificado correlaciones genéticas y hereditarias entre ellos.

Recientemente se realizó un estudio a nivel nacional para identificar la presencia de estos cinco grandes rasgos de personalidad en distintas regiones del Reino Unido, posteriormente se realizó una correlación entre los distritos donde se detectó mayor presencia de tales rasgos con el resultado del referéndum para abandonar o permanecer en la Unión Europea (Krueger, 2016;2 Rentfrow, Jokela, & Lamb, 20153); los resultados de estos estudios parecen confirmar una vez más la intensa correlación que existe entre los rasgos de personalidad y las actitudes políticas de los votantes.

¿De qué manera los rasgos de personalidad se relacionan con la decisión del “Brexit”?

La Apertura a la Experiencia describe la tendencia de las personas a ser curiosas, poco convencionales y creativas, estos rasgos de personalidad se han correlacionado con una alta tolerancia, así como con una elevada aceptación de posiciones políticas liberales. Por ello no es de extrañar que este rasgo de personalidad esté altamente presente en distritos que votaron por mantenerse en la Unión Europea.

La Afabilidad es un rasgo de personalidad que contrasta una orientación pro social y comunitaria hacia los demás con el antagonismo de otros rasgos; se ha detectado que las personas con altos rasgos de Afabilidad tienden a ser más cooperativos y modestos, confían y participan más en su comunidad y se involucran más con su entorno. No sorprende entonces que en las regiones del Reino Unido en donde están más presentes estos rasgos de personalidad también haya habido un rechazo más amplio a abandonar la Unión Europea.

En contraste, la Minuciosidad describe a las personas con altos rasgos de reserva, disciplina y cautela. De nuevo, no sorprende que las regiones que muestran una más alta presencia de Minuciosidad entre su población hayan votado mayoritariamente por salir de la Unión Europea. La investigación en psicología política ha mostrado una fuerte correlación entre los rasgos de minuciosidad o escrupulosidad y la preferencia por la aquiescencia, el orden, la estructura, predictibilidad y otros valores tradicionalmente asociados con posturas conservadoras.

Y aunque en este caso la Estabilidad Emocional y la Extraversión, es decir, la “condición de la persona que se distingue por su inclinación hacia el mundo exterior, por la facilidad para las relaciones sociales y por su carácter abierto” no mostró una correlación significativa con algún voto en particular en el caso del Brexit, ambos rasgos de personalidad han sido asociados con actitudes políticas. Por ejemplo, la Extraversión no siempre es un predictor significativo de participación política, pero cuando lo es, es consistentemente asociado con altas tazas de participación ya que los extravertidos están particularmente atraídos a formas de participación que involucren interacciones sociales.

 

En 1992 James Carville, el estratega de la campaña electoral de Bill Clinton vs. George Bush, acuñó la frase: “La economía, estúpido” para recordar el mensaje que se debía enfatizar dada la recesión económica que se vivía en Estados Unidos en ese momento.

La hipótesis de que el destino del presidente en funciones crece y mengua en función de la fluctuación de la economía nacional no era nueva, años atrás estudiosos del comportamiento político ya habían descrito la importancia del voto económico retrospectivo, sin embargo, el aforismo de Carville ayudó a solidificar tal noción.

Sin embargo, como lo mencioné anteriormente, la adhesión a una ideología y el voto subsecuente no ocurren en un vacío motivacional, ni es impulsado meramente por el desempeño económico de un país, sino que ambos ocurren en el contexto de una multiplicidad de motivaciones sociales y personales virtualmente ineludibles. Es decir, existen una serie de rasgos de personalidad y de necesidades psicológicas que satisfacemos cuando nos adherimos a una ideología y esas motivaciones profundas escapan —la mayor parte del tiempo— al control de nuestra mente consciente.

Así, la posibilidad que consideramos en este artículo es que existe un proceso psicológico de búsqueda mediante el cual las personas adoptan sistemas de creencias ideológicas (como el conservadurismo) que tienen más probabilidades de satisfacer sus necesidades y motivos psicológicos tales como las necesidades de orden, estructura y evitación de la incertidumbre o la amenaza.

De ahí el atractivo que generó en el Reino Unido la incierta “independencia” con respecto de la Unión Europea que promovía el Brexit, o que incita Donald Trump en Estados Unidos, o el “mal humor social” al que refieren las columnas y comentarios citados por el presidente Peña Nieto. Los recordatorios simbólicos de muerte hacen que los líderes políticos aparezcan como más carismáticos, resueltos y atractivos. Uno más de los factores que explica el éxito de Donald Trump.

Hacia adelante tanto el Reino Unido como Estados Unidos y México tendrán el enorme reto de procesar un creciente descontento social contra las autoridades establecidas, una sensación de desafección con respecto a las cuestiones públicas y crecientes promesas acerca de un mejoramiento instantáneo, una vuelta a un pasado idílico e inexistente.

Este artículo explora las relaciones entre los rasgos de personalidad y las preferencias políticas. Las autoridades y los candidatos podrán lograrlo al desarrollar un adecuado anclaje emocional con la población, es decir, un espacio de que otorgue seguridad y tranquilidad psicológica.

La importancia de la interacción entre los rasgos de personalidad y el comportamiento político no debe ser subestimada, se ha demostrado que las sociedades con altos niveles de confianza y cooperación son más propensas a ver descensos en la delincuencia, atestiguar mayores tasas de participación política, beneficiarse de una mayor fuerza activa de voluntarios, obtener mejores resultados de salud, lograr un mayor nivel educativo y un mejor crecimiento económico que las sociedades con bajos niveles de confianza.

Desafortunadamente, estas mismas investigaciones muestran que los individuos han perdido tanto la confianza como la fe en sus conciudadanos y en las instituciones sociales que los representan y, en consecuencia, han decidido evitar acciones de vital importancia para el desarrollo de una sociedad interdependiente optando por abandonar su participación ciudadana.

Sin embargo, también se ha demostrado que las estructuras de personalidad juegan un papel determinante en el desarrollo de las adherencias político-partidarias por lo que un modelo amplio que explique los mecanismos de tales adherencias y sus fluctuaciones se vuelve indispensable en un ambiente de incertidumbre política como el que actualmente vive México y que se desarrollará con mayor intensidad en el trayecto a la elección presidencial de 2018. El futuro puede ser mucho más brillante de lo que nos muestran quienes se benefician con la apelación a nuestros temores psicológicos.

 

Carlos A. Rivera
Doctor en psicología política por la Universidad de Essex (Reino Unido) y consultor privado.

Twitter: @PoliticaPsi.


1 Karlsson, N., Loewenstein, G., & Seppi, D. (2009), “The ostrich effect: Selective attention to information”, Journal of Risk and Uncertainty, 38(2), 95-115. doi:10.1007/s11166-009-9060-6

2 Krueger, J. I. (2016), The Personality of Brexit Voters. Openness predicts best. Consultado en http://j.mp/29hQvei

3 Rentfrow, P. J., Jokela, M., & Lamb, M. E. (2015), “Regional Personality Differences in Great Britain”, PåloS one, 10(3), e0122245. doi:10.1371/ journal.pone.0122245